jueves, 17 de abril de 2014

Corazón No Dual


Evagelio de María Magdalena, Papiro de Oxyrrhinco

En sintonía con el artículo anterior sobre la meditación del corazón, aquí tenemos un pasaje del famoso Evangelio de María Magdalena, que fue descubierto por primera vez en 1896, contenido en un papiro del siglo V. Más tarde apareció también en la biblioteca de Nag Hammadi. 
Su profundidad indica que está realmente conectado a las tradiciones contemplativas y el mensaje místico de Jesús, quien dictó la parte más profunda de la enseñanza a María Magdalena, como este evangelio sugiere.
[...] entonces, ¿será destruida la materia o no? El Salvador dijo: “Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan unas dentro de las otras, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quién tenga oídos para escuchar, que escuche.
“No hay pecado, sin embargo vosotros cometéis pecado cuando practicáis las obras de la naturaleza del adulterio [apego a lo físico, identificacion, distracción] denominada pecado. Por esto el Bien entró en medio de ti, hacia lo que es propio de toda naturaleza, para restaurarla en su raíz.”
Entonces prosiguió y dijo: «Por esto enfermáis y morís, puesto que [...] del que...comprenda. [La materia engendró] una pasión sin igual, puesto que procedió de (algo) contra natura. Entonces se produce un trastorno en todo el cuerpo. Por esto os dije: “Sed de buen ánimo, y si os encontráis descorazonados, (sed) alentados en presencia de las diversas formas de la naturaleza. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche”.
La naturaleza de estas enseñanzas se vuelve más y más evidente a medida que uno se familiariza con el arte de morar en el silencio del corazón, sin tratar de alejar los mundos externos e internos, sino más bien comprenderlos para reconciliarlos. 

De ahí que se nos diga: "Sed de buen ánimo", y si estáis descorazonados (sed) alentados en presencia de las diferentes formas de la naturaleza”. 

Al dejar fluir los fenómenos, permitiendo a la consciencia abrirse cual flor, uno pronto se da cuenta de que todas las percepciones se disuelven en una presencia profunda en el corazón, y no es secuestrado por el remolino del caos externo e interno, o como Jesús y María lo expresaron, siendo un corazón libre de "adulterio". 

Al adoptar esta actitud abierta, cada impresión, cada preocupación, se convierte en una oportunidad para ser libres. Por esto el Bien entró en medio de ti, hacia lo que es propio de toda naturaleza, para restaurarla en su raíz.

martes, 1 de abril de 2014

De la cabeza al corazón


Cualquier forma de meditación que sólo tiene la “mente” como base sólo puede conducir a callejones sin salida, estados rancios de indiferencia que omiten la "dulce serenidad amorosa" que subyace el caos en el que vivimos. Sólo un enfoque que unifique cuerpo y mente desde el “corazón" lleva a la transformación espiritual. Como dice un viejo proverbio espiritual: el viaje más largo que un hombre debe tomar es la de dieciocho centímetros de su cabeza a su corazón.

El movimiento de la cabeza al plexo solar y el corazón debe comenzar con el acto constante de habitar el cuerpo con discernimiento, viendo la falsedad de pensamientos y emociones negativas (irascibilidad, desprecio, rencor, miedo, inseguridad...) que no son Yo Soy y nos privan de acceso al espíritu que somos realmente.

Al desenmascarar su impulso destructivo, esos pensamientos y emociones se van disolviendo en la espaciosidad misericorde, sin que hagamos demasiado esfuerzo. En realidad es la Mente divina la que nos libera. Esto parece estar sugerido en un pasaje del Nuevo Testamento:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios [hos en morphe theou], no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se vació a sí mismo, tomando forma de siervo(Filipenses 2, 5-8).

Cuando este acto de "soltar" y "abrirse" desde el cuerpo tiene lugar, la percepción acaece de modo natural, uniendo mente, cuerpo y corazón en un solo Yo Soy, la Luz del Mesías, la Mente del Supremo que llega dentro y baña nuestro espíritu.

Esta forma de meditación no es enteramente contemplativa, pues incluye discernimiento y un constante ejercicio de la atención expansiva. Sin embargo, prepara el terreno humilde donde la auténtica contemplación puede tener lugar.

Ésta es la mejor forma de comenzar el día, sentándonos a disfrutar del "corazón espacioso", más que a sufrir luchando contra los pensamientos.


Las siguientes exposiciones de Cynthia Bourgeault contienen algunos apuntes interesantes relacionados con lo expuesto, aunque se trata de un nivel muy básico:




miércoles, 5 de marzo de 2014

Amante Buscador


Ibn Arabi (1165-1240)

Misteriosas y sutiles son las formas en que el Amado Uno nos busca y nos ama. Sin embargo, debemos dejar que los sentidos se abran, de manera que podamos escuchar y que nuestro corazón se fundan con el dolor del anhelo, la tristeza de la vida, la belleza que nos deja sin aliento, preguntándonos con asombro, como un eco de nuestra verdadera Esencia, donde el buscador y lo buscado se revelan como uno y lo mismo.

El siguiente poema fue escrito por un gran místico sufí nacido en España, Ibn Arabi, y es una deliciosa expresión de esa búsqueda que viene de las profundidades, no de nuestros pequeños “yoes” preocupados que nunca parecen quedar satisfechos:



Amado!

Tantas veces te he llamado y no me has escuchado.
Tan frecuentemente me he mostrado a ti y no me has visto.
A menudo me he hecho fragancia, y no me has olido,
Sabrosos alimentos, y no me has probado.
¿Por qué no puedes alcanzarme a través de lo que tocas,

O respirarme a través de dulces perfumes?

¿Por qué no me ves ? ¿Por qué no me oyes?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Mis delicias superan al resto,

Y el placer que procuro, sobrepasa a los otros.

Me prefieres antes que a las demás cosas buenas

Soy Belleza, soy Gracia.

Ámame, ámame sólo a mí.

Ámate a ti mismo en mí, sólo en mí.

Pégate a mí,

Nadie está más al interior que yo,

Otros te aman por su propio interés,

Yo te amo por ti mismo.

Y tú, huyes de mí.

Amado!

No puedes tratarme de justa manera,

Pues si te me acercas,

Es porque antes a ti me he acercado.

Más cerca de ti estoy que tú mismo,

Que tu alma, que tu aliento.

¿Quién entre las criaturas te trataría como lo hago?

Celoso estoy por ti, sobre ti,

A ningún otro quiero que pertenezcas,

Ni siquiera a ti mismo.

Sé mío, sé para mí, tal como eres en mí,

A pesar de que ni siquiera eres consciente de ello.

Amado!

Vayamos hacia la Unión.

Y si encontramos el camino,

Esto nos lleva a la separación,

Destruyamos la separación.

Vayamos de la mano.

Entremos en la presencia de la Verdad.

Que sea nuestro juez

E imprima su sello sobre nuestra unión

Para siempre.

_____________________
Traducción propia desde la versión inglesa.  Citado por Henry Corbin en Imaginación Creadora en el Sufismo de Ibn ‘Arabi, pp. 174-175. Y por Lewellyn Vaughan Lee en su maravillosa obra Catching the Thread, p-145.


sábado, 1 de febrero de 2014

UNO


El siguiente extracto está tomado de una maravillosa joya de la literatura espiritual, Daughter of Fire, el diario de Irina Tweedie (1907-1999), una mujer sufí que pasó algunos años en la India con una de esos santos maestros difíciles de encontrar. El diario fue en realidad la primera tarea que éste le encomendó, a modo de registro de las cosas maravillosas que algún día también inspirarían a muchos otros a buscar dentro de sí. Y tenía razón, pues la obra se ha convertido en  lectura casi obligada, especialmente para aquellos que ya experimentan "espinas en el camino".
"No hay nada más que UN SER experimentando a través de todo lo creado. Su Luz está en todo. ¿Por qué habrían los animales de convertirse en hombres? ¿Tiene este árbol un Atman? Seguramente no. En cambio el hombre tiene un Atman. El hombre es el rey de la creación. Aunque su luz no sólo está en los hombres, sino en cada átomo de Su universo".
Nos fuimos a dar un paseo por la tarde, pero esta vez no en el parque, sino mucho más allá, a las reservas de agua. Era una hermosa tarde... una puesta de sol de fuego carmesí y el  más luminoso oro. Le dije cómo me gustaba el profundo cielo de color rojo oscuro, las dramáticas puestas de sol de la India, la grácil silueta del templo, las palmeras contra el cielo brillante.
"¿Cuántas cosas ama usted?", preguntó él. Nos sentamos un rato en un banco cerca de la orilla del embalse, los colores del rojo cielo reflejados en el agua.
"Oh, tantas", le contesté. "El canto de los pájaros al amanecer, las flores, las montañas y el cielo, la India, Inglaterra, los bosques con los rojizos colores del otoño, y la gente y ...!"
"Su corazón es como un hotel", interrumpió él oscuramente. "Uno sólo puede amar a Uno. Usted no puede amar a dos señores; o  ama al mundo, o ama a su creador".
"Oh, Bhai Sahib", suspiré. No sabía qué decir a eso.
Muchas son las veces en que hemos oído observaciones como esta. Sin embargo, una cosa es escuchar o leer y otra darse cuenta de lo cierto que es. 

Siempre hay una sensación de gran alivio, una pequeña liberación, cuando el atisbo de la unidad tiene lugar. Sin embargo, cuanto más nos negamos a sentir la Amada Esencia, más incrementamos el sufrimiento ciegamente, engañados por nuestro propio egoísmo, que quizá tenga algo que ver con la Unidad, pues no deja de ser nuestro apasionado celo por ella, como dirían los sufíes

Y es que, a fin de cuentas, no importa donde miremos o cómo nos sintamos, no hay más que Uno, incluso en el brillo de  nuestros pequeños sufrimientos.

martes, 7 de enero de 2014

Susurros Divinos


Cada vez que hay oscuridad, silencio interior y apertura a algo más mucho grande que nosotros, también existe la posibilidad para que lo superior se manifieste desde dentro. En ese momento sagrado, cada pensamiento, cada emoción cada expresión, se convierte en una oración, un susurro, y somos simplemente vehículos para una chispa divina que anhela brillar, siempre, en aquellos corazones lo suficientemente abiertos para amar sin límites.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cautivos III: Remordimiento, Respeto Reverencial y Oración

Jesús yendo a orar (Tissot)


En el Cristianismo y otras religiones antiguas, el día de hoy rememora el renacimiento del Sol. A partir de aquí, los días se hacen más largos, la luz vence a las tinieblas.
Internamente, esto apunta a un “renacimiento interior”, la unión de alma y espíritu en nosotros. 

Y como se vio ayer, antes de volver a nacer, el "hombre viejo” debe morir, para lo cual uno debe darse cuenta de la terrible condición interior. Al principio puede haber pequeños despertares que van y vienen, pero estos no pueden durar hasta que no sintamos la miseria de nuestra situación ciegamente egoísta; un sentimiento que suele ser detenido por "resistencias psicológicas" que hacen dormir más profundamente.
De ahí la importancia del "remordimiento consciente", que surge cuando la conciencia divina toca nuestra "naturaleza inferior" y sentimos que no somos como deberíamos, que algo se rebela y se entristece; lo divino sufre en nosotros (véase El lenguaje de la depresión publicado el 20 de Mayo del 2009).
El remordimiento se relaciona con otro sentimiento profundo que está bastante ausente en la humanidad moderna:

En la Biblia se expresa como Yirah Adonai, que literalmente significa Respeto Reverencial del Verbo Divino, aunque se traduce como temor de Dios, lo que lleva a muchos a pensar que es temor a ser castigados por Dios o miedo a ofender a Dios –dos puntos de vista que no tienen ningún sentido, a menos que se refiera a un falso, iracundo, punitivo y orgulloso "dios" menor.
El Respeto del Verbo Divino (Yirat Yhvh) es la conciencia instintiva de respeto, insignificancia y vulnerabilidad ante la Presencia Divina, debido a la imperfección de la naturaleza caída, que se debe superar asumiendo el Nuevo Adam que crece dentro de cada uno de los que tienen Conciencia Divina.

Un respeto y amor que el humano moderno rara vez experimenta, pues se halla inmerso en un estado hipnótico donde "la inflación del ego" es la regla.
Cuando somos tocados por algo profundamente, el velo del egoísmo cae, y entonces la compasión, el remordimiento, el verdadero respeto reverencial emergen fácilmente. Y en cierto modo, es nuestra la parte divina la que se maravilla y se arrodilla. 

(Más detalles sobre el Respeto Reverencial en el artículo del 8 de Junio del 2014).
Estas realizaciones nos ayudan a adoptar una actitud firme y desapegada desde nuestra chispa divina, que se manifiesta como un "no" ante malos hábitos, y como desapego, que no indiferencia.
Ésas son cualidades del Yo soy, convertida en oración/meditación en diversas tradiciones.
En el Antiguo Testamento se dice que lo Divino se presentó a Moisés con el enigmático nombre Yo soy el que soy (Éxodo 3:14). 

Y en Juan 8:58 leemos: Antes que Abraham fuese, Yo Soy.
Es difícil expresar con palabras el arte de la oración, así que evitemos hacer las cosas complicadas. Baste con saber que ésta es una "oración contemplativa", y no una "oración de petición"; en otras palabras, su contenido está destinado a ser experimentado, como en el Padre Nuestro. 

La oración "Yo Soy" se orienta básicamente para vivir en desapego y resistir una cierta inercia psicológica: ira, pensamientos perdidos, inquietud, etc. 

Su forma más simple, muy conocida en muchas tradiciones, consiste en la "inhalación", a través de la nariz, sintiendo el yo como mente atenta al cuerpo, como si uno se elevara, con el anhelo del corazón hacia lo superior, y "exhalando" a través de la nariz, sintiendo “soy", relajando todo cuerpo. 

Las palabras no se verbalizan externamente, sino que se internalizan hasta que ya no son necesarias, pues la clave es sentir el Testigo silencioso y compasivo de nuestro ser superior, el cual viene del Amado
Sin embargo, esta aproximación a veces es cancelada por algunos tipos de rezo.
Un rezo antigua elaborada por los Padres del Desierto era: Maestro Mesías Iesous, Hijo de Dios, ten piedad de mí, errante; Kyrie Iesu Christe, Yie tou Theou, me Eleison, hámartolon.
Hamartolón deriva de hamartia, que significa "errar", "fallar el tiro". Algunos la cambian por "pecador", que no resuena como debería [2]


Con todo, ese rezo refuerza el sentido de ser "errantes exiliados" y "almas caídas", como si el Ser tuviera que compadecerse de lo que nunca cambiará.
Orar conscientemente es asumir la Luz, viendo la inutilidad de pedir, murmurar o incluso gruñir velozmente –como se suele hacer en iglesias. Las oraciones son para sentir y recibir algo más profundo que pueda purificar y sanar. Después de todo, la consciencia a la que aspiramos es el Cristo, que significa “Unción de Luz Divina".

Sobre la oración Yeshua lo dijo casi todo: Y cuando ores, no seas como los hipócritas...entra en tu alcoba, y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en secreto...no uses vanas repeticiones, como hacen los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No seáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis (Mateo 5:6-8)

Existe otro texto ejemplar citado abajo [2]. 
Con esto despedimos de este alocado año 2013 y esperamos que este cautiverio sirva de algo en la esfera del Mundo Real.




_____________

[1] Como los maestros hesycastas Alphonsse y Rachel Goettmann recuerdan en el libro The Power of the Name. Ver la exposición de Ted Nottimgham. Link en  Cautivos I.



[2] Sobre la oración:

“Consideremos la conocida oración: “Señor ten piedad de mí”. ¿Qué es lo que quiere decir? Un hombre lanza un llamado a Dios. ¿No debería pensar un poco, no debería hacer una comparación, preguntarse lo que Dios es, y lo que es él mismo? Luego, le pide a Dios tener piedad de él. Pero Dios tendría que pensar en él, tomarlo en consideración. Ahora bien, ¿vale la pena que se lo tome en consideración? ¿Qué hay en él que sea digno digno de que se piense en ello? ¿Y quién debe pensar en él? Dios mismo. Ustedes ven, todos estos pensamientos, y todavía muchos otros, deberían cruzar su mente cuando él pronuncia esta simple oración. Y son precisamente estos pensamientos lo que podrían hacer por él aquello que pide que Dios haga. Pero ¡en qué piensa! y qué resultados puede dar su oración, cuando él repite como un loro: ¡Señor, ten piedad! ¡Señor, ten piedad! Ustedes saben bien que esto no puede dar ningún resultado. (G.I.Gurdjieff en Fragmentos de Una Enseñanza Desconocida, P.D.Ouspensky. Cap 15, p.438.)

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cautivos II: Amargo Despertar



El Grito (Edvard Munch)


En respuesta a las dos cuestiones planteadas en la anterior entrada, y en vísperas del día de Navidad que simboliza un “renacimiento superior”, me gustaría presentar un pasaje increíblemente conciso y lúcido, de cuasi obligatoria lectura para todo buscador occidental. Está contenido un famoso libro que marcó la propia búsqueda y que recoge lecciones que el maestro de danzas George Ivanovitch Gurdjieff dirigió a sus alumnos [1]. 

Decía lo siguiente:
"Tomemos para comenzar el texto bien conocido sobre la semilla que tiene que morir para nacer. 

«Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (San Juan XII, 24)

"Este texto tiene múltiples significaciones y volveremos a él a menudo. Pero ante todo, es indispensable reconocer que el principio que contiene se aplica cabalmente al hombre.

"Hay un libro de aforismos que nunca ha sido publicado y que probablemente no lo será jamás. Ya he hablado de él cuando nos preguntábamos sobre el sentido del saber, y el aforismo que les he citado ha sido extraído de él.

"Con referencia a lo que estamos hablando ahora, este libro decía:

«El hombre puede nacer, pero para nacer primero debe morir; y para morir, primero debe despertar.»

"En otra parte, este mismo libro dice:

«Cuando el hombre despierta, puede morir; cuando muere, puede nacer.»

"Debemos comprender lo que esto significa." «Despertar», «morir», «nacer». Estas son tres etapas sucesivas. Si estudian los Evangelios con atención, verán que se trata a menudo sobre la posibilidad de «nacer», pero los textos no hablan menos de la necesidad de «morir», y también muy a menudo de la necesidad de «despertar»: 

«Velad, porque no conocéis ni el día ni la hora...»

Pero estas tres posibilidades: despertar (o no dormir), morir, y nacer, no se ponen en relación una con otra. Sin embargo, toda la cuestión está allí. Si un hombre muere sin haber despertado, no puede nacer. Si un hombre nace sin haber muerto, puede devenir una «cosa inmortal». Así, el hecho de no haber «muerto» impide que el hombre «nazca»; y el hecho de no haber despertado le impide «morir»; y de haber nacido antes de «morir», este hecho le impedirá «ser».

"Ya hemos hablado lo suficiente del significado del «nacimiento». Nacer no es sino otra palabra para designar el comienzo de un nuevo crecimiento de la esencia, el comienzo de la formación de la individualidad, el comienzo de la aparición de un «Yo» indivisible. 

"Pero para ser capaz de alcanzarlo, o al menos de entrar en este camino, el hombre debe morir; esto quiere decir que debe liberarse de una multitud de pequeños apegos y de identificaciones que lo mantienen en la situación en que se encuentra actualmente. En su vida tiene apego por todo, está apegado a su imaginación, apegado a su estupidez, apegado aun a sus sufrimientos — y quizás a sus sufrimientos más aún que a cualquier otra cosa. Debe liberarse de este apego. El apego a las cosas, la identificación con las cosas, mantienen vivientes en el hombre un millar de «yoes» inútiles. Estos «yoes» deben morir para que el gran Yo pueda nacer. Pero ¿cómo se puede hacerlos morir? No quieren morir. Es aquí donde la posibilidad de despertar viene en nuestra ayuda. "Despertar significa darse cuenta de su propia nulidad, es decir, darse cuenta de su propia mecanicidad, completa y absoluta, y de su propia impotencia, no menos completa ni menos absoluta. Pero no basta comprenderlo filosóficamente con palabras. Hay que comprenderlo con hechos sencillos, claros, concretos, con hechos que nos conciernen. Cuando un hombre comienza a conocerse un poco, ve en sí mismo muchas cosas que no pueden dejar de horrorizarlo. En tanto que un hombre no se horrorice, no sabe nada sobre sí mismo.

"Un hombre ha visto en sí mismo algo que lo horroriza. Decide deshacerse de esto, eliminarlo, acabar con ello. Sin embargo, siente que a pesar de sus esfuerzos no puede hacerlo, que todo permanece como antes. Entonces verá su impotencia, su miseria y su nulidad; o también, cuando comienza a conocerse a sí mismo, un hombre ve que no posee nada, es decir que todo lo que él consideraba como suyo, sus ideas, sus pensamientos, sus convicciones, sus hábitos, aun sus defectos y sus vicios, nada de todo esto le pertenece: todo ha sido tomado de cualquier parte, todo ha sido copiado tal cual es. El hombre que siente esto puede sentir su nulidad. Al sentir su nulidad, no por un segundo ni por un momento, sino constantemente, un hombre se verá tal cual es en realidad, y no lo olvidará jamás.

"Esta conciencia continua de su nulidad y de su miseria, finalmente le dará el valor para «morir», es decir para morir no simplemente en su mente, o en teoría, sino morir de hecho, y renunciar positivamente y para siempre a todos estos aspectos de sí mismo que no ofrecen ninguna utilidad desde el punto de vista de su crecimiento interior, o que se le oponen. Estos aspectos son ante todo su «falso Yo», y luego todas sus ideas fantásticas sobre su «individualidad», su «voluntad», su «conciencia», su «capacidad de hacer», sus poderes, su iniciativa, sus capacidades de decisión, y así sucesivamente.

"Más para llegar un día a ser capaz de ver una cosa todo el tiempo, hay que verlo primero una vez, aunque sea por un segundo. Todos los nuevos poderes, todas las capacidades de realización, vienen de una sola y misma manera. Al comienzo se trata sólo de raras vislumbres que no duran sino un instante; luego éstas pueden reproducirse más a menudo y durar cada vez más tiempo, hasta que al fin, después de un larguísimo trabajo, se vuelven permanentes. La misma ley se aplica al despertar. Es imposible despertar completamente de un solo golpe. Hay que comenzar primero por despertar durante muy breves instantes. Pero hay que morir de golpe y para siempre, después de haber hecho un cierto esfuerzo, después de haber triunfado sobre un cierto obstáculo, después de haber tomado una cierta decisión, de la cual no se puede retroceder. Esto sería difícil y aun imposible, si no se hubiera hecho anteriormente un despertar lento y gradual.

''Pero hay miles de cosas que impiden que el hombre despierte y que lo mantienen en poder de sus sueños. Para actuar conscientemente con la intención de despertar, hay que conocer la naturaleza de las fuerzas que retienen al hombre en el sueño.

"Ante todo, hay que comprender que el sueño en el cual existe el hombre no es un sueño normal, sino hipnótico. El hombre está hipnotizado, y este estado hipnótico está mantenido y reforzado continuamente en él. Todo pasa como si hubiera ciertas «fuerzas» para las cuales sería útil y beneficioso el mantener al hombre en un estado hipnótico, con el fin de impedirle que vea la verdad y que se dé cuenta de su situación.

"Cierto cuento oriental habla de un mago muy rico que tenía numerosos rebaños de ovejas...

Bueno, el resto para otro día.  Hay numerosas tradiciones antiguas que tienen mucho que decir sobre el estado hipnótico del hombre y las fuerzas oscuras que lo provocan, pero será quizá material para futuras entradas. 


Pero ahora centrémonos en aquello que directamente ayude a preparar el terreno para “morir” y “renacer” espiritualmente.  De modo que el próximo día de Navidad, si nada lo impide, escucharemos antiguos consejos acerca de una de las herramientas más poderosas que existen para evocar sentimientos purificadores y cuyo arte fue olvidado, aunque preservado y rescatado por la tradición de los Padres de Desierto.
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[1] G.I.Gurdjieff citado en Fragmentos de una Enseñanza Desconocida, de P.D.Ouspensky. Capítulo 11, p-320-323.