sábado, 19 de octubre de 2013

¿Qué es la meditación no condicionada? – Parte II

Buda alejándose de los ascetas



Continuando con la "meditación", veamos ahora algunas implicaciones importantes del término, ya que la palabra ha sido secuestrada y es utilizada indistintamente para hablar de una variedad de técnicas mentales, algunas de las cuales pueden incluso obstaculizar la "visión profunda".
El término "meditación" deriva originariamente de meditatio, concepto latino para “reflexión"; el verbo meditare significa precisamente “reflexionar" [1]. Sin embargo, la raíz de la palabra, med, “medir”, puede ayudarnos a recuperar un sentido aún mayor de la meditación, como veremos.
La idea de meditación como proceso "discursivo" cruzó la Edad Media alcanzando los siglos XVII y XVIII. El famoso libro Meditaciones de Descartes inauguró incluso un paradigmas intelectual: la Era de la Razón.
Más tarde, con la proliferación de los estudios orientales, en el siglo XIX, los eruditos emplearon el término para traducir el vocablo sánscrito dhyana [2], séptima etapa del óctuple sendero del Yoga [3]. El problema es que dhyana no puede ser un mero proceso conceptual-discursivo, ya que transciende ese nivel. 
Por otra parte, en la tradición de Yoga, dhyana es precedida por pratyahara, la retirada o absorción de los sentidos, simbolizada por una tortuga que se esconde dentro de su caparazón.
 ¿No se halla en contradicción dicha privación sensorial con las pistas del post anterior?
Por supuesto, buscamos un sentido radicalmente diferente de meditación que nos ayude a vernos a nosotros mismos y descubrir nuestra naturaleza verdadera, rasgando los velos de la realidad, empleando los seis sentidos refinados,  distinguiendo lo que es "falso" o "aparente" de lo  absolutamente real e indestructible; un movimiento inteligente que halla e identifica las "máscaras" que convierten a los humanos en zombis y tiranos. Una vez que ese movimiento tiene lugar, uno está realmente en condiciones de hacer la vida real, de Ser.
Esto no significa que la meditación reflexiva o  concentrativa sean inútiles. Pueden ser útiles. Pero no son incondicionadas, porque dependen de ciertas circunstancias externas y de funciones psicológicas que son limitadas.

Los Padres del Desierto (verdaderos herederos de las enseñanzas de Jesús y los Esenios) fueron bien conscientes de ello. Se hicieron expertos en técnicas meditativas como la oración del Señor o el examen de los "obstáculos psicológicos"; sin embargo, sus textos (i.e Philokalia) inciden en la importancia de abrirnos a esa "presencia divina silente" que limpia nuestro corazón, disolviendo todo conflicto. Eso es precisamente lo que significa "meditación no condicionada".
Otra profunda investigación que merece la pena recordar es la presentada en el Canon Pali, colección de textos que recogen interpretaciones de las enseñanzas de Buda. Estos textos ofrecen formas de estudiar las trampas mentales que mantienen a los seres humanos prisioneros de sí mismos. El estudio incluye métodos como la reflexión sobre los cinco componentes del ego mortal ( skhandas); la observación de las sensaciones corporales, la respiración y la mente, así como el claro reconocimiento de cada sensación, emoción, pensamiento e impulso, y su lugar en el todo. Para los principiantes, dicho reconocimiento incluso puede ser apoyado conceptualmente con la denominada "anotación mental”, i.e, "ansiedad", "ensoñación”, "agitación", "irritación" etc, manteniendo siempre una actitud inquisitiva. Una práctica que puede ser realmente extenuante, ya que exige mucha diligencia y atención, razón por la que tiene que ser dosificada.
El propio Canon Pali nos da una imagen sobre la atención al cuerpo [4]:
Al estar de pie, el monje es consciente de que está de pie. Al estar sentado, es consciente de que está sentado. Cuando se acuesta, es consciente de que se está acostando. O como quiera que su cuerpo esté dispuesto, así él lo percibe. Y permaneciendo atento, vibrante y resoluto, cualquier recuerdo o determinación concerniente a los asuntos domésticos se abandona, y con ese abandono, su mente se recoge y establece hacia dentro, crece unificada y centrada. Así es como un monje desarrolla la atención inmersa en el cuerpo.
Además, al ir y venir, se torna completamente alerta; al mirar de un lado para otro...al doblar y extender sus extremidades...al llevar su manto, túnica y cuenco...al comer, beber, masticar y saborear...al orinar y defecar...al caminar, detenerse, sentarse, dormir, despertar, hablar y permanecer en silencio, se torna totalmente alerta. Y permaneciendo atento, vibrante y resoluto...
Y una vez más, los grandes maestros del Budismo, señalan que lo que realmente importa en la auto- investigación no son tanto los métodos de atención, cuanto el acceso a la "visión penetrante", vipassana
Por desgracia muchos todavía la confunden con la atención al cuerpo, a la mente y la respiración. 

Bien es cierto que la atención al cuerpo es más productiva que recitar mantras como loros o fijar bizcos la atención en una vela, pero cualquiera puede entender que la concentración y la atención se vuelven "auto-hipnosis" si la Inteligencia no está presente. Por eso la doctrina Dzogchen del Budismo tibetano especifica que la meditación, gom, es realmente familiarizarse con la verdadera Naturaleza de la Mente, y no sólo con la pequeña mente-ego.

La meditación viviente está verdaderamente integrada en nuestra vida diaria y no busca iluminarse, no busca experiencias superiores ni otros mundos, sino que nos ayuda a vernos como realmente somos, no como pensamos que somos o como una tradición dice que somos.  Esto puede ser doloroso, pero también es increíblemente liberador, pues entonces ya no tenemos que ocultar nada, ni sufrir por nuestros autoengaños. Y lo Infinito inunda nuestro corazón sin aviso.
De ahí que maestros radicalmente críticos como J.Krishnamurti consideraran engañosas muchas técnicas concentrativas de meditación. Siddharta Gautama hizo exactamente lo mismo al desviarse del brahmanismo.
La llamada meditación "sentada" es, si cabe, una preparación para potenciar la atención y prolongar el contacto consciente con energías purificadora, ambas muy necesarias. Pero para ser realmente libres de ilusiones y miedos, ¿no debe ser nuestra visión libre desde el principio, más que tras una sentada silenciosa? ¿Qué persona se sienta? ¿Cuál se levanta? ¿Hay coherencia en nosotros o somos Legión?
Dicho esto, cabe ahora reflexionar sobre algo curioso que tiene que ver con la raíz de la palabra meditación, med, “medir”. ¿Hay medición en el acto de la visión penetrante? ¿Qué ocurre en un proceso de medición? ¿No se establece un contraste entre un gran marco de referencia y elementos más pequeños? ¿Cómo nos medimos a nosotros mismos, en sentido profundo? 

Extraña cuestión ¿no es así? Sin embargo, podemos encontrar algo muy significativo. Y he ahí el enlace con el siguiente post, en el que oiremos hablar de un arte olvidado conocido por los maestros de la Antigua Grecia, una visión que se mantiene firme en sí misma, resultando ser la senda sin senda hacia nosotros mismos.
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Imagen tomada de www.commons.wikimedia.com

[1] http://www.etymonline.com/index.php?term=meditation
[2] dhyana deriva de dhyai, "a reflexionar, pensar en "
[3] Los tres últimos miembros del Yoga son dharana, consistente en la observación y concentración en un objeto, i.e, la respiración o la sensación del cuerpo; dhyana, una vigilancia alerta e indagadora que desemboca en el samadhi, la reunificación de la conciencia con su objeto. Estos tres momentos, junto con pratyahara (absorción de los sentidos), integran el llamado Samyama, que completa las otras dos herramientas del Yoga, Yama (las prohibiciones) y Niyama (comportamientos positivos).
Para un vídeo interesante y original de Pierre Grimes sobre el tema, ver: https://www.youtube.com/watch?v=ARftLEL0Aag
[4] Majjhima Nikaya 119, Kayagata-sati Sutta, Atención Inmersa en el Cuerpo

martes, 1 de octubre de 2013

¿Qué es la meditación no condicionada? – Parte I


Foto F.D.J ©
Abrimos hoy una serie de tres entradas sobre un tema que constituye, sin lugar a dudas, el aspecto más importante de la verdadera vida humana. Por falta de un término mejor, vamos a llamarlo "meditación no condicionada", aunque esta vez esperamos poder resolver cualquiera de las "contradicciones" asociadas con la palabra "meditación". Y para empezar, podemos escuchar lo que dos buenos maestros dijeron sobre el asunto:
"La meditación no es una búsqueda, ni un sondeo, ni una exploración. Es una explosión y un descubrimiento. No es la doma del cerebro para que éste se adapte ni es un análisis introspectivo, y desde luego, no es el entrenamiento basado en la concentración, el cual incluye elecciones y rechazos. Es algo que acaece de modo natural cuando todas las afirmaciones y logros positivos o negativos se han comprendido y soltado fácilmente. Es el vacío total del cerebro. Y lo esencial es precisamente la vacuidad, no lo que se haya dentro de esa vacuidad; toda virtud –no la moral ni la respetabilidad social– nace de ella. De dicha vacuidad surge el amor, de lo contrario, no es amor. El fundamento de la justicia radica en este vacío. Es el principio y el fin de todas las cosas ". [1]
"El pensamiento es mecánico y la meditación no es".
 "La meditación nunca es el control del cuerpo. No existe una división real entre el organismo y la mente. El cerebro, el sistema nervioso y lo que llamamos la mente son uno e indivisible. Es el acto natural de la meditación lo que trae el movimiento armonioso del todo. Separar el cuerpo de la mente y tratar de controlar el cuerpo con las decisiones intelectuales provoca contradicción, de la cual surgen diversas formas de lucha, conflicto y resistencia. Cada decisión para controlar sólo engendra resistencia, incluso la determinación de ser conscientes. La meditación es la comprensión de la división provocada por la decisión. La libertad no es el acto de decisión, pero el acto de la percepción. El ver es el hacer. No es una determinación de ver y entonces actuar. Después de todo, la voluntad es el deseo con todas sus contradicciones. Cuando un deseo asume la autoridad sobre otro, el deseo se convierte en voluntad. Ahí es inevitable la división. Y la meditación es la comprensión del deseo, no superar un deseo con otro. El deseo es el movimiento de la sensación, que se convierte en el placer y el miedo. Esto es sustentado por el constante apego del pensamiento hacia un deseo u otro. 
"No hay un yo que comprenda, sino que el pensamiento inventa ese yo. Cuando el organismo se halla sin el yo, la percepción, visual o no visual, no puede ser distorsionada. Simplemente hay visión de "lo que es ", y esa percepción va más allá de lo que es". [ 2 ]
La forma más elevada de la inteligencia es la meditación, una vigilancia intensa que libera a la mente de sus reacciones, y esto, por sí solo, sin intervención de voluntad alguna, produce un estado de tranquilidad. Esto requiere una energía extraordinaria que sólo puede aparecer cuando no hay conflicto en nosotros, cuando todos los ideales, toda creencia, esperanza y miedo han desaparecido por completo. Entonces no es contemplación lo que tiene lugar, sino un estado de atención en el que ya no hay un sentido del "yo", alguien presente que participe en la experiencia para identificarse con ella. Así que no hay experiencia. La comprensión de esto en el nivel más profundo es importante para alguien que desea saber qué es la verdad, qué es Dios, qué está más allá de los constructos de la mente humana. [ 3 ]
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[1]  Diario, J.Krishnamurti, 1976
[2]  The Beginnings of Learning. J.Krishnamurti, 1979
[3] The Reality of Being. Jeanne De Salzmann. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

En La Nota del Ser




Cuenta una historia que en cierta ocasión, por la tarde, se encontraba Mullah Nasruddín en la plaza, punteando una cuerda de su sitar. Y poco a poco la gente se reunió a su alrededor, como era de esperar. A su vez, él prosiguió tocando esa cuerda, hasta que alguien le preguntó: 
–Mullah, la nota que tocas es muy hermosa, pero los otros músicos utilizan también las demás notas. ¿Por qué tú no?
–Ellos andan todavía buscando “la nota”, contestó Mullah, y yo la he encontrado. (1) 


En la India, los músicos hacen referencia a una nota musical con el término "swara", y hay siete swaras básicos, como en Occidente. 

Sin embargo, una mirada más cercana revela que este término no se refiere sólo a una nota entre otras, sino más bien a "la nota perfecta" o "plenitud" que todos buscamos. Dentro del contexto de la música, esta búsqueda se denomina "swara sadhana".

En sánscrito "swa" apunta a nuestro verdadero Ser, mientras que "ra" da el matiz de "arrojar luz sobre u obtener luz de", como Kala Ramesh indica en su artículo (ver enlace abajo).

Swara es de hecho la alineación con nuestro Ser esencial, y puesto que todo es vibración en su interior, estamos llamados a encontrar esa "Nota fundamental perfecta" en todo lo que hacemos, incluido el caminar, el lavarse las manos y otras actividades diarias. 

En la recta alineación, todo brilla, el tiempo se expande y se puede vivir cada momento felizmente, con gratitud, sintiéndose uno ya en la Eternidad.


A pesar de la variedad de enseñanzas, en realidad sólo hay una forma de entrar, y darse cuenta de esa Nota. 

Sin embargo, como dice el proverbio indio, esto es "tan difícil como caminar sobre el filo de un cuchillo." Y también muy extraño, porque una vez en el filo, estamos en todas partes. ¿No es intrigante?
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(1) ¿Qué es la espiritualidad en la música? por Kala Ramesh.
http://www.indiaenconcierto.es/index2.php?pag=musicaindia_espiritualidad

jueves, 1 de agosto de 2013

¡Máscaras fuera!


Toda la cuestión práctica de la vida consiste en desplazar la confianza desde lo que parecemos a lo que somos en realidad.
–Douglas Harding–

Traten por un momento de aceptar la idea de que ustedes no son lo que piensan que son, que se sobrestiman a ustedes mismos, y que por lo tanto, se mienten a ustedes mismos. Que ustedes siempre se mienten a ustedes mismos, a cada momento, a todo lo largo del día, durante la totalidad de su vida. Que la mentira los gobierna hasta el punto de que no pueden controlarla nunca más. Son ustedes su víctima. [...] Han que parar internamente y observar. Observar sin prejuicios. Acepten por un momento esta idea de la mentira. Si observan de esta manera, pagando consigo mismos, sin auto-compasión, olvidando todas sus supuestas riquezas por un instante de realidad, quizá algún día vean de repente algo que jamás vieron con anterioridad. Verán que son algo diferente a lo que pensaban que eran. Verán que ustedes son dos. Uno que no es, pero que toma el lugar y juega el rol del otro. Y otro que es, pero tan débil e inconsistente, que tan pronto aparece, desaparece. No soporta las mentiras. El menor atisbo de mentira lo hace desvanecerse. No pelea, no resiste, es vencido por adelantado. Aprendan a mirarse hasta observar la diferencia entre sus dos naturalezas, hasta que vean la mentira, el impostor en ustedes. Cuando lleguen a ver sus dos naturalezas, ese día, la verdad habrá nacido en ustedes.
–Jeanne De Salzman, La Primera Iniciación

Por encima de todo, mantén la calma, sé tan natural y espacioso como sea posible. Záfate en silencio de la soga de tu habitual yo ansioso, suelta todo aferramiento, y relájate en tu verdadera naturaleza.
–Sogyal Rinpoche, El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte

Cuando veo que soy nada, eso es Sabiduría. Cuando veo que soy todo, eso es amor. Mi vida es un movimiento entre estos dos.
–Nisargadatta, Yo soy Eso

El lugar donde no existe la menor traza del sentido “yo”, ahí yace el YO.
–Ramana Maharshi–

He sido crucificado con Cristo, mas ya no vivo, sino que es Cristo quien vive en mí.
–San Pablo, Gálatas 2:20

Cuando hagas de dos uno, cuando hagas que lo interior sea como lo exterior y lo exterior como lo interior [...] entonces entrarás [en el Reino].
–Jesús,  Evangelio de Tomás

No hay división entre el observador y lo observado; esa es la realidad básica que hemos de comprender. 
–J. Krishnamurti, La Totalidad de la Vida

Pues aquel que Me ve en todas partes y que ve todo en Mí, a ése nunca lo pierdo Yo, y él nunca Me pierde a Mí.
Bhagavad Gita, Cap 6, Verso 30

Llega ser el que eres 
–Píndaro–

Aquietaos y ved que Yo Soy Dios
Salmo 46:10

Tú eres Eso 
Chandogya Upanishad 6.8.7


Muchos son los modos de apuntar a la Realidad, pero tal vez sólo uno el de extraviarnos, oscureciendo nuestra percepción por medio de la identificación con un lado del Todo. ¿Qué atrae nuestra atención? ¿Qué hace a este “desequilibrio” tan atractivo? ¿Qué nos convierte en zombies jadeantes? ¿Es quizá nuestra tendencia egoísta a obtener y a huir de lo que es aquí y ahora? ¿Nos es posible ver nuestra inatención, sufrimiento, lo ilusorio y a cada ser viviente como algo a incluir, una pista para descubrir lo que nunca dejamos de ser, completud abrazando completud? Todo apunta directamente hacia la Vasta y Prístina Consciencia.


martes, 2 de julio de 2013

Ilusión


Esta monumental pieza musical, Fantasia on a Theme of Thomas Tallis, compuesta por William Ralph Vaughan (1872-1958) en 1910, refleja una experiencia emocional intensa que no difiere mucho de la vida, siendo una paleta dinámica de contrastes, tensiones y liberación, colores y luces, sombras y oscuridad, recreando un estilo que ha llegado a ser utilizado abundantemente en el cine contemporáneo. Esta "saturación engañosa" del corazón y los sentidos, fue una de las principales características de la Era Romántica, como también podemos ver en las pinturas del siglo XIX. Es el caso de la que tenemos ante nuestros ojos, el famoso Caminante sobre el Mar de Niebla, de Caspar David Friederich.
Este cuadro está sujeto a interpretaciones interesantes pero opuestas, idea que no es nueva, ya que el escritor John Lewis Gadiss ya apuntó que de golpe sugiere la conquista de un paisaje e insignificancia del individuo dentro del mismo. No vemos ninguna cara, por lo que es imposible saber si la perspectiva para el joven es regocijo, terror, o ambos.
Pero este cuadro aún da para más, pues refleja nuestra situación en vida. Hay momentos en que la existencia parece increíblemente hermosa, conmovedora, en contraste con los instantes de miedo o incluso terror en algunos casos. Y lo que para algunas personas parece hermoso, para otros es aterrador. 
También podemos pensar que el Joven ha llegado a una "cumbre" donde las "nubes de la vida" se pueden contemplar más allá del engaño, o, por el contrario, el sentido de llegar a la cumbre lo arroja aún más a las nubes de la ignorancia y la ilusión, porque, como indica la No Dualidad, no hay Estado Supremo para ser alcanzado, pues la Plenitud, la Talidad, brilla en todo y todas partes. Aunque, sin duda, ésta es la realizacion más difícil y delicada.
Nuestros "estados de ser" dan forma a nuestras visiones y perspectivas, al igual que un caleidoscopio muestra diferentes patrones geométricos a medida que lo hacemos girar ante la luz. La vida parece moverse; nuestras percepciones, pensamientos, emociones y sentimientos parecen fluctuar, pero, ¿qué hay de la Realidad misma? ¿se mueve?
Ilusión –del latín ilusio o in lusio (en el acto de jugar)– es parte de la Realidad, que juega al escondite consigo misma, tal vez para ser siempre sí misma, inapresable, sin límites. 
¿Puede el arte de vivir este juego engañoso de la vida ser expresado como la búsqueda de la quietud plena, el Ser, en el movimiento?

sábado, 1 de junio de 2013

La Escucha Profunda

En la verdadera escucha o “sentido común”, las vibraciones, los sonidos, no son meras vibraciones sin sentido, ni siquiera cuando carecen de organización musical. Y es que las vibraciones, audibles o no, apuntan al Canto que subyace a todos los cantos, al Espacio Silente donde todo surge, crece y perece, a la Luz Inteligente donde todo se percibe. 

Al principio era la Palabra-Lógos (Juan I, 1)

Haciéndonos eco de Empédocles, las vibraciones son “promesas de la Musa”, y anhelan ser escuchadas, enviadas conscientemente de vuelta a la Fuente. 

¿Cómo es la vibración de la forma, los colores,  los sabores y los olores? ¿Cómo suenan nuestro cuerpo, pensamientos y emociones? ¿Cómo es el sonido de la vida y la muerte? ¿Qué sucede cuando incluimos sin esfuerzo, sin resistencia, los sonidos que normalmente encontramos aburridos o molestos? ¿No siente la mente una energía diferente y una apertura que nos libera?

lunes, 20 de mayo de 2013

El Lenguaje de la Depresión




Foto: El rapto de Perséfone, de Lorenzo Bernini

Nuestra vida está llena de circunstancias que pueden llevar a estados depresivos: la presencia del caos en la sociedad, la pérdida de alguien, la soledad, un accidente, una enfermedad y otro tipo de duras pruebas vitales. 


Con todo, la causa de la depresión no se halla en estas circunstancias, sino en una forma de vivir que apenas araña la superficie de la existencia y nos lleva a experimentar un profundo vacío e insatisfacción. 

Una superficialidad reflejada en el cultivo de hábitos ciegos y destructivos, como la falta de atención, la auto-compasión, el exceso de auto-importancia e incluso el auto-desprecio. Como decía Sidarta el Buda, el hábito principal del ser humano es "apego al sufrimiento". El ser humano se queda atrapado en comportamientos que siempre conducen al malestar, en gran medida porque no se comprenden desde la raíz. Por lo tanto, hemos de buscar su razón de ser profunda.
En Occidente ha habido muchos intentos de arrojar luz sobre el tema de la depresión y la vaciedad interna, aunque en general ha quedado como una cuestión insoluble, a pesar de que antiguos maestros conocían su verdadero sentido. 
Pensadores románticos decimonónicos como Jean Paul Richter utilizaron la expresión "dolor del mundo" (Weltschmerz) en referencia a la tristeza y desilusión con la vida en general. Para ellos la realidad física no satisface las exigencias del corazón y está oscurecida por la presencia del mal, lo cual causa dolor. 

Sorprendentemente, muchos poetas románticos consideran la melancolía y la tristeza como una forma de inspiración poética. Eso sí, omiten los efectos negativos que ejercen en la psique cuando no se descubre su sentido y causa profundas. Por poner un ejemplo ilustrativo: la angustia depresiva que movía a Soren Kierkegaard a escribir supuso el fin de su compromiso con Regina Olsen, y él mismo confesó que no quería cargarla con esos estados depresivos que no podía controlar. 
La "angustia existencial", a la que se refirió con el término Angst, era uno de sus temas preferidos, y le dedicó un libro, El Concepto de Ansiedad. De ahí que sea considerado como el primer pensador “existencialista”, aunque el existencialismo como corriente no emergería con fuerza hasta el período de entre guerras. 

La dureza y atrocidades bélicas agitaron el fondo oscuro de la psique humana hasta límites insospechados, y los pensadores existencialistas se centraron en la idea de que los seres humanos no tienen naturaleza propia –a diferencia de los animales–, y que esto los convierte en seres inherentemente desorientados, angustiados y crueles. 

El punto de vista existencialista fue muy pesimista, haciendo de la vida oscura aún más deprimente si cabe. Es el caso de la novela La Náusea de Jean Paul Sartre, donde la incertidumbre y la crueldad experimentada por los seres humanos no puede comprenderse, sino tan sólo afrontarse, si bien sintiendo náuseas.
Mucho más inspirada y positiva fue la visión de Martin Heidegger, para quien la angustia existencial surge en el hombre porque éste se siente "proyectado a la existencia" (entworfen), obligado a enfrentarse a la muerte y a la responsabilidad de tener que usar la voluntad para forjar su propia naturaleza. Decía Heidegger que todo ser humano adulto es responsable de elegir sus acciones, actitudes y estilo de vida, y el acto de elegir con valentía un camino vital propio, sin seguir ciegamente modelos externos, es realizar una "vida auténtica" (ein authentisches Leben). 

Justo al final de su vida, Heidegger comenzó a insinuar que la "vida auténtica" y una nueva forma de pensar, pueden llevar al ser humano a la comprensión del Ser (Sein), la naturaleza divina de todas las cosas, que se revela en un estado de “desapego” y “serenidad” (Gelassenheit).
Sin duda, hay algo de verdad en sus ideas, pero algo más es necesario para reconciliar conflictos internos y llenar el vacío. Sólo el Amor al Eterno y su Sabiduría y el desarrollo interno nos pueden dar una comprensión más rica de nosotros mismos. 
El mismo lenguaje de la Realidad nos indica que la angustia y la depresión juegan un papel importante en el camino de la evolución espiritual. Por contra, la sociedad moderna busca la comodidad egoísta, el éxito, el placer y las alturas celestiales y olvida el papel de la oscuridad interior. Una omisión clara de lo que la Sabiduría siempre ha reflejado a través de mitos y leyendas: 

La Luz sólo puede hallarse al fondo de la cueva, en la oscuridad del inframundo

Todos los grandes héroes mitológicos, desde Gilgamesh hasta Orfeo y Ulises viajaron al inframundo en su búsqueda de la inmortalidad y perfección divina. Mientras, los alquimistas consideraban que el primer paso en el proceso de transformación interior es un estado de putrefacción llamado nigredo.
Esta verdad se expresada también en los evangelios, donde Jesús sufrie la tentación en el desierto (psicológico), la desesperación en el huerto de Getsemaní, y abraza el dolor perdonando a sus enemigos, aceptando una muerte física terrible, para finalmente descender al infierno antes de retornar la Padre. Todas etapas esenciales del desarrollo espiritual, integración de la naturaleza animal y la espiritual. De ahí sus palabras: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).
Estas tradiciones nos enseñan que la transformación sólo puede tener lugar cuando abrazamos lo que no nos gusta conscientemente, viéndolo como parte de nosotros mismos, lo que que cierra el círculo de completad y nos lleva de vuelta a casa.
Todos nuestros momentos difíciles pueden ser una manera directa de conectarnos con el Eterno y de crecer internamente si los afrontamos con paciencia y atención correcta. Son la oportunidad de convertirnos en “seres auténticos”, en vez de sombras. El poeta John Keats parecía consciente de ello al escribir en una carta: algunos dicen que el mundo es un valle de lágrimas, yo digo que es un valle para crear alma.
Los momentos de angustia y aparente impasse son signos que demandan nuestra atención y apertura. Mas cuando el anhelo y la necesidad de trabajo interno se ignoran, ciertas energías creativas muy poderosas –las fuerzas Ctónicas de la tierra– nos comunican a través de la enfermedad y el malestar que algo importante ha de hacerse, que un contacto consciente con el lado femenino de la realidad debe tener lugar. 

Nuestra falta de atención entristece profundamente a nuestro alma y espíritu, nuestra "divinidad interior". La vaciedad, aburrimiento y ansiedad no son sino lamentos del alma. 

En Grecia esto se expresó con el mito del rapto de Perséfone.


La depresión es los dedos de Perséfone y Hades alcanzándonos –Peter Kingsley–.

Nuestra desidia inconsciente obliga a las fuerzas creativas a arrastrarnos hacia un infierno de sufrimientos terribles. La realidad sigue su curso, aunque sea por las malas. Es entonces cuando surgen pensamientos tales como "la vida es una asco", "¿acaso merezco esto?", "no quiero vivir así", "prefiero morir". Y es realmente un indicio de que "algo" ha de morir en nosotros. Aunque, sin discernimiento, este impulso puede interpretarse literalmente, lo que llevaría a pensamientos suicidas. Por lo tanto hemos de entender la antigua máxima: muere antes de morir.
En la muerte psicológica vemos que somos más que los pensamientos y las emociones de nuestra personalidad superficial. Y esta comprensión nos pone en contacto consciente con nuestra verdadera naturaleza infinita, el alma y el espíritu donde somos uno con el Padre-Madre celestial.
Al conocernos a nosotros mismos, nos abrimos lo suficientemente para utilizar nuestros momentos difíciles como catapultas que nos lanzan hacia la Plenitud. 
Tan pronto como dedicamos más tiempo a descansar en elsilencio de la consciencia y ponemos en duda la literalidad de nuestros pensamientos y emociones negativas, cosas maravillosas comienzan a suceder. 

Como bien reza el refrán: nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira. 

Las cosas no son lo que parecen ser. Las apariencias pueden ser como aquel repugnante ser mitológico, Medusa-Gorgona –hermosa mujer bajo un hechizo de fealdad– que convertía en piedra a todo aquel que la miraba a los ojos directamente. 

Así pues, hemos de hacer como Perseo, que empleó su escudo a modo de espejo para verla reflejada y evitar mirarla a la cara directamente. Todo lo que vemos, sea oscuro o luminoso, es en realidad un “reflejo de nuestra naturaleza”, y no tiene más ojos que los nuestros. 

No juzgues y no serás juzgado –Lucas 6:37

El conflicto sólo surge cuando lo que vemos aparecer como “otro”. Y sólo identificando el reflejo pudo Perseo decapitar a Medusa con la espada de la voluntad, obteniendo a Pegaso, el caballo volador, las alas de nuestro alma, que diría Platón.
Perseo también tenía zapatillas aladas recibidas de Hermes, metáfora de la elevación a través de pensamientos sublimes; y el casco de la invisibilidad de Hades, para ser Nadie, pues el egoísmo nos arroja fuera de nosotros mismos.
Como vemos, los mitos pueden ser de gran ayuda para conocernos y mantener la mente enfocada en algo más productivo que pensamientos deprimentes.
Cada uno de nosotros tiene una amplia gama de potencialidades que esperan a ser desarrolladas sin demora. Y sólo podemos descubrirlas escuchando la lógica de la vida y trabajando a diario sobre el suelo de nuestras imperfecciones. A veces es necesario comportarse como Caballeros, domeñando al dragón de nuestras emociones y pasiones bajas, con paciencia, fuerza, discernimiento, determinación y ecuanimidad para soportar el dolor y evitar hábitos destructivos. 

Pero también hay momentos en los que sólo podemos hacer una sola cosa: descansar bajo el poder transformador del silencio y la oscuridad. 

Peter Kingsley nos recuerda en su libro Reality y En los Oscuros Lugares del Saber (Ed.Atalanta) que en la Grecia Antigua esto era una práctica conocida como "incubación", consistente en yacer en silencio y quietud en cuevas y templos sagrados, como último recurso para una sanación casi imposible. Una práctica que compartían con los profetas de Israel y los cristianos de los primeros siglos.
En resumen, nuestra actitud debe ser de servicio y gratitud, y nunca exigente. Estamos llamados a ser los "órganos de percepción" del Eterno, para que la oscuridad pueda ser iluminada, reconciliada. Así es como llegamos a ser participantes activos en un drama cósmico donde la Divinidad se olvida y acuerda de sí constantemente. Sólo cuando perdemos de vista nuestra misión de alma y espíritu caemos en la depresión.

© 2009

domingo, 19 de mayo de 2013

El Mensaje del Anhelo


Orfeo y Eurídice 

No es difícil darse cuenta de que vivimos como seres insaciables, siempre queriendo esto y lo otro, constantemente en busca de satisfacción: “si pudiera tener ese coche y esa casa, sería feliz; si pudiera estar con esa persona, todos mis sueños se harían realidad... Y tras intentar de todo para conseguir ciertas metas, nos damos cuenta de que no es felicidad lo que viene, sino la presión de una hipoteca y otras preocupaciones. Y detrás de todo ello, el anhelo de siempre. La sensación de que “algo falta" está siempre presente y rara vez sabemos qué hacer con ella. Cuando no obtenemos lo que queremos, vivimos días de amargura, decepción, malestar y miedo. Pero incluso cuando conseguimos lo que queremos, seguimos sufriendo, pues no podemos mantenerlo para siempre. No importa qué obtengamos, siempre nos lanzamos a montañas rusas que nos dejan insatisfechos.
Sabiduría enseña que tratar de escapar de la angustia y el vacío no es la solución, porque eso sólo hace al problema más grande. Aquello a lo que te resistes persiste (C.G.Jung). Y como enseñan los Taoístas, hemos de ser como el agua, que fluye a través de los puntos de menor resistencia.
Muchos poemas antiguos se refirieron a esta situación de desasosiego en que vivimos, y mostraron la forma de afrontarla sabiamente. Pero los seres humanos hemos sido olvidadizos durante miles de años y vivimos cultivando negligencia. Hemos olvidado no sólo el conocimiento sobre nuestro papel en el cosmos, sino también nuestras raíces espirituales y culturales. El anhelo que sentimos nos pide establecer una conexión consciente con éstas y mirar dentro. Sin embargo, desde hace décadas se ha tendido a buscar respuestas en doctrinas orientales, olvidando que Occidente fue lugar de siembra para la Sabiduría, que es resbaladiza y emana de un mismo lugar: nuestro verdadero ser. 
Las semillas de la civilización occidental fueron sembradas por místicos y sabios como Parménides y Pitágoras. Paradójicamente, hoy la cultura occidental, ya decadente, es una imagen perfecta de la ansiedad y el deseo descontrolado, sobre todo el llamado American way of life, tan extendido. Occidente perdió la conexión con la Realidad prácticamente desde el comienzo, pues nadie escuchó a los maestros, debido a la edad oscura en que nació nuestra cultura. 
Afortunadamente, todavía podemos aprender de las enseñanzas de Parménides, Empédocles, Pitágoras, Heráclito o Sócrates. Así pues, es hora de detenernos y escuchar lo que el momento presente tiene que decir.
Como dice Empédocles a un alumno en uno de sus poemas, antes que nada necesitamos aprender a escuchar con todo el ser. Nuestro problema es que nunca abrazamos lo que sucede aquí y ahora, dentro y fuera de nosotros, con lo cual no podemos aprender del ahora.  
Tan pronto como sentimos el cuerpo y estado emocional, advertimos quizá tensiones y deseo de alcanzar algún tipo de alivio. El anhelo es una cualidad intrínseca de la vida, comunica algo importante que no atendemos debido a nuestra costumbre de ir siempre con prisas. Está presente en la forma en que las plantas crecen hacia la luz, en el canto de los pájaros, en el amor de un hombre por su amada, en la ilusión de un niño en la noche de Navidad, en la pasión de un flautista. Todo vibra y todo anhela retornar a la fuente. 
Existe un enigmático poema que se convirtió en una piedra angular de nuestra civilización occidental. Fue escrito por Parménides de Elea (nacido en el año 515 antes de Cristo), y describe su viaje a las Mansiones de la Noche, el mundo subterráneo, donde la diosa Perséfone mora y todos los opuestos –luz y oscuridad, vida y muerte, masculino y femenino– se reconcilian. El poema comienza como sigue:
Las yeguas me llevan cabalgando, tan lejos como el anhelo alcanza, tras hallarme en el legendario camino de la divinidad que conduce al hombre que sabe, a través de la vasta y desconocida oscuridad.
Parménides, lejos de abandonar su anhelo, lo sigue como hilo guía. La atención a nuestro anhelo tal vez no sea lo que estamos acostumbrados, pero no hay otro camino hacia la verdadera libertad, pues mientras vivamos, sentiremos la necesidad de volver a la Fuente, no en el futuro, sino ahora mismo. 
Y fue en las Mansiones de la Noche donde Parménides escuchó las dulces palabras de la diosa, una revelación que refleja nuestra vida inconsciente, la naturaleza de la Realidad y la manera de vivir en armonía con ella. Su mensaje divino es simple, y es que sólo hay un camino a la Verdad, a saber: que el Ser es y que no hay no-ser, es decir, sin burdas interpretaciones intelectualistas: todo forma parte del Ser y no es posible pensar o sentir algo fuera del mismo. Además, la diosa invita a sentir la unidad que subyace al mundo de los sentidos, con una simple acción: 
percibir consciente (noêin) y ser (einai), son uno y lo mismo. 
Algo que, lejos de ser pensamiento, como creen muchos "intelectuales", significa sentir de golpe todo lo perceptible aquí y ahora, tanto lo que emerge y se desvanece (pensamientos inclusive) como de lo que nunca cambia; las dos caras de la unidad. Nada hay fuera de lo que es.
A pesar de esta unidad, el anhelo nos devuelve a la vida de división y confusión, pero para llevar a cabo un propósito esencial, pues el olvido pertenece al propio curso del Ser. Todos tenemos una misión cósmica, que es realizar la unidad a cada momento; y otra individual, indicada por las vocaciones. Cada uno de nosotros nace con una esencia que debe ser desplegada siguiendo lo que las tradiciones chamánicas y místicos llaman el "canto personal". 
Sigue tu dicha y puertas se abrirán allí donde jamás pensaste que habría puertas –Joseph Campbell–.
Esto no quiere decir que nuestra misión sea fácil. La vida es un gran reto, y la dicha contiene tanta dulzura como la amargura, pues es unión de opuestos.

© 2009


Nota: para un bonito artículo sobre el anhelo, de Peter y Maria Kingsley: http://peterkingsley.org/pkoffice/images/KingsleysLonging.pdf