domingo, 19 de mayo de 2013

El Mensaje del Anhelo


Orfeo y Eurídice 

No es difícil darse cuenta de que vivimos como seres insaciables, siempre queriendo esto y lo otro, constantemente en busca de satisfacción: “si pudiera tener ese coche y esa casa, sería feliz; si pudiera estar con esa persona, todos mis sueños se harían realidad... Y tras intentar de todo para conseguir ciertas metas, nos damos cuenta de que no es felicidad lo que viene, sino la presión de una hipoteca y otras preocupaciones. Y detrás de todo ello, el anhelo de siempre. La sensación de que “algo falta" está siempre presente y rara vez sabemos qué hacer con ella. Cuando no obtenemos lo que queremos, vivimos días de amargura, decepción, malestar y miedo. Pero incluso cuando conseguimos lo que queremos, seguimos sufriendo, pues no podemos mantenerlo para siempre. No importa qué obtengamos, siempre nos lanzamos a montañas rusas que nos dejan insatisfechos.
Sabiduría enseña que tratar de escapar de la angustia y el vacío no es la solución, porque eso sólo hace al problema más grande. Aquello a lo que te resistes persiste (C.G.Jung). Y como enseñan los Taoístas, hemos de ser como el agua, que fluye a través de los puntos de menor resistencia.
Muchos poemas antiguos se refirieron a esta situación de desasosiego en que vivimos, y mostraron la forma de afrontarla sabiamente. Pero los seres humanos hemos sido olvidadizos durante miles de años y vivimos cultivando negligencia. Hemos olvidado no sólo el conocimiento sobre nuestro papel en el cosmos, sino también nuestras raíces espirituales y culturales. El anhelo que sentimos nos pide establecer una conexión consciente con éstas y mirar dentro. Sin embargo, desde hace décadas se ha tendido a buscar respuestas en doctrinas orientales, olvidando que Occidente fue lugar de siembra para la Sabiduría, que es resbaladiza y emana de un mismo lugar: nuestro verdadero ser. 
Las semillas de la civilización occidental fueron sembradas por místicos y sabios como Parménides y Pitágoras. Paradójicamente, hoy la cultura occidental, ya decadente, es una imagen perfecta de la ansiedad y el deseo descontrolado, sobre todo el llamado American way of life, tan extendido. Occidente perdió la conexión con la Realidad prácticamente desde el comienzo, pues nadie escuchó a los maestros, debido a la edad oscura en que nació nuestra cultura. 
Afortunadamente, todavía podemos aprender de las enseñanzas de Parménides, Empédocles, Pitágoras, Heráclito o Sócrates. Así pues, es hora de detenernos y escuchar lo que el momento presente tiene que decir.
Como dice Empédocles a un alumno en uno de sus poemas, antes que nada necesitamos aprender a escuchar con todo el ser. Nuestro problema es que nunca abrazamos lo que sucede aquí y ahora, dentro y fuera de nosotros, con lo cual no podemos aprender del ahora.  
Tan pronto como sentimos el cuerpo y estado emocional, advertimos quizá tensiones y deseo de alcanzar algún tipo de alivio. El anhelo es una cualidad intrínseca de la vida, comunica algo importante que no atendemos debido a nuestra costumbre de ir siempre con prisas. Está presente en la forma en que las plantas crecen hacia la luz, en el canto de los pájaros, en el amor de un hombre por su amada, en la ilusión de un niño en la noche de Navidad, en la pasión de un flautista. Todo vibra y todo anhela retornar a la fuente. 
Existe un enigmático poema que se convirtió en una piedra angular de nuestra civilización occidental. Fue escrito por Parménides de Elea (nacido en el año 515 antes de Cristo), y describe su viaje a las Mansiones de la Noche, el mundo subterráneo, donde la diosa Perséfone mora y todos los opuestos –luz y oscuridad, vida y muerte, masculino y femenino– se reconcilian. El poema comienza como sigue:
Las yeguas me llevan cabalgando, tan lejos como el anhelo alcanza, tras hallarme en el legendario camino de la divinidad que conduce al hombre que sabe, a través de la vasta y desconocida oscuridad.
Parménides, lejos de abandonar su anhelo, lo sigue como hilo guía. La atención a nuestro anhelo tal vez no sea lo que estamos acostumbrados, pero no hay otro camino hacia la verdadera libertad, pues mientras vivamos, sentiremos la necesidad de volver a la Fuente, no en el futuro, sino ahora mismo. 
Y fue en las Mansiones de la Noche donde Parménides escuchó las dulces palabras de la diosa, una revelación que refleja nuestra vida inconsciente, la naturaleza de la Realidad y la manera de vivir en armonía con ella. Su mensaje divino es simple, y es que sólo hay un camino a la Verdad, a saber: que el Ser es y que no hay no-ser, es decir, sin burdas interpretaciones intelectualistas: todo forma parte del Ser y no es posible pensar o sentir algo fuera del mismo. Además, la diosa invita a sentir la unidad que subyace al mundo de los sentidos, con una simple acción: 
percibir consciente (noêin) y ser (einai), son uno y lo mismo. 
Algo que, lejos de ser pensamiento, como creen muchos "intelectuales", significa sentir de golpe todo lo perceptible aquí y ahora, tanto lo que emerge y se desvanece (pensamientos inclusive) como de lo que nunca cambia; las dos caras de la unidad. Nada hay fuera de lo que es.
A pesar de esta unidad, el anhelo nos devuelve a la vida de división y confusión, pero para llevar a cabo un propósito esencial, pues el olvido pertenece al propio curso del Ser. Todos tenemos una misión cósmica, que es realizar la unidad a cada momento; y otra individual, indicada por las vocaciones. Cada uno de nosotros nace con una esencia que debe ser desplegada siguiendo lo que las tradiciones chamánicas y místicos llaman el "canto personal". 
Sigue tu dicha y puertas se abrirán allí donde jamás pensaste que habría puertas –Joseph Campbell–.
Esto no quiere decir que nuestra misión sea fácil. La vida es un gran reto, y la dicha contiene tanta dulzura como la amargura, pues es unión de opuestos.

© 2009


Nota: para un bonito artículo sobre el anhelo, de Peter y Maria Kingsley: http://peterkingsley.org/pkoffice/images/KingsleysLonging.pdf

miércoles, 1 de mayo de 2013

Actitud, desde Arriba

Laguna de Walden, cercana a la cabaña de Thoreau


Pensamos que podríamos situarnos tras nosotros mismos, en el recto sentido. Por medio de un esfuerzo consciente de la mente podemos mantenernos desapegados de acciones y sus consecuencias; y todas las cosas, buenas o malas, pasan de largo como un torrente. No nos hallamos completamente inmersos en la Naturaleza. Podría ser el junco a la deriva en el arroyo, o Indra contemplándolo desde el cielo.  Podría verme afectado por la exhibición teatral; o, por otro lado, podría no verme afectado por un hecho que parece concernirme en mayor grado. Sólo me conozco como entidad humana; la escena, por así decirlo, de pensamientos y afecciones; y percibo cierta doble consciencia gracias a la cual puedo permanecer tan alejado de mí como de cualquier otra persona. Independientemente de la intensidad de mi experiencia, soy consciente de la presencia y actitud crítica de una parte de mí que, por así decirlo, no es parte de mí, sino un espectador que más que involucrarse en la experiencia, toma nota de ella, y eso no es más yo que tú.  Cuando la obra teatral de vida, que podría ser una tragedia, se acaba, el espectador sigue su camino. No fue más que una ficción, una obra de la imaginación en la medida en que se interesó en ella. Ese doble podría fácilmente hacernos pobres vecinos y amigos a veces. 
(Walden, La Vida en el Bosque, Capítulo Soledad, Henry David Thoreau, 1854).

Los aspectos más relevantes de nuestra vida son a menudo los más sutiles, sin embargo, apenas les prestamos atención. Esto es incluso más cierto con respecto a lo que Henry Thoreau intenta apuntar aquí. ¿Qué quiere decir situarnos detrás de nosotros mismos? ¿A qué tipo de percepción hace alusión? Al comienzo alude a un esfuerzo de la mente a través del cual podemos permanecer desidentificados de los ajetreos de la vida, como simples espectadores, pero acaba siendo más explícito, mencionando una enigmática doble consciencia  –y de difícil traducción (doubleness, en el original). Y la experiencia nos revela que dicha consciencia implica mucho más que la acción de nuestra mente cotidiana. Lo que buscamos pertenece a un terreno más profundo o elevado; es una “mirada desde Arriba”, es decir, por encima del nivel del pensamiento conceptual y las emociones. Y parece ser que sólo nos alcanza cuando nuestro ser se “abre” como una flor, recibiendo impresiones puras. 

Con todo, aquellos realmente involucrados en alguna práctica interior saben que la mente y el cuerpo juntos son muchas veces incapaces de establecer contacto con esa “profundidad” pues al organismo le falta cierta energía. Es entonces cuando debemos preguntarnos: ¿dónde ponemos nuestra atención? ¿cómo empleamos nuestra energía? ¿en qué situaciones la desperdiciamos? Seguramente, si viviésemos como debiéramos, el “combustible psíquico” estaría más disponible, especialmente cuando más se le necesita, y entonces la calidad requerida de atención de la mente hacia sí misma, al cuerpo y al mundo en general, sería posible. 

Un maestro dijo en cierta ocasión que nunca sopesamos nuestra vida lo suficiente, que nunca contemplamos lo suficiente. Por ello, estas reflexiones y constataciones han de ser siempre recordadas.

Curiosamente, al recibir una nueva infusión de vida, quizás nos sintamos animados a continuar con nuestra contemplación silenciosa y meditaciones diarias, pero incluso entonces nos olvidamos de algo más importante, y no es exactamente un esfuerzo físico o de la mente sino más bien una actitud lúcida ante la cual la vida humana aparece de repente llena de vanidad e ilusiones insignificantes, como esa exhibición teatral mentada por Thoreau. La “actitud correcta” era precisamente uno de los aspectos del óctuple sendero señalado por un maestro llamado Siddharta. Ahora es nuestra tarea hallar y cultivar esa actitud humilde. Tal vez así accedamos a la “atención correcta” y la “comprensión correcta”. Huelga decir que esa actitud nada tiene que ver con “ganar” o “adquirir” algún estado sereno ideal o cualquier otro don para nosotros. La idea distorsionada que tenemos de nosotros mismos es precisamente la raíz de todas nuestras ilusiones y actitudes egoístas, que al final son auto-destructivas. Con ellas no podemos ni crecer interiormente, ni perdonar ni repartir luz en medio de un mundo insano. Con razón lo antiguos cuentos y mitos insisten en que sólo la pureza de corazón conduce a la Realidad.










martes, 9 de abril de 2013

Addendum II: El Jesús de las Tradiciones Sapienciales

Jesús y sus discipulos, de James Tisot (1890)



La última vez dejamos abierta la posibilidad de la existencia de Jesús de Nazaret. Sin embargo nunca dijimos que era exactamente como la historia lo ha presentado. Pues bien, ahora hemos de dejar atrás prejuicios, ya que el Jesús que dejó huellas en la historia no encaja en "el estereotipo" de las películas. Incluso las hipotéticas fuentes judías describen a un Jesús que estaba más cerca del llamado paganismo que del judaísmo oficial o del cristianismo disoluto de los siglos posteriores. Huelga decir que la enseñanza contenida en los evangelios tiene un carácter místico-esotérico que pone al verdadero cristianismo en relación directa con tradiciones de Sabiduría y no con dogmas o instituciones.

La prueba de que Jesús fue más o menos conocido en ciertos círculos la tenemos quizá en cierto filósofo estoico llamado Mara bar Serapión, quien en una carta a su hijo alude sin duda a Jesús de una manera muy poco convencional. La carta se conserva actualmente en el Museo Británico de Londres, y a pesar de que está contenida en un manuscrito siriaco del siglo VII, está fechada entre en el siglo II y finales del I. En ella se lee lo siguiente:

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samos cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó a aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samos fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado[1]

Puesto que Jesús era tradicionalmente considerado  Rey de los Judíos, y no hay otro rey sabio que encaje en este contexto, la carta sólo puede estar refiriéndose al hombre que trajo la enseñanza cristiana revolucionaria en medio de un ambiente judío. Y la forma en que el filósofo se refiere a él es todo menos apologética o dogmática, y además similar, por cierto, a la referencia de Flavio Josefo, quien llamó a Jesús "hombre sabio" –algo que un "cristiano convencional" nunca haría, insistimos–.

Los otros dos personajes de la carta, Pitágoras y Sócrates, son también figuras notables sobre las que que se han desarrollado leyendas y mitos con "fines educativos" (i.e Sócrates como protagonista de los diálogos de Platón). Sin embargo, hoy en día muy pocos podrían negar la existencia de esos dos hombres. Es cierto que fueron mencionados por filósofos e historiadores, pero también lo fue Jesús, aunque en menor medida, pues fue sin duda una "figura elusiva", como todos los grandes maestros espirituales de la humanidad. ¿Cuánto sabemos acerca de Sidarta Gautama el Buda al margen de las leyendas?

Escasa es también la información sobre una hermandad judía conocida como los Esenios, portadores de la enseñanza mística hebrea y autores de los rollos del Mar Muerto. Curiosamente, hay pistas que indican que Jesús estuvo de algún modo ligado a este grupo, sin pertenecer a él. Una es su falta de comunión con el judaísmo oficial, del cual criticó su dogmatismo e hipocresía, como harían los místicos Esenios. Por otro lado, como ya apuntó el filósofo y ex-papa Joseph Ratzinger, Jesús debió de guiarse por el calendario ritual esenio, lo cual explicaría algunas aparentes contradicciones en los evangelios. Además, tampoco sería extraño que Jesús hubiese recibido su primera iniciación de los Esenios, quienes le habrían ayudado a "recordar su naturaleza" y a despertar su potencial. Alguien tuvo que hacerlo, pues un niño y un hombre joven necesitan de cierta guía, incluso si su nivel de ser es muy elevado. Pero eso es otra historia que requeriría una reflexión más larga. Hay toneladas de especulación al respecto de los “años ocultos” de Jesús.

Es interesante apuntar que Galilea era un auténtico cruce de caminos, punto de encuentro entre el Este y el Oeste, y no lejos de Nazaret, donde supuestamente se crió Jesús (Mateo 2: 23), había una famosa ciudad llamada Séforis, donde las tradiciones mistéricas      resonaban incluso en los lugares más inesperados, como en la propia Sinagoga de Séforis, que tiene un interesante mosaico en el suelo con una imagen del carro de Helios, el Sol, rodeado por las doce constelaciones [2] ¿No es una curiosa coincidencia?

El hombre que transmitió la enseñanza cristiana en Judea seguramente no ignoraba estas "corrientes culturales". Y dada la naturaleza y conceptos de los evangelios, sus discípulos debieron recibir una profunda formación espiritual en armonía con diferentes sistemas filosóficos y el antiguo lenguaje del mito, con el fin de difundir la enseñanza de manera apropiada.

Por estas y otras razones, es arriesgado pensar que Jesús vivió todos los episodios de los Evangelios "literalmente"; además de incorporar un "nivel histórico", éstos significan varias cosas más, como ya se vio en anteriores artículos. Para dar sólo otro detalle, si el Talmud realmente se refiere al Jesús cristiano, entonces a lo mejor éste no tuvo doce discípulos:

Nuestros rabinos enseñaron: Yeshu tenía cinco discípulos - Mattai, Nakkai, Netzer, Buni, y Todah (Sanhedrín 43a).

En cualquier caso, los detalles relativos a la figura de Jesús no son tan importantes como la enseñanza. Sin embargo, es importante darse cuenta de que alguien extraordinario debe haberla inspirado. Eso no surge de la noche al día, así porque sí.

En primer lugar, la cultura humana normalmente se rige por la "inercia" y por lo tanto cualquier cambio transformador implica "nadar contra corriente", lo que sólo puede ser realizado por personas muy voluntariosas e inteligentes, sobre todo en edades muy oscuras, como los comienzos de la Era Cristiana.

Una respuesta más profunda se encuentra en una Cadena Dorada de tradiciones que han transmitido, desde la remota antigüedad, que hay períodos de tiempo en que ciertos individuos con un alto nivel de perfección han de nacer en la tierra para abrir "nuevos ciclos" y guiar a la humanidad. Dichas tradiciones los consideran "encarnaciones" de diferentes niveles de Consciencia y les asignan diferentes nombres, dependiendo de su "nivel de ser y origen", el más alto de los cuales es la Luz-Inteligencia (el Pleroma y Noûs del Gnosticismo y 
Helenismo respectivamente). En la tradición gnóstico-cristiana Jesús, "el hombre", fue el más importante de los mensajeros, siendo el "vehículo" empleado para el descenso del llamado Hijo, que mora en Pleroma, el Océano de Luz. El antiguo gnóstico Valentino incluso señaló cómo dicho descenso se simboliza en los Evangelios con el bautismo de Jesús, momento en que Jesús se convierte en el Cristo (Christós  significa Ungido en griego, igual que el término hebreo Messiah). De ahí que sea necesario distinguir entre un Jesús histórico de carne y hueso, y el Cristo, es decir, el "arquetipo de Luz" que los humanos aspiran a recibir para ser "salvados" del proceso de sufrimiento, muerte y repeticiones inútiles. Ésa es también la razón por la cual a aquel mensajero  se le llamó Yahshua, "Vida que clama y salva". [3]

En la tradición hindú los mensajeros reciben el nombre de Avatares, que es precisamente el título dado a Jesucristo en la India, donde se lo equipara al Señor Krishna –el parecido de las palabras no parece coincidencia.  [4]

Ha habido también avatares asociados a "planetas", como el príncipe Sidarta Gautama, que encarnaría el arquetipo del Buda, el Despierto.

En cualquier caso, aunque no hubiera ninguna evidencia que apoyase la existencia de avatares –que no es el caso– las enseñanzas que se les atribuyen seguirían siendo la llave para vivir la Realidad, ya que están destinadas a ayudar a los seres humanos a crecer completamente. En este sentido, tanto las discusiones escolásticas como las "posturas de desprestigio” pierden por completo el sentido, por lo que sólo pueden contribuir a reforzar el estado de sueño que esclaviza a la humanidad moderna.
__________________
[1] Penna, Romano:
Ambiente histórico-cultural de los orígenes del cristianismo: textos y comentarios, pág. 319, Bilbao, 1994. 


[3] El término “ungido” (christós, messiah) alude al hecho de ser literalmente "bañados" por emanaciones de energía provenientes de niveles superiores de Ser, lo cual implica un proceso de auto-perfeccionamiento y no creencia ciega. 

[4] No debe confundirse con el concepto budista de Bodhisattva, que es un alma humana que, después de llegar a un nivel bastante alto de perfección decide regresar a la Tierra con el fin de ayudar.




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miércoles, 3 de abril de 2013

Addendum I: Buscando Al Jesús Histórico


Jesús Pantócrator
Mosaico de Hagia Sophi (Estambul)


Como dijimos en el primer artículo sobre la Pascua, las escrituras sagradas como el Nuevo Testamento tienen siete niveles de interpretación y comprensión. Aquí nos centramos en dos, y ahora es el momento de reflexionar sobre su protagonista histórico, ya que la existencia de Jesús ha sido cuestionada desde diferentes puntos de vista y ninguno de ellos parece riguroso y convincente.

Con el fin de negar la existencia de Jesús muchos investigadores simplemente se centran en las pocas fuentes históricas tempranas que aluden a los cristianos, a Cristo o a Cresto (i.e Suetonio, Tácito, Plinio el Joven, etc), y por supuesto, en el testimonio del historiador judío Flavio Josefo, que a pesar de hablar de "Jesús", llamándolo "hombre sabio", su texto está lleno de "interpolaciones cristianas" que nunca podrían ser atribuidas a un judío, y es por lo tanto considerado como una "falsificación" (aunque también se podría argumentar que la expresión "hombre sabio" es impensable en boca de cristianos fervientes que pensaban que él era, no sólo el hijo de Dios, sino Dios mismo, y por lo tanto, habría partes del texto que son de Flavio).

Otros investigadores se aventuran a tomar la interpretación astro-teológica como una prueba definitiva de que Jesús no existió. Probablemente porque ignoran que es "lógicamente imposible" probar que algo no existe o no existió; las leyes de la razón son muy claras en ese sentido. A lo sumo se puede sugerir "improbabilidad", pero éste no es precisamente el caso.

Sin ánimo de extendernos demasiado, veremos algunos puntos que son cruciales pero a menudo ignorados.

En primer lugar no sería serio descartar lo que parecen ser referencias a Jesús en el Talmud y otros textos judíos. Y dado que éstos requieren una reflexión extensa aquí sólo mencionaremos unas pocas y nos centraremos en una de las más claras. Está contenida en uno de los tratados de la Mishná, que forma parte del Talmud (la versión babilónica en particular), y recoge acontecimientos y tradiciones que se remontan largo tiempo atrás, como los juicios del tribunal judío, el Sanhedrín [1,2,3, 5]:

Es tradición: Jesús el Nazareno [Yeshu ha-Notzeri] fue colgado la vigilia de la Pascua. Cuarenta días antes el heraldo había anunciado: “Se le conduce fuera para ser lapidado, porque ha practicado la hechicería y desviado a Israel del camino, conduciéndolo a la apostasía. Quien tenga algo que decir, venga y hable”. Dado que nada fue presentado en su defensa, fue colgado la vigilia de la Pascua” (Sanhedrín 43a).

Este pasaje del siglo II d.C viene seguido por un comentario posterior que data del año 300 d.C:

Ulla dijo: "¿Y suponéis que para él [Jesús el Nazareno] un revolucionario, había algo en su favor? Él era un seductor, y el Misericordioso [Dios] ha dicho (Dt. XIII, 8): “no lo escatimarás ni lo encubrirás”. Pero era diferente con [Jesús el Nazareno] pues estaba cerca del reino

Algunos estudiosos han argumentado que el nombre Jesús Nazareno aludiría a un rabino del 100 a.C que se menciona en Sanhedrín 107b; pero esto ha sido puesto en duda ya que el caso de dicho rabino aparece en otros textos y su nombre no es mencionado. Por el contrario, el apelativo de “Nazareno” es una de los más famosos epítetos de Jesús, mencionado en el Nuevo Testamento (Mateo 2:23), y los cristianos también fueron llamados Nazarenos en antiguos textos históricos.

Por otra parte, la última frase del comentario de Ulla puede ser interpretada como un comentario irónico, pues parece referirse a afirmaciones de Jesús tales como: Mi reino no es de este mundo (Juan 18:36).

También es notable que el Jesús del texto talmúdico fuera "colgado" (expresión que en esos días podía aludir a la crucifixión romana) justo en la fecha que se indica en los Evangelios (Juan, 19:14): la víspera de la Pascua, y por las mismas razones (por atraer la atención de los Judíos, afirmando ser el Mesías, el Hijo de Dios, etc).

En 1930, el erudito alemán Hans Lietzmann publicó un documento rechazando el valor histórico del "juicio de Jesús" que se describe en los Evangelios. Su principal argumento era que al tribunal judío, el Sanhedrín, tenía concedido el ius gladii, es decir, el derecho a ejecutar pena capital, y dado que los Evangelios afirman que Jesús fue crucificado por los romanos, presionados por el Sanhedrín, la pregunta sería: ¿por qué los judíos no lapidaron a Jesús si tenían derecho a hacerlo? Sin embargo, la razón es muy simple:

Después de la destitución de Herodes el Grande, gobernador de Judea (que murió en el año 4 a.C), dicha provincia comenzó a ser gobernada enteramente por los romanos, y durante un largo período de tiempo el poder del Sanedrín quedó limitado. De hecho, el Talmud –tanto el de Jerusalén como el de Babilonia– confirma que "40 años antes de la destrucción del Templo" –que ocurrió en el año 70 d.C–, las "sentencias de muerte" no eran ejecutadas por el Sanhedrín, porque estaba prohibido. Y el caso mencionado por H.Litzmann, basado en a una inscripción, fue una excepción concedida por los romanos, como se desprende de las crónicas de Flavio Josefo (Antigüedades Judías XV, 417- Bellum Judaicum. VI, 124-126). Por otra parte, este historiador judío informó de un caso en el que fue detenido otro hombre llamado Jesús, hijo de Ananías, y el Sanhedrín lo envió a los romanos para ser ejecutado (Bell.Jud VI, 300-309). [5]

El otro argumento que se ha propuesto en contra de la validez histórica del "juicio y la crucifixión de Jesús" se basa en comentarios tardíos de la Mishná que establecen que el Sanhedrín no podía condenar y ejecutar a gente en el mismo día, especialmente si se trataba de un día de fiesta o víspera de la Pascua, ya que las ejecuciones debían hacerse un día después de la sentencia de muerte. Sin embargo, algunos expertos se han dado cuenta de que esto tampoco es aplicable en el tiempo de Jesús, pues los líderes judíos no eran los fariseos, quienes introdujeron esa ley, sino los "estrictos" saduceos (con los cuales Jesús discutió, de acuerdo con los evangelios; el mismo Caifás, sumo sacerdote del Sanhedrín que le condenó, era el saduceo). Y su ley les permitía juzgar y enviar a ejecución en el mismo día. A este respecto Flavio Josefo se hace eco del juicio de Herodes el Grande ante el Sanhedrín. Al parecer, Herodes pudo escapar tan sólo porque un sacerdote del tribunal era amigo suyo y pospuso la pena capital para el día siguiente, pero su esposa fue juzgada y asesinada en el mismo día (A.J XIV, 163-184). [5]

Es importante tener en cuenta el hecho de que las "crónicas judías" parecen un testimonio más valioso que las de los historiadores romanos, ya que los judíos fueron enemigos de Jesús y no tenían interés alguno en exaltar su figura o apoyar su existencia. Como reflejan los textos, para ellos él era un "loco", como cualquier otro falso profeta de aquellos días, y por sus obras milagrosas lo consideraron “poseído por demonios”. Otra de las referencias talmúdicas (recogida en S.III d.C) se muestra en esa línea (en conexión con Marcos 14:62):

"Habla el rabino Abbahú: Si un hombre te dice 'Yo soy Dios' miente; 'Yo soy Hijo del Hombre', se ha de arrepentir al final; 'yo subiré al cielo', lo dice y no puede realizarlo” Talmud de Jerusalén Taanith-65b). [2]

 Dada esa aversión, el filósofo de la religión Pinchas Lapide escribe lo siguiente: 

"Es verdaderamente sorprendente que el hijo más famoso de Israel, aquel a quien Occidente ha convertido en su Dios, haya dejado en los anales religiosos del judaísmo escasas, oscuras, y a menudo negativas huellas. En los escritos talmúdicos, que se extienden a lo largo de más de 15.000 páginas, sólo se habla de Jesús, del judío creyente Jesús, en unas 15" [4].

Es más, las referencias a Jesús de Nazaret llegaron a ser tan "incendiarias" que en 1631 fueron censuradas por la Asamblea Judía de Ancianos en Polonia, como si tuviesen miedo. A ello se suma lo siguiente [2]: 

“En un principio, las palabras [referentes a Jesús] parcialmente eliminadas que estaban impresas en los Talmuds fueron indicadas con pequeños círculos o espacios en blanco, pero con el tiempo, éstas también fueron prohibidas por los censores.
Como resultado de la censura doble, los volúmenes habituales de la literatura rabínica contienen sólo un remanente distorsionado de supuestas alusiones a Jesús ...” (pp.58-59)
"Afortunadamente, las copias no censuradas de los textos anteriores al 1631 se pueden encontrar en la Universidad de Oxford y varias bibliotecas europeas. Así pues, las afirmaciones sobre Jesús nunca llegaron a perderse realmente". (Ibid, pp.1-2)

Hay otras muchas citas y elementos que se adaptan perfectamente a la naturaleza histórica de Jesús y sus circunstancias, incluyendo pasajes de los Evangelios, pero esto ya se ha expuesto hasta cierto punto en algunos libros. Con todo, hay aspectos profundos de la historia del cristianismo que suelen quedar relegados por la mayoría de los estudiosos. 

En el próximo artículo veremos otras citas antiguas, incluyendo una proveniente de Siria, y sacaremos conclusiones, algunas de las cuales incluso se pueden apoyar en otras tradiciones sagradas.
_________________
Fuentes
[1]. Jesús de Nazaret. Joseph Klauser, Edición Paidós Ibérica S.A, Barcelona, 1989.
[2].Jesus in the Mishnah and the Talmud. Dr. Robert A. Morey (ensayo breve)
[3]. He Walked Among Us: Evidence For The Historical Jesus. Josh McDowell & Bill Wilson. Thomas Nelson Publishers-Nashville TN, 1993
[4]. ¿No es Este el hijo de José? Jesús en el verdadero judaísmo. Barcelona, ​2000, p.90. P.Lapide.
[5]. Los Orígenes Históricos del Cristianismo. José Miguel García, Ediciones Encuentro, SA 2007
[6]. Der Prozess Jesu. J.Blinzer, Regensburg, 1969.
[7]. Artículo acerca las fuentes judías sobre Jesús:

domingo, 31 de marzo de 2013

Pascua Arriba, Pascua Abajo – Parte V

Tympanum of the Church of St.Trophime, in Arles 

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. De pronto hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Pero el ángel dijo a las mujeres: «No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos y va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis. Ya os lo he dicho (Mateo, 28, 1-7).
Sorpresa es también darse cuenta de varios matices curiosos. En primer lugar no podemos dejar de preguntarnos por qué en inglés la Pascua recibe el nombre de Easter, que apunta al Este, donde sale el Sol, que cada año recorre un círculo, Galil, de constelaciones.
Y justo “tres días” después del comienzo del Solsticio de Invierno –situado entre el 21 y el 22 de Diciembre– llega la Navidad, erróneamente asociada al nacimiento de Jesús, pero que desde antiguo corresponde con la celebración babilónico-romana del nacimiento del Sol Invictus, el Sol Invencible, Mitra, Lucifer, la Luz astral atrapada en la materia. 

A partir de ese momento el Sol inicia de nuevo su ascenso por el horizonte, haciendo a los días más y más largos. 
Unido a esto, no es menos relevante que cuando nuestra hermosa tierra alcanza su máxima inclinación en sus dos solsticios (verano e invierno), tarda un poco en comenzar a inclinarse hacer el otro lado mientras rota y viaja alrededor del Sol. Debido a ello, durante ese período de “tres días” Helios asciende por el mismo punto y da así la impresión de permanecer atado a un poste, cual “ajusticiado”. De ahí la expresión “solsticio”, del latín “sol” y “stitium” (parón) o “sistere” (permanecer).
Así, no parece casual que ya en evangelio, antes del primer solsticio, se anuncie lo siguiente:
Porque así como tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de un gran pez, también tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en las entrañas de la tierra (Mateo 12:40).
Habiendo tocado fondo y morado tres días en la Oscuridad, el Héroe Solar comienza de nuevo su ascenso, “siempre hacia delante”, dejando atrás el signo de Capricornio en el horizonte. 

En el siglo XIX algunos eruditos vieron que tal vez ése era el significado del rito judío de las dos cabras en el Yom Kipur. A una se la sacrificaba, mientras que a la otra se la dejaba escapar para despeñarse en el monte, cargando con los pecados de Israel. Y dado que a Jesús se le llamó el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan I:29), algunos intérpretes lo consideraron como la “cabra de escape” a la que aludían las profecías judías (Isaías 53) [1].

En un sentido la cabra que sube al monte efectivamente aludiría al ascenso del Sol hacia el nuevo signo. El 20 de enero entra en Acuario, el Aguador –signo posiblemente relacionado con el famoso Hijo del Hombre, otro de los apelativos de Jesús–. Finalmente Helios pasa por Piscis y alcanza de nuevo Aries, Primavera, tiempo de Pascua. Se completa así su "resurrección" a través de tres signos  –todavía invernales–, que son en realidad "tres días solares", lo cual encaja con el "tercer día de resurrección". De ese modo, ni siquiera la fecha de celebración de la Pascua parece aleatoria.
Con todo, el universo también se halla dentro de nosotros, pues como Platón sugirió en la República, hay en realidad "tres soles": el físico, el fuego de la psique y el espiritual. Por lo tanto la resurrección solar es un “renacimiento” en tres niveles. Así, también es preciso morir y resucitar a nivel anímico, conquistando las pasiones oscuras y la "mente-asno" que nos mantiene atados a círculos viciosos dañinos. Al viajero se le invita a cabalgar el Asno, como hiciera Jesús en la entrada triunfal con la que comenzamos. La imaginería llegó incluso más lejos, pues otro de los símbolos cristianos, incomprensible para muchos, es el “asno crucificado”:

Grafito de Alexemenos (Wikipedia)


Algunos creen que se trataba de una mofa hacia Jesús, pero no parece el caso, pues hay una referencia histórica a la adoración cristiana del símbolo, como veremos. Además, la misma enseñanza se hallaba en Egipto, donde el crucificado era un Seth con cabeza de asno. Y es lógico, teniendo en cuenta que, quien ríe el último, ríe mejor. Al final la situación se invierte, ya que el dominio vertical de las dos estrellas Asno que aparecían en Cáncer, desaparece cuando Helios abandona Capricornio. Tal vez ésa es la razón por la que autores antiguos –i.e Platón y Porfirio [2]– consideraban a Cáncer como la Puerta del Hombre –donde las almas se encarnan en la Tierra–, y a Capricornio como la Puerta de los Dioses –donde retornan a la Fuente–.

Quedaría por ver la mayor parte del ministierio de Jesús, pero cae fuera de la Pascua. Aunque es tarea de cada uno descubrir las conexiones en el propio “alma”, estudiando los cuatro evangelios. Es iluminador ver cómo el encuentro de Jesús con San Juan el Bautista encaja con el simbolismo de Acuario, que es seguido de Piscis, que está ligado a su vez al momento en que Jesús recluta a sus primeros discípulos, “los pescadores”.
Antes de cerrar la Pascua, merece la pena señalar que según se desprende de los evangelios, la llegada del Hijo del Hombre –Acuario–, constituye una Segunda Venida que es de Espíritu, y también tendría tres niveles. Los evangelios enseñan que cada sincero buscador debe recibir su bautismo de Agua (Psyche) para poder soportar el de Espíritu (Pneuma) y el de Fuego (Padre, Aither). Sin duda alguna éste uno de los aspectos de la enseñanza más enigmáticos y profundos, dado que también se relaciona a una época que aún está por llegar, si es que no ha comenzado ya. 
Dicho “llamamiento interno” se relaciona no con la cuenta anual que hemos visto en estos artículos, sino con la “cuenta precesional”, que también era marcada con los doce signos zodiacales. Seguramente surgirá como tema central en otros posts. Tan sólo recordemos que cada mes Precesional Platónico dura aproximadamente 2160 años y recibe una “influencia solar” ligeramente distinta, pues Helios no está quieto, sino que a su vez se mueve alrededor de otra estrella al lo largo del Año Platónico (24,000-25920 años aprox) [3] [4]. Y según la precesión de los equinoccios, la tierra está abandonado el Mes de Piscis –simbolizado por los peces cristianos–. Con todo, a pesar de que el movimiento de las estrellas se mide de modo matemático, parece ser que la influencia solar de cada Mes Platónico, siempre comienza a hacerse sentir antes del inicio exacto, como bien queda reflejado en los ciclos evolutivos e involutivos de la humanidad. Por eso, alguien muy sabio dijo aquello de:
Velad, pues no sabéis ni el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mateo 25: 13). 
En otras palabras: manos a la obra.
Con esto damos por terminada la Pascua y dejamos para la semana que viene la cuestión del Jesús histórico, que habremos de abordar desde posturas fuera de lo convencional. 
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Respecto a la bibliografía recomendada sobre los temas tratados, lo mejor es leer a los clásicos de la antigüedad, los textos sagrados y a autores decimonónicos como Robert Taylor, Kersey Graves o Frances Rolleston, sacando conclusiones propias. De todos modos, los siguientes libros inspiraron bastante esta investigación:
1.Hamlet’s Mill: An Essay Investigating The Origins Of Human Knowledge and its Transmission Through Myth. Hertha von Dechend y Giorgio de Santillana, 1969.
2.La Serpiente Celeste: Los Enigmas de la Civilización Egipcia. John Anthony West. Ediciones Grijalbo, 2000. 

3.El Héroe de las Mil Caras. Joseph Campbell.

4.The Power of Myth. Joseph Campbell and Bill Moyers.

Referencias:
[1] Historia sobre las constelaciones, i.e Capricornio:
http://www.constellationsofwords.com/

[2] De manera explícita en El Antro de las Ninfas de Porfirio, y de manera velada en el Timeo y la República de Platón (libro X, mito de Er).



[3].La Ciencia Sagrada. Swami Sri Yukteswar (sobre astronomía védica y el paralelismo entre cristianismo e hinduismo)
[4].Lost Star of Myth and Time. Walter Cruttenden. St.Lynn´s Press, 2006. (sobre la estrella compañera del sol)




sábado, 30 de marzo de 2013

Pascua Arriba, Pascua Abajo – Parte IV




Tras la crucifixión, llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús. Éste llegó ante Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y corriendo una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue (Mateo 27, 56-60).

Si recordamos, en el nivel de compresión astronómico, Helios alcanza su sacrificio en la hora Novena, y es atravesado por la flecha de Sagitario, signo del noveno mes, Noviembre. A su muerte, Helios desciende por completo a las entrañas del inframundo, el sepulcro del evangelio. Nos encontramos en Solsticio de Invierno del 21 de Diciembre, punto de máxima oscuridad, día más corto del año, marcado en el cielo por Capricornio, que es el décimo signo. De ahí que Diciembre  –del latín, Deca– fuese siempre el décimo mes, y no el doceavo. Naturalmente, esto concuerda con el simbolismo del Diez, que como enseñó Pitágoras, es el símbolo de la “completud”. 

Y respecto al inframundo hemos de destacar que posee un carácter “purificador”, más que aterrador. Numerosas culturas antiguas describen esta oscura etapa como un viaje en el que se encuentran “guardianes” que, o bien devoran a las almas débiles que sólo tienen pasiones bajas y carecen por tanto de “espíritu”, o bien ayudan a las almas humano-divinas a deshacerse de las últimas ataduras anímicas para así poder ascender a las regiones de luz. En Egipto e India esos guardianes se representaban con la figura de un Cocodrilo o un Hipopótamo, o una mezcla de ambos; y dichos animales estaban asociados al signo híbrido de la Cabra-Marina o Capricornio, símbolo también de la "naturaleza dual de la psique". Resulta curioso comprobar cómo el propio Leonardo Da Vinci parece haber plasmado esta imaginería en el cuadro que vimos el otro día, la Última Cena, donde el apóstol que correspondería a Capricornio realiza un peculiar gesto con los brazos. ¿A qué parte del cocodrilo nos recuerda?

Y el siguiente día, que es el segundo día de la preparación [Sabbath, Sábado], se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos a Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después del tercer día resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; para que no vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos (Mateo 27: 62-64).
Sellada así la tumba de nuestro Héroe Solar, tendrá que ser mañana, pues, cuando prosiga la historia. Veremos entonces cómo el proceso da un giro sorprendente, donde el comienzo y el fin se tocan, donde los signos estelares se funden con nuestro alma y abren la puerta a un futuro de esperanza. 


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