sábado, 24 de diciembre de 2016

Natividad Interior


A quienes ven con el Ojo de Conciencia iluminada...aunque sólo sea de vez en cuando:

...sois Hijos de la Luz e hijos del Día; no somos de la noche ni de las tinieblas (1 Tesalonicenses 5:5)

Quizá ya nacidos, o tal vez sólo en embrión... 

Y en caso de caer presa de ojos carnales y falsas luces, aquí va un acertijo del incomparable príncipe Sidarta:

La Mente carece de mente pues la Naturaleza de la Mente es clara Luz resplandeciente (Sutra de la Sabiduría, Sakiamuni Buda).

La verdadera Luz no es creada sino emanada o engendrada desde una incognoscible Fuente; no está viciada por la experiencia subjetiva; pero siempre "unge/cristifica" y pacifica a quienes logran transcender el abismo de emociones animales, ideas y etiquetas sobre lo divino y lo humano. 

Se la conoce por nombres diversos: Luz de Cristo, Hijo de Dios, Allaha, Mente de Buda, Naturaleza de la Mente, Mente de Krishna...

Con todo, una vez nace dentro de nosotros, sus "nombres" no importan, pues la Luz de la Verdad es Una, desnuda, "sin chaqueta ni etiquetas".

No se cree ni se experimenta, se atisba como destello silente de Conciencia, Cielo en la Tierra. 

En el Reino de los Cielos, la corriente de percepción o consciencia mental-sensorial no es sino un contenido subjetivo y temporal relativo a un ego personal, carnal y mortal. 

En cambio, la Luz de la Conciencia es pura, inmortal y sólo conocida y reconocida por sí misma:

He conocido a mi Señor por mi Señor sin confusión ni duda. Mi Naturaleza es realmente la Suya, sin falta ni defecto (Ibn Arabi, Tratado de la Unidad)

entonces conoceré como soy conocido (Corintios 13:12)

La mirada por la que le contemplo es la mirada por la cual El me contempla (Meister Eckhart)

Vivirlo es precisamente lo que significa nacer del Padre de las Luces y ser reconocido Hijo de Dios. 

Sólo podrá decirse y llegar a ser el Hijo de Dios aquel que adquiera Conciencia (G.I.Gurdjieff, Del Todo y todas las cosas, Primera Serie).

Esto es, si cabe, la verdadera Natividad interior, en la que nuestro verdadero Alma de Luz, imagen del Creador, se convierte en la Madre de Dios:

...como María, como Fátima, el alma mística viene a ser la "madre de su Padre", omm abî-hâ. Y esto es lo que quiere decir también este verso de Ibn Arabi: "No he creado en ti la percepción mas que para que llegue a ser el objeto de mi percepción (El Hombre de Luz en el Sufismo Iranio, Henry Corbin). 



En otras palabras, la gran paradoja de la vida humana es ser la ventana por medio de la cual el Creador se reconoce a sí mismo en su Creación, tornándose Hijo de Sí mismo en este mundo de oscuridad. 

Así se cumplen las geniales palabras del Maestro Yahshua:

Yo y el Padre somos uno (Juan 10:30)

Yo soy la Luz del Mundo (Juan 8:12)

Vosotros sois la Luz del Mundo (Mateo 5:14)


¿Quiere decir que somos el auto-conocimiento del Padre? 

Obviamente, pero sólo cuando soltamos lastre mental y vivimos "despiertos", desde el Alma Divina, la imagen del Creador. 

En realidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo no son sino diferentes momentos de manifestación y reconocimiento de la emanada Luz Divina, como también se muestra las Escrituras y el Árbol de la Vida.

Ahora, no olvidemos las sabias palabras del anónimo monje cartujo en su obra La Nube del No Saber:

El [Señor] es tu ser, pero tú no eres el suyo.  

Nuestro espíritu-voluntad y alma divinos siempre estuvieron a salvo. No así nuestro ego-personal.  Aún así se nos da la oportunidad de que el alma impregne lo personal, divinizando hasta los más íntimos detalles de vida.

...para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros (Juan 17:21)

En este sentido, del mismo modo que se habla de un Yahshua ha Mashiaj que vivió y caminó como Hijo del Hombre e Hijo de Dios, siendo encarnación de la Cabeza del Adam resurrecto–la Humanidad recompuesta–, en estos tiempos de despertar también cabe hablar de una Laura-Cristo, Fernan-Cristo, Sonia-Cristo, Anton-Cristo...

Cristo es la cabeza de todo hombre es Cristo (1 Corintios 11:3 LBA)

El es también la cabeza del cuerpo que es la congregación [de hijos de la luz]; y el es el principio, el primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18)

Por tanto sólo hace falta que se manifiesten de una santa vez como Cuerpo de Adam-Cristo, Hijos de un Padre Común, dejando atrás los ídolos de la mente que conciben al Divino como separado.

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre sino a través de mí (Juan 14:6).

Esto es, o morimos en ego y renacemos en alma de vida asumiendo nuestra Budeidad en Cristo o nos empaquetan como a fiambres. La resurrección es Vida ahora.

Nada hay más alto que reconocer la Luz del Padre en nosotros. Qué más se puede pedir. En ella nada nos falta. Pero siendo aún bebés de luz necesitamos nutrirnos, crecer y salir del vientre materno, rompiendo el velo de la sólida existencia  material.

Sería demasiado decir que hemos nacido. A lo sumo hemos sido fecundados por la Luz emanada, pero la semilla de la Mente aún ha de crecer.

Eso implica comprender que Incluso la Luz del Creador no es sino un destello de la Luz no manifestada ilimitada o Ayn Sof Aur, también conocida como Luz Oscura, de la cual sólo se puede decir que es Todo lo que no podemos pensar y Nada de lo que pensamos. Ni Padre, ni Madre, ni Hijo sino todo a la vez.

Por tanto, nuestra máxima aspiración es nacer de nuevo en vida, y crecer hasta poder morar en la Luz increada pero engendrada, lo que el genio Walter Russel llamó Luz magnética, la cual atrae y reconcilia todo hacia sí, a diferencia de la Luz eléctrica que conforma nuestro universo físico y que sólo genera el "abismo de deseo y fragmentación incesante" conocido como la Serpiente. 

Aquí residen las dos caras del Árbol de la Vida, cuyo Otro Lado o Sitrei Ahrá es el Árbol Vid del Conocimiento del Bien y del Mal, es decir, el Árbol de Navidad y sus lucecitas de ilusión. 



                                          


    Árbol de la Vida                     Árbol del Conocimiento

Como no podía ser menos, la Oscuridad se hizo una copia del Árbol de la Vida, con una naturaleza de opuestos que imita un punto neutro pero que carece de la columna central de la Armonía y Reconciliación.

La vida y religión ordinarias, el chamanismo, el yoga y otras tradiciones, trabajan con la luz eléctrica kundalini, cuyos dos polos nunca alcanzan la paz, armonía y estabilidad perpetua en su equilibrio neutro; son los juegos de Elohim, Dios Naturaleza, Luz y Oscuridad, Bien y Mal, manifiestos por toda la Creación visible.

Y ciertamente, a modo de experiencia, puede ser un sendero de auto-realización, pues para reconocer la Luz de la Verdad hay que haber estado hundido en la luz-oscuridad, aunque sólo sea para sentir que debe haber algo mejor que oler a muerto.

Ahora, con tanto dogma, técnicas de poder espiritual y vórtice luminoso se corre el riesgo de no reconocer la Gracia de la Luz "apolar" superior, que es en última instancia lo que ilumina y nos libera del ciclo de reencarnaciones.

La luz polar queda siempre atrapada y no puede más que convertirse en Lucifer, como sucedió con los héroes de épocas remotas, de quienes pocos se acuerdan, a pesar de que nos legaron sus colosales construcciones, incomparables con las chapuzillas arquitectónicas de la era presente. 

Por contra, la Conciencia de la verdadera Humanidad viviente unifica porque precede a los opuestos y su Ojo Unitario no ve oscuridad allí donde sólo hay Reino de Luz adual

Las bombillas de Papá Noel y Mamá tampoco nada tienen que hacer frente a la Luz del Padre Celeste, que se expande por la Creación como Espíritu Santo Madre hasta nacer dentro del Humano en forma de Cristo-Buda, según se mire.

Por ello, dejarnos llevar por las "falsas luces" de la existencia nos condena al alocado vórtice de la experiencia, lo cual implica firmar la Cláusula de Satán, i.e Santa Clause–como ven nada es casual. 

Y si no somos Hijos del Uno, entonces somos "legión",  hijos de los elfos, elves o selves de Papá Noel y Mamá también, que susurran en los oídos desprevenidos. 

Y como todos saben, Santa viene del Polo Norte, asociado desde antiguo al Eje Caído de la Tierra, que por falta de alineamiento con el Verdadero Polo Espiritual, convirtió este mundo en un totum revolutum:

Desde el Norte irrumpirá el mal sobre todos los habitantes de la tierra (Jeremías 1:14)


Aquellos que estudian el alma de la Torah o Kabbalah quizá recuerden que el Norte se asocia a las alocadas emociones; el Sur al cuerpo pasional; el Oeste al pensamiento de ocultamiento y el Este al Espíritu iluminado.

¿Qué dirección tomamos pues?

La realidad nos habla en arquetipos. He ahí la razón por la que en estas fechas navideñas muchos cantan el Ho, ho, ho, yendo de Norte a Sur, gastando y gastando, reventándose con comida grasienta, tóxico marisco, alcohol, carcajadas vacías y ese azúcar refinado que llena el cuerpo de agitación San Vito, alimentando un ego satánico que se pavonea en su morada norteña, donde el corazón helado todo lo congela.



Pero ahora que conocéis a Dios, o más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales deseáis volver estar esclavizados de nuevo? (Gálatas 4:9, BLA)

Aún así, como dijo un sabio: todos van a su rollo, menos yo que voy al mío. 

Ya que nos hicimos bebés de luz en un vientre madre sin haber nacido aún, reconozcamos al menos el verdadero Árbol de Vida y sus 12 frutos, dones divinos en nuestros templo interior. 

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Addendum:

Y de paso, reconozcamos también que el 25 de Diciembre, o Solsticio de Invierno, es una fecha astrológica simbólica que marca el Nacimiento y estancamiento de la Luz en las tinieblas. Dicha fecha es reconocida desde tiempos inmemoriales en tradiciones de origen oriental. El mismo Sol Invictus del Mitraísmo nace en esa fecha y sirvió como modelo para la celebración de la Iglesia de Roma. 

Por su parte, los judíos celebraban Hanuka, conmemorando la victoria macabea sobre la invasión pagana de Antíoco Epifanes, también un 25 de Kislev.

Entre todo esto, el Nacimiento simbólico y posiblemente histórico del Mesías Nazareno-Cristiano acontece en Septiembre, durante la Fiesta de Sukkot, como ya quedó ampliamente demostrado en un pasado artículo:

http://cantoderealidad.blogspot.com.es/2016/10/tabernaculos-y-nacimiento-del-mesias.html


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