sábado, 1 de febrero de 2014

UNO


El siguiente extracto está tomado de una maravillosa joya de la literatura espiritual, Daughter of Fire, el diario de Irina Tweedie (1907-1999), una mujer sufí que pasó algunos años en la India con una de esos santos maestros difíciles de encontrar. El diario fue en realidad la primera tarea que éste le encomendó, a modo de registro de las cosas maravillosas que algún día también inspirarían a muchos otros a buscar dentro de sí. Y tenía razón, pues la obra se ha convertido en  lectura casi obligada, especialmente para aquellos que ya experimentan "espinas en el camino".
"No hay nada más que UN SER experimentando a través de todo lo creado. Su Luz está en todo. ¿Por qué habrían los animales de convertirse en hombres? ¿Tiene este árbol un Atman? Seguramente no. En cambio el hombre tiene un Atman. El hombre es el rey de la creación. Aunque su luz no sólo está en los hombres, sino en cada átomo de Su universo".
Nos fuimos a dar un paseo por la tarde, pero esta vez no en el parque, sino mucho más allá, a las reservas de agua. Era una hermosa tarde... una puesta de sol de fuego carmesí y el  más luminoso oro. Le dije cómo me gustaba el profundo cielo de color rojo oscuro, las dramáticas puestas de sol de la India, la grácil silueta del templo, las palmeras contra el cielo brillante.
"¿Cuántas cosas ama usted?", preguntó él. Nos sentamos un rato en un banco cerca de la orilla del embalse, los colores del rojo cielo reflejados en el agua.
"Oh, tantas", le contesté. "El canto de los pájaros al amanecer, las flores, las montañas y el cielo, la India, Inglaterra, los bosques con los rojizos colores del otoño, y la gente y ...!"
"Su corazón es como un hotel", interrumpió él oscuramente. "Uno sólo puede amar a Uno. Usted no puede amar a dos señores; o  ama al mundo, o ama a su creador".
"Oh, Bhai Sahib", suspiré. No sabía qué decir a eso.
Muchas son las veces en que hemos oído observaciones como esta. Sin embargo, una cosa es escuchar o leer y otra darse cuenta de lo cierto que es. 

Siempre hay una sensación de gran alivio, una pequeña liberación, cuando el atisbo de la unidad tiene lugar. Sin embargo, cuanto más nos negamos a sentir la Amada Esencia, más incrementamos el sufrimiento ciegamente, engañados por nuestro propio egoísmo, que quizá tenga algo que ver con la Unidad, pues no deja de ser nuestro apasionado celo por ella, como dirían los sufíes

Y es que, a fin de cuentas, no importa donde miremos o cómo nos sintamos, no hay más que Uno, incluso en el brillo de  nuestros pequeños sufrimientos.