jueves, 2 de febrero de 2017

Sí a la Vida



Famosa es la frase del Maestro:


Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mateo 16:24)

Sin embargo, el texto griego dice más bien:

Si alguno quiere formar parte de mí, que rehuse identificarse con su viejo ego-personalidad, póngalo en una cruz, y sígame, que Yo la llevo.

Cuando uno observa el mundo interior desde el espacio humilde de la aceptación amorosa y compasiva, hay algo que rechina con la expresión "negar", pues genera "tensión psicológica". No podemos negar que la vieja naturaleza es como un maldito lagarto que siempre busca la zona de comfort, negando todo lo que no le gusta.

Y dado que el papel de negar le corresponde al Satán, la Enseñanza se centra en "afirmar", para ser "reconciliados" en el Señor, nuestro verdadero Ser:

Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que os hemos predicado yo, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No, antes ha sido Sí en Él. Cuantas promesas hay de Dios son en Él Sí (2 Corintios 1:19 Nácar Colunga)

El mismo nombre del Ser Eterno, YAH, se corresponde con la afirmación inglesa y alemana: Yah, Ja, un gran YES o SÍ a la VIDA.

Por tanto, no se nos pide negar nada que esté ahí: dolor, miedo, ansiedad, hambre, odio...

Estos son inherentes a la existencia, y pueden incluso ayudarnos a liberarnos.

Simplemente hay que reconocerlos como lo que son: "las reacciones mecánicas del viejo zombi animal".

Y se llevan a la espalda como una "cruz", la "cruz del ego" que nos ayuda a resucitar, a conocer nuestras debilidades, y por tanto nuestras fortalezas espirituales, que son el regalo de Gracia:

Que te baste mi Gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:8)

Y es que este reconocimiento se hace desde la nueva naturaleza, que es el Espíritu de Cristo/Mesías interior, lleno discernimiento, capacidad de soportar el dolor, compasión, amor por los demás, confianza plena en el Padre Común...

deponed todas estas cosas: ira, indignación, maldad, maledicencia y torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo con todas sus obras y vestíos del nuevo [hombre], que sin cesar renueva para lograr el perfecto conocimiento según la imagen de su Creador (Colosenses 3:10)

En cuanto a la frase inicial, por si a alguien le interesa, el texto griego emplea el verbo "aparneomai", que puede traducirse como "negar", "rehusar", pero que según el Nuevo Lexicón Americano de Griego Neotestamentario (NAS), tiene dos acepciones:

a) Afirmar que uno no tiene conexión o relación con algo/alguien

b) Olvidarse de los intereses propios (egoísmo)

Por tanto la sentencia de Jesucristo invita al "desapego" empleando la "espada del discernimiento", la cual que separa la "vieja naturaleza de la Serpiente" de la "naturaleza divina" de nuestro Yo Real.

La tarea entonces es dejar que el "ego" vaya muriendo:

consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 6:11 RV)

Como dicen los sufíes: 

Muere antes de morir para así nunca morir


Sin la muerte del ego, no hay resurrección en Vida.

De ahí el símbolo de la Crucifixión y la serpiente sobre la vara de bronce de Moisés (Números)

Monte Nebo. Obra de Giovanni Fantoni