viernes, 3 de marzo de 2017

Iluminando Sombras



No es demasiado reconocido el hecho de que a todo ego-personalidad le gusta distanciarse de las propias sombras, de aquello que no le gusta de sí mismo

A Peter Pan le pasaba igual, y por eso pasaba la mayor parte de su vida en un mundo de fantasía, donde sólo jugaba con mocosos que no querían crecer ni bajarse de las nubes.



Ser partícipes del Síndrome de Peter Pan es estar poseídos por Pan, dios de los instintos naturalmente egoístas que sólo hinchan al ego, a expensas de debilitar el hilo de Conciencia que viene del verdadero Alma espiritual o Cristo/Mashiaj individual, la cual debe nacer plenamente en nuestras vidas, pues permanecer como "embriones espirituales" no es suficiente, y menos morir sin ser Hijos vivientes:

quien no naciere del Agua [de Vida] y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios (Juan 3:5)

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la Mañana salga en vuestros corazones (2 Pedro 1:19)



El Alma crística es el punto de conexión con el Creador Infinito y necesita "descubrirse" plenamente en este mundo de sombras. ¿Qué mejor lugar para tal hazaña?

Por ello rechazar la sombra es fundamentalmente un alejamiento del Alma espiritual para aquellos que la tienen, aunque sea en "embrión", y ese alejamiento constituye de hecho el origen de las ansiedades e inseguridades.

Curiosamente, para no ser desenmascarado ni servir al Alma espiritual, el ego-personal se inventa todo tipo de camuflages o máscaras que refuerzan esa "falsa personalidad".

Y nadie escapa a su influencia oscura, ni siquiera los supuestamente "instruidos" por la ciencia, la religión y la espiritualidad en general.

Uno de los grandes pasatiempos es lo que podríamos llamar "pretensión de santidad y perfección". Al ego-personalidad le atrae todo lo que le infla, incluso la idea de seguir reglas para iluminarse o alcanzar un Reino Celestial, o hacer un "mundo mejor". Con su corta mollera piensa: "si adoro a la deidad X postrándome ante ella y siguiendo sus mandatos, me ganaré su favor y sus promesas"; "si pertenezco a tal o cual organización espiritual, me salvaré", "si sólo me rijo por las leyes de la ciencia, seré objetivo y hallaré la verdad", etc, etc.


Lo que más le gusta al Ego es el juego del Yo, ¿se acuerdan?



Para el Ego no domesticado sólo puede existir Yo, y después yo, yo, yo, yo...yo quiero esto, yo no quiero aquello; yo te amo; yo te odio; yo no tengo la culpa, la tienes tú; yo rezo y medito; yo me ilumino; yo soy miserable; yo soy un pecador...

Y todo lo que el Ego escupe al mundo le viene de vuelta. Como decía el sabio Carl Jung:

todo contenido inconsciente que no es hecho consciente, se proyecta fuera fatalmente...lo que resistes, persiste...aquello que temes, aparece.

El Ego-personalidad y sus experiencias son lo que son, una mera sombra, pero también un instrumento que el Alma crística utiliza para que su Luz pueda ser revelada. Sin la oscuridad, la Luz permanecería siempre oculta.

Bien es cierto que el Ego puede llegar a ser totalmente iluminado, sometido e integrado por la Individualidad Sagrada del Alma crística, como en el caso de Jesucristo, Enokh, Moisés, Krishna, Sidarta el Buda y otros integrantes del Cuerpo del Cristo/Mashiaj Universal.

Con todo, no venimos sólo a crear perfección personal, pues cada Alma espiritual es ya un átomo perfecto de la Mente Universal, conocida como el Hijo Único

Consciente de esto, el Maestro dijo:

¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Uno, Di-s (Marcos 10:18).

Yahshua ha Mashiaj tenía probablemente el Ego-Personalidad más grande que jamás haya existido, hasta el punto que ese Ego-Diablo le llevó a una montaña muy alta y le ofreció ejercer poder sobre todas las naciones, a cambio de su sometimiento (Mateo 4:8). Sin embargo, el Nazareno había encarnado al Cristo/Mashiaj plenamente y tenía su Ego bajo el comando de dicho Alma espiritual, que está llena del Espíritu Santo del Creador y por tanto no tiene pretensiones egoicas.

El Espíritu Santo es la reconfortante Inteligencia Compasiva que no hace distinciones de tú y yo, ni juzga lo bueno y lo malo, pues es como el Sol, que brilla hasta sobre la basura, disolviéndola–lo cual puede ser percibido como un juicio.

Sin embargo, siendo también Conciencia, el Espíritu Santo siente dolor u horror cada vez que percibe algo oscuro, y puede llegar a retirarse de nuestra presencia si la falta es demasiado fuerte.

No contristéis al Santo Espíritu de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30)

Dicho Espíritu Santo permea nuestro Alma espiritual, y es lo que nos hace realmente Hijos del Creador; aunque por el momento sólo somos "niños adoptados" y no Hijos de Dios por derecho propio, ya que el Alma no ha nacido plenamente (Romanos 8: 14-23)

Aunque el Ego no lo comprenda, cada Alma espiritual es un neurona en el Cuerpo del Hijo Universal, el Cristo/Mashiaj, cuya primera y más completa encarnación fue el renombrado Maestro Nazareno

Ahora, sólo cuando el Alma florezca completamente en cada una de nuestras vidas, podrá cada cual ver cómo es completada la tarea del Cristo/Mashiaj. 

Aunque para esto el Alma se ve obligada a conectarse a varias vidas, pues nuestros egos son muy cazurros y se resisten hasta decir basta. Estamos demasiado inmersos en la embriaguez de nuestras sombras, y rara vez dejamos que el Alma espiritual tome las riendas. 

Y en parte se debe a las falsas creencias y doctrinas sobre el pecado original, que generan sentimientos de miedo, culpa y victimismo enfermizos. 

Lo curioso es que los términos que se traducen como "pecado" (jet en hebreo y hamartia en griego) no tienen connotacones "condenatorias", sino que significan "oponerse a la Ley de la Vida" y "fallar el blanco", como quien tira el dardo fuera de la diana y le da en el culo a alguien. Y la consecuencia es un trasero dolorido, que es precisamente nuestro Ego.

En realidad, la Humanidad está aprendiendo cómo no seguir el camino del sufrimiento innecesario, el sendero del idiota que se resiste a las Leyes de la Vida plena el cual acabamos eligiendo la mayoría, como si sólo aprendiéramos a golpes, cual burros.

Pero como ya se dijo:

...donde abundaron los fallos sobreabundó la Gracia (Romanos 5:20) 

Te basta mi Gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9)
 
Las sombras están para ser abrazadas y transformadas con el Amor que el Creador insufla en nuestro Alma espiritual.

Por tanto es preciso ver que cada una de las sombras o defectos de nuestro Ego-Personalidad esconde una virtud divina: allí donde hay un cobarde, hay una capacidad latente de soportar cualquier embiste; allí donde hay un vanidoso altanero, existe la posibilidad de vaciarse humildemente como el Creador en su ocultamiento; allí donde alguien nos insulta o critica, hay un espacio para escuchar y sentir el fuego emocional sin reaccionar, con aceptación y auto-aceptación, ya que lo que hacemos a otros nos viene de vuelta. 

No podemos amar ni tolerar a otros si antes no nos amamos desde el Alma espiritual, la cual está llena de la Gracia y Perfección donada por Nuestro Padre Común.

A través de ella, el Creador sufre, soporta y transforma nuestras miserias. Y es tan humilde que ni siquiera se pone nombre, pues se lo da al Hijo, del cual son parte nuestras Almas.

Así pues,  ¿somos o no somos niños adoptados del Creador Universal? Si lo somos, no tiene sentido seguir quejándonos como niños sobre otros –Donald Trump incluido–, ni seguir culpando al diablo, ni esperar a divinos salvadores o superhéroes científicos

Asumir la responsabilidad por la propia vida implica comprender nuestra posición en el cosmos y las sombras para utilizarlas conscientemente, dejando  que se conviertan en buen fertilizante de los Jardines Celestiales. Seamos causa y no mero efecto de nuestra vida.