sábado, 16 de enero de 2016

Meditación y Oración Centrante – Parte II

La Nube del No Saber y
 El Libro de la Orientación Particular


En la introducción a esta magnífica edición de ambas obrasWilliam Johnston dice lo siguiente [1]: 

Dios puede ser amado, pero no puede ser pensado; puede ser percibido por el amor, jamás por los conceptos. Así que...menos pensar y más amar.

Y aunque esto es cierto en un sentido, sólo tiene validez cuando el Camino de Transformación le hace a uno capaz de amar sin las barreras oscuras de la mente condicionada. 

El problema no es la falta de Amor, sino el Amor sin la ayuda de la humilde Sabiduría y la Fuerza para resistir la oscuridad. Ni siquiera la Fuente carece de esas cualidades.

El alma humana cumple un papel femenino con respecto a la silenciosa mente del Mesías. Y cuando el espíritu/voluntad une a ambas, la Luz amorosa de las esferas profundas desciende haciendo posible la transformación. Pero esto no puede tener lugar si no dejamos que la voluntad divina actúe a través de nosotros.


Si uno desconoce la manera en que la mente y el corazón se unen en el templo del cuerpo, el alma emocional queda llena de impurezas y es incapaz de reconocer la autoridad superior; es como una soltera.

Sin su "marido", el alma emocional se llena de pesar, envidia, orgullo, rencores y otros venenos, que no vienen del amor consciente, sino del amor emocional, el cual siempre se convierte en su opuesto. 

El amor por sí solo es peligroso; cuando se produce un bloqueo de la Luz por falta de Auto-Conocimiento y Voluntad, el Amor divino pasa a ser incomprendido, desde el amor emocional destructivo, ocasionando daños a nivel físico y psicológico.

Todas las enfermedades y guerras de la humanidad se deben al Amor y Luz no liberados, reprimidos en emociones negativas. 

El Reino de los Cielos del que habla la Tradición hebrea es el Cielo en la Tierra, y ahí no hay ni guerra, ni muerte ni enfermedad, pues los humanos lo habitan ya son seres con el cuerpo de luz, corazón y el espíritu restaurados.

Compréndase que el humano de hoy en día ya no es Árbol de Vida, ya no es imagen perfecta del Eterno, sino que está caído, siendo una imagen deformada, un árbol de Muerte.

Por tanto, el Amor que desciende de arriba puede ser tanto una cura para restaurar la imagen como el mayor destructor si no se le deja entrar ni se le cultiva.

Prueba de ello son todas las matanzas y sinsentidos que se realizan en nombre de Dios o bajo el amparo de la parafernalia de las religiones exteriores.

El auto-conocimiento a todos los niveles es necesario para ir más allá de los límites de la religión exterior, la cual tiene valor sólo como introducción o pista, más no como medio último para crecer y entrar en el Reino.

En ese sentido deben comprenderse las advertencias de La Nube del No Saber:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cualquiera que seas el que tiene en sus manos este libro, has de saber que te impongo una seria responsabilidad y las más severas sanciones que puedan soportar los lazos del amor. No importa que este libro sea tuyo, que lo estés guardando para otro, o que lo tengas prestado. No lo habrás de leer, ni escribir o hablar de él, ni permitir que otro lo haga, a menos que creas realmente que es una persona que, por encima y más allá de las buenas obras, se ha resuelto a seguir a Cristo [la Conciencia Maestra, el Masías interior y la Enseñanza transmitida desde Adam] (en la medida de lo humanamente posible con la gracia de Dios) hasta las más íntimas profundidades de la contemplación.

En cuanto al método de encaminarse hacia la contemplación, lo describe así:

He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón al Maestro; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones [sin buscar resultados: amor, luz, paz...]. Centra tu atención y deseo en El y deja que sea esta la única preocupación de tu mente y tu corazón. Haz todo lo que esté en tu mano para olvidar todo lo demás, procurando que tus pensamientos y deseos se vean libres de todo afecto a las criaturas del Divino o a sus asuntos tanto en general como en particular. Quizá pueda parecer una actitud irresponsable, pero, créeme, déjate guiar; no les prestes atención. Lo que estoy describiendo es la obra contemplativa del espíritu. Es la que más agrada a Dios. Pues cuando pones tu amor en El y te olvidas de todo lo demás, los santos y los ángeles se regocijan y se apresuran a asistirte en todos los sentidos, aunque los demonios rabien y conspiren sin cesar para perderte. Los hombres, tus semejantes, se enriquecen de modo maravilloso por esta actividad tuya, aunque no sepas bien cómo. Las mismas almas del purgatorio se benefician, pues sus sufrimientos se ven aliviados por los efectos de esta actividad. Y por supuesto, tu propio espíritu queda purificado y fortalecido por esta actividad contemplativa más que por todas las demás juntas.

[…] Persevera, pues, hasta que sientas gozo en ella. Es natural que al comienzo no sientas más que una especie de oscuridad sobre tu mente o, si se quiere, una nube del no-saber. Te parecerá que no conoces ni sientes nada a excepción de un puro impulso hacia Dios en las profundidades de tu ser. Hagas lo que hagas, esta oscuridad y esta nube se interpondrán entre ti y tu Dios. Te sentirás frustrado, ya que tu mente será incapaz de captarlo y tu corazón no disfrutará las delicias de su amor.

Pero aprende a permanecer en esa oscuridad. Vuelve a ella tantas veces como puedas, dejando que tu espíritu grite en aquel a quien amas. Pues si en esta vida esperas sentir y ver a Dios tal como es, ha de ser dentro de esta oscuridad y de esta nube. Pero si te esfuerzas en fijar tu amor en El olvidando todo lo demás -y en esto consiste la obra de contemplación que te insto a que emprendas-, tengo la confianza de que Dios en su bondad te dará una experiencia profunda de Sí mismo. 

Consciente de que esto no es tarea fácil, el autor medieval anónimo sugiere algo que no debe confundirse con el mero mantra para embotar la mente, sino como mera afirmación para focalizar la intención:

Piensa solamente en Dios que te creó [dio la oportunidad de existir], que te redimió [en la Naturaleza de tu verdadero Ser] y te guió a esta obra. No dejes que otras ideas sobre Dios entren en tu mente. Incluso esto es demasiado. Basta con un puro impulso hacia Dios, el deseo de El solo. Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como Dios o Amor resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti. Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta palabrita, acuérdate de que su valor estriba en su sencillez. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos.


Con todo, el objetivo es ir más allá de toda palabra, como bien señala el autor medieval en su otra joya, Libro de la Orientación Particular:

Cuando te retires a hacer oración tú solo, aparta de tu mente todo lo que has estado haciendo o piensas hacer. Rechaza todo pensamiento, sea bueno o malo. No ores con palabras a no ser que te sientas movido a ello; y si oras con palabras, no prestes atención a si son muchas o pocas. No ponderes las palabras ni su significado.

Que este sosiego y oscuridad ocupe toda tu mente y que seas tú un reflejo de ella. Pues quiero que el pensamiento que tienes de ti mismo sea tan puro y simple como el que tienes de Dios. Así podrás estar espiritualmente unido a El sin fragmentación alguna y sin disipación de tu mente. El es tu ser y en El tú eres lo que eres, no sólo porque El es la causa y el ser de todo lo que existe, sino porque El es tu causa y el centro profundo de tu ser. […] Acuérdate de esta distinción entre El y tú: El es tu ser, pero tú no eres el suyo.

Como señala William Mening una entrevista aclaratoria [2]:

Esta oración [centrante] la lleva uno a cabo en y con el cuerpo de Cristo. No puede ser realizada como un acto solitario.

Al final de otra entrevista [3], el propio William Mening sugiere que el alma humana que aspira a entrar en Oración Centrante es como un bebé que se halla junto a la madre, al pie de una escalera, y desde el mismo instante en que el bebé comienza a gatear para subir hacia su Padre, el Padre que permanece arriba baja a recogerla por compasión. Lo mismo sucede cuando hay una intención pura el la Oración Centrante, llega un momento en que la contemplación llega sin esfuerzo pues algo superior está al mando.

Para finalizar, merece la pena escuchar a Thomas Keating describir la Oración Centrante:

https://www.youtube.com/watch?v=MzL1gt9imNE

______________
[1] La Nube del No Saber y El Libro de la Orientación Particular:


[2] Entrevista aclaratoria a William Mening 
http://www.cpfortworth.org/resource/MeninCP.pdf


[3] Entrevista de William Mening puede verse en:




sábado, 9 de enero de 2016

Meditación y Oración Centrante – Parte I

                   Entrevista a Thomas Keating, Basil Pennington y William Meninger


Cumpliendo la promesa, salvando toda división religiosa y pensamiento superficial new ageconviene aclarar posibles dudas y obstáculos respecto a la forma de contemplación descrita en La Nube del No Saber, magnífica obra atribuida a un anónimo monje cartujo del siglo XIV, y que él mismo completó con otra joya, El Libro de la Orientación Particular [1].

La enseñanza de dichas obras se basa en una meditación-contemplación que es simplemente vista como un silencioso beso entre el Eterno y el Hijo que mora en cada corazón humano, o bien entre el Esposo o Espíritu y la Esposa o Alma humana.  

Algo que recuerda a las palabras de Salomón:

Deja que me bese con el beso de su boca.
Son tus amores más deliciosos que el vino; son tus ungüentos agradables al olfato. Es tu nombre un perfume que se difunde; por eso te aman las doncellas [almas humanas]
 Cantar de los Cantares 1:2-3

Muchas culturas antiguas conocieron al Eterno en alguno de sus aspectos o atributos, como Espíritu creador y como proveedor, Madre tierra, pero nunca de forma tan completa como en la Enseñanza sobre el Camino, y mucho menos de una forma tan íntima. 

En los primeros siglos de la pasada Era de Piscis, los Padres del Desierto re-descubrieron que el grado superior de oración es el amor silencioso sostenido hacia el Único Maestro, y lo convirtieron en una disciplina, de un modo casi idéntico al método de La Nube del No Saber.

Ahora bien, descubrir su Amor dentro y ser capaces de descansar en el mismo, tumbados o sentados, sin movernos, requiere una guía, comprensión y disciplina espiritual muy sutil, ya que la mente tiende a caer en muchos auto-engaños y el corazón humano se ha endurecido tanto como una roca y apenas siente como debe. 

La Nube del No Saber comienza incluso con una advertencia que deja bien claro que esta enseñanza no es para cualquiera, sino para aquellos que están comprometidos con la senda interior, según los principios transmitidos por los que siguen el Camino. 

Pero lejos de ser una enseñanza secreta, ha salido a la luz para todo aquel que quiera beneficiarse, aunque no sin asumir la responsabilidad.

Fueron los monjes trapenses Thomas Keating, William Meninger y Basil Penington quienes popularizaron dicha forma amorosa de contemplación bajo el nombre de Oración Centrante, enseñando primero a sus compañeros, y más tarde a personas interesadas en la senda interior. 

Todo comenzó en los años 70, como un intento de hacer ver que en Occidente existen métodos tan valiosos como las formas de meditación oriental que comenzaron a ponerse de moda en esas fechas, debido a la pobreza espiritual del cristianismo convencional de masas.

Aunque como veremos, la aproximación a la Oración Centrante incluye meditación en sus primeros pasos, y de ahí puede llevar a la contemplación dichosa o incluso más allá, a la unión mística, que de ningún modo son actos que realiza el aspirante, sino que se producen espontáneamente cuando no hay resistencia.

Esta combinación de meditación, contemplación y unión es una especie de tres en uno que está despertando un interés creciente.

Las posibles similitudes y diferencias entre las artes orientales y occidentales se irán aclarando a medida que avancemos.

De momento, veamos lo que el Padre Thomas Keating dice con relación a la Oración Centrante:

El silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de resistencia hacia Dios.

Dios siempre está presente, somos nosotros los que estamos ausentes.

El anhelo que sientes por Dios es en realidad el anhelo que El siente por ti, y éste invita a una increíble y tierna intimidad sin palabras.

Estas sabias y simples palabras bien pudieran ser atribuidas a un místico sufí, como Rumi o Ibn Arabi, y sorprende escucharlas en boca de un monje cristiano católico, aunque no es uno cualquiera, sino el viejo Thomas Keating.

Comprender lo que quiere decir implica descubrir que nuestras “resistencias” son de tipo físico, mental y emocional. Ellas son las que nos impiden recibir la energía fina del Amor, lo cual nos causa dolor emocional y frustración.

Eliminar esas resistencias es precisamente el objeto de las formas auténticas de meditación, aunque no todas lo hacen en el mismo grado.

Una aproximación es la meditación discursiva, que trata de experimentar el contenido de una oración, o bien de sacar a la luz lo inconsciente por medio del razonamiento, indagando cuestiones tales como:


¿Qué pensamientos y creencias subsonscientes desencadenan emociones negativas: miedos, pereza, aburrimiento, tristeza, enfado, odio, rencor, soberbia...? 

¿Qué tipos de sensación y emoción hay y cómo se relacionan entre sí? etc

Luego está la meditación visual, muy propia de que  la filosofía kabalística, donde se potencia y proyecta una intención por medio de la concentración en símbolos y letras. 

Ahora, si bien la meditación discursiva y visual son útiles para aclarar el pensamiento y la relación alma-cuerpo, muchos olvidan la importancia de la silenciosa meditación analítica, la contemplativa y la devocional.  

Por desgracia hay mucha confusión al respecto y muchos acaban despistados. 

Muy de moda está la Meditación Transcendental, la cual utiliza un mantra como modo de transcender el pensamiento. El problema es que este tipo de meditación es limitada y conduce fácilmente a percepciones condicionadas. 

La Oración Centrante, que es más bien devocional, emplea como primer paso una palabra que tenga significado profundo para uno mismo, pero sólo para focalizar la intención y la atención cada vez que haya una distracción, nunca para anular la mente. Aquí es el anhelo y el amor lo que propulsa al practicante hacia su centro, como enseña La Nube del No Saber:


He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón el Maestro; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones [esto es, por sus beneficios: efecto embriagador y curativo]

Además, la Oración Centrante no trata de deshacerse de las distracciones, sino que las necesita y las utiliza para descartarlas y reafirmar la compasión y el amor una y otra vez. Si la mente divaga cien veces, la atención vuelve ciento una al amor, con el doble de fuerza.

Un tipo similar de meditación contemplativa es Dhyanael séptimo escalón del Yoga. En especial la modalidad del sufismo Naqshbandi, tal y como fue enseñada por Bhaisab y descrita por su discípula Irina Tweedie en la gran obra Hija del Fuego.

En Dhyana la mente también es absorbida por el Amor del Corazón silencioso, conduciendo a la unión mística.

Aquí, Dhyana y Oración Centrante coinciden, y pueden ser expresadas con versos sueltos de Rumi:


El Amor llega completo como la luna en la ventana
Busca sólo aquello sobre lo que no tienes idea
Desea sólo aquello sobre lo que no tienes esperanza
Esto no es una islita o playa pequeña, 
Esto es el Océano sin orilla
Aquí el nadar cesa, en ahogo eterno

No obstante, la modalidad sufí de meditación Dhyana tiene el inconveniente que trata de abandonar la sensación del cuerpo desde el comienzo, lo cual es muy desaconsejable sin un Maestro, sobre todo para gente inexperta, ya que cualquier demonio o "energía fría" no deseada se puede meter dentro de un cuerpo no habitado por el Amor místico.

En cambio, la Oración Centrante y las técnicas contemplativas de los Padres del Desierto, simplemente dejan que el Amor inunde corazón, mente y cuerpo, pues una de las metas  del Camino es espiritualizar la materia y crear un cuerpo inmortal divinizado.

...se siembra cuerpo animal y se levanta un cuerpo espiritual (1 Corintios 15:44)

...el que se allega al Maestro se hace un espíritu con El (1 Corintios 6:17)

Un objetivo que también comparten los caminos de oriente, aunque en ellos prima más la vía de la Sabiduría, sobre todo en etapas iniciales.

En dicha vía simplemente se observa en silencio la presencia de vida en el cuerpo y los condicionamientos, dejando que los disuelva el Ojo luminoso del Espíritu, tanto en meditaciones sentadas como durante el día, en actividades cotidianas.

La forma más conocida de meditación analítica silenciosa es la meditación shamata-vipassana, la visión relajante-penetrante que enseñó Buda.

Esta meditación tiene como objetos de concentración las Leyes del Dharma, o bien los cinco agregados del complejo egoico, comenzando con la atención a la sensación corporal y la respiración. Así la mente no divaga y es capaz de desenmascarar las ilusiones que componen el complejo egoico

1)Nombre-Forma (objetos etiquetados:cuerpo, flor...)
2)Sensaciones (frío-calor, agradable-desagradable...)
3)Percepciones intelectuales (proceso de etiquetar) 
4)Pulsiones y deseos inconscientes.
5) Consciencia que acompaña a cada agregado.

Sin embargo, a medida que el practicante avanza, necesita otros objetos de concentración, como la Compasión, sentándose a ver y comprender en su mente cómo el sufrimiento y la ignorancia hace desdichados a los humanos. La compasión así lleva al perdón y al amor.

Así el aspirante transciende el terreno de los cinco agregados y crece su resplandor primordial del Ser, que el Budismo Tibetano llama Luz Madre o Rigpa.

Dicha Luz no es otra que el Espíritu Santo del que habla la doctrina judeocristiana, pues, no lo olvidemos, sólo hay un Ser, y éste mora allende todo engaño.

El camino hacia la Luz es la Compasión y la Misericordia –Buda

Sin el Amor y Compasión divinas que abren el Corazón desde lo profundo, las formas de meditación quedan vacías y pueden conducir fácilmente a los típicos engaños pseudo-nirvánicos o a estados de ensimismamiento que son una pérdida de tiempo. 

Buda fue uno de los primeros en señalar eso, haciendo caso omiso del fanatismo brahmánico. Y por supuesto, Yahshua, los Padres del Desierto y el autor de la Nube del No Saber, no fueron la excepción, enfatizando advertencias. 


Ahora bien, es preciso insistir en que estas formas de meditación son necesarias para adquirir auto-conocimiento y comprensión, pero no son auto-suficientes, pues como bien señalan grandes Enseñanzas de oriente y occidente, la Gracia Divina juega un papel definitivo a la hora de llevar a un aspirante hacia lo más alto.

Sea cual sea el modo de meditación elegido, lo importante es comprender y ver en nosotros que la oscuridad tiene un patrón: 

La visión estrecha lleva al pensamiento dual-divisivo, el cual cierra el grifo del Corazón y desencadena emociones negativas (desasosiego, ansiedad, enfado, soberbia...), que a su vez nos hace reaccionar de manera ciega y destructiva, buscando alivios externos.

Desenmascarar la oscuridad y seguir el Camino de Luz es básicamente lo que hace el estudio de la Enseñanza Universal, la cual debe incluir una práctica que transcienda el pensamiento.

Por eso en la entrevista Thomas Keating enfatiza la importancia de sentarse o tumbarse cada día un rato, para soltar cada pensamiento con ayuda de la Oración Centrante.

La experiencia enseña que es muy útil incluir la atención amorosa a la respiración y sus espacios, así como al cuerpo, para estabilizar la mente. 

Sin embargo, el gozo de la contemplación sólo llega de manera espontánea cuando el Maestro halla la casa limpia.

Así comprendemos qué es nuestro ser y quién mora en el mismo, transcendiendo las ilusiones que nos aprisionan con dolor emocional.

Nuestro Alma espiritual o Ser Profundo, puede hacer cualquier cosa, pero no es lo que creemos, ya que carece de todo egoísmo:

Con Massiah-Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que es Massiah-Cristo quien vive en mí (Gálatas 2:20)

En el Libro de la Orientación Particular se aclara esto:

Acuérdate de esta distinción entre El [Señor] y tú: El es tu ser, pero tú no eres el suyo.

El es el Todo en todos (1 Corintios 15:2)

La verdad es que sólo el Supremo es y existe; sólo hay un Ser con muchos atributos y funciones: Padre, Madre (i.e Gaia-Tierra), Hijo, más el Espíritu Santo, que es el beso de Luz y Amor que les une a todos.

Por tanto es un grave error afirmar Yo Soy el Dios Supremo, además de un gran chiste. 

Esa metedura de pata es muy propia de filosofías sesgadas como la de Nisargadatta, autor del famoso I am ThatYo Soy Eso. Idea que conduce fácilmente al orgullo pseudo-místico.

Ni siquiera el Humano Pleno diría eso, ya que es la imagen y semejanza del Nombre del Supremo, mas no el Supremo mismo, que es inagotable e indefinible. 

El caso más claro fue Yahshua el Nazareno, quien sólo llegó a afirmar, Yo y mi Padre somos Uno (Juan 10:30), mas se postró ante El, negándose a equiparase al mismo (Filipenses 2:5).

El [Jesucristo] es la imagen del Dios invisible [el Supremo], el primogénito de toda creación (Colosenses 1:15)

En todo caso estamos llamados a ser miembros de Dios-Hijo, siendo ya Dios-Madre, como parte de la Tierra.

En una línea similar de pensamiento, el genio de Buda negó la identificación brahmánica del atman o alma divina con lo Supremo. Sólo por eso aquel iluminado enfatizó la idea del anatta o no-alma y de para-brahman (más allá de Brahma).

Eso no equivale a la destrucción del Yo Real, el cual es la Luz misma. 

En la enseñanza de Buda, apegarse a la idea de nirvana  o cesación última de vibraciones es también ilusorio, pues como Nagarjuna aclaró en el siglo II: 

nirvana es samsara y samsara es nirvana.

La vacuidad es la forma y la forma es el vacío 
(Sutra del Corazón)

Todo es vanidad (Ecclesiastes I)

El Uno Amado y su radiante Plenitud no está separado de la Vida. El doloroso samsara –esta rueda de formas que nacen y perecen–, es sólo un velo o percepción parcial de la Realidad. Pero cuando el alma despierta, todo brilla en su verdadera Luz.

Comprender lo que es nuestro ser y quién mora dentro, nos prepara para transcender la ciencia, la filosofía y la religión, y así poder hallar el Amor y Luz que brillan por doquier. 

El Reino de los Cielos está dentro de vosotros, y fuera de vosotros, decía Jesús, Evangelio de Tomás.

El próximo día veremos más en detalle los pasajes de las dos obras sobre la Oración Centrante.
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[1] Muy recomendable es la compilación y breve comentario de ambas obras, accesibles de modo gratuito en:

viernes, 25 de diciembre de 2015

El Árbol Existenical del Espíritu Divino


Y brotará un retoño del tronco de Yeshy [progenitor del Rey David], y de sus raíces una rama dará fruto. Sobre él reposará el Espíritu del Verbo Existencial (Ruaj Yhvh), el Espíritu de Sabiduría (Jokmah) e Inteligencia (Binah), espíritu de Consejo (Etzeh) y Fortaleza (Geburah), el espíritu de Conocimiento (Da´at) y Respeto del Yhvh (Yirat Yhvh) (Isaías 11:1-5)

No es casualidad que este pasaje, junto con 1 Crónicas 29:11 que ya vimos en el análisis del Padre Nuestro, y otros que veremos más adelante, contenga las esferas más importantes del  Árbol de la Vida, el cual era representado con la Menorah o Candelabro de Siete Brazos,  y con el antiguo símbolo nazareno que la incluye:


Símbolo hallado en Monte Zión y atribuido a los primeros Nazarenos, seguidores de Yeshua (Iesus) y liderados por Yaakov (Santiago apóstol). 
Contiene la Menorah, la Estrella de David y la Alef con una cruz Tav en medio.  La inscripción reza: Shemen Rajaun, Aceite del Espíritu.
El mismo símbolo apareció en la zona Esenia de Jerusalén, tras permanecer  oculto durante siglos [1]

Luego tenemos la famosa versión geométrica que estudiaban los kabalistas judeocristianos españoles y musulmanes en la España medieval, y con la que reconciliaron las tres religiones. Aunque es una versión incompleta de la escalera de Jacob, que es más desconocida si cabe y será mejor dejarla para otra ocasión. 

De momento basta con ver que el Árbol de la Vida no proviene del ocultismo, que lo emplea de forma bastante chapucera; ni tampoco tiene que ver con las baratijas new age, donde todo se mezcla con todo sin criterio. 

Por fortuna, sus conexiones han salido a la Luz para estos tiempos:




Las llamas de la Menorah  y las siete esferas principales del Árbol pueden verse como los siete niveles de Espíritu que recibió Iesu/Yeshua tras su bautismo. 

Una idea extraordinaria para meditar, ya que pocos han llegado tan lejos partiendo de la condición humana caída, por no decir nadie.



Esto ayuda a comprender más el pasaje suprimido por teólogos, conservado en los primeros códices evangélicos y en Pablo:

Tú eres mi Hijo; hoy mismo [en tu bautismo] te he engendrado (Hebreos 1:5, Salmos 2:7)

Fue entonces cuando Yeshua pudo participar de la Mente-Logos del Padre, es decir, de Keter, la Corona del Árbol.

Así encarnó al Ungido/Cristo/Massiah, la Consciencia Divina que es continuamente enviada para rescatar los fragmentos del Hijo que hay en los corazones humanos.

Por tanto, Yeshua es un ejemplo de cómo cada uno ha de manifestar la naturaleza crística; aunque Cristo representa la cabeza y nosotros su cuerpo (1 Corintios 12:27). Mientras que Cristo es el cuerpo del Supremo, y la cabeza de Cristo es Dios (1 Corintios 11:3).

Ello quiere decir que si uno de estos siete niveles faltare en nuestras vidas, tendríamos todas las de perder para llegar a ser plena y divinamente humanos, Hijos del Eterno. 

Les aseguro que quien tiene fe en mí [mi Enseñanza] hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy a donde está el Padre (Juan 14:12)

Más imposible aún sería si una vez comenzado el viaje de transformación, se mirase atrás, dejando entrar de nuevo a la oscuridad. Pues nadie que habiendo puesto su mano en el arado y mire atrás es apto para el Reino (Lucas 9:62)

En ese caso, dice el Evangelio, que el antiguo espíritu impuro que salió –envida, ira, codicia, etc– toma otros siete peores que él y se meten dentro (Lucas 11:26)

Y es que por cada virtud espiritual que degenera o que no se desarrolla, viene un vicio.

He ahí el peligro extremo de las organizaciones que niegan todo acceso al auto-conocimiento y Sabiduría divina, considerándolas misterios insondables u obras del diablo. 

Sin la evolución interna no hay posibilidad alguna de acceso al Reino del Espíritu desde la vida, y por tanto tampoco de resurrección. 

A cada alma se le pedirá cuentas en virtud de su comprensión de los misterios del Reino, de acuerdo a sus posibilidades. 

Como se dijo anteriormente, esto no tiene nada que ver con ser "buenos". Las viejas exhortaciones: "sed buenos", "portaos bien", etc, nunca funcionaron porque la oscuridad tiene sus trucos.  Como dijo Pablo:


Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.(Romans 7:19)

Se puede decir entonces que la mayor victoria de la oscuridad consiste en el miedo y desconocimiento acerca de la naturaleza misma de la realidad, incluida la oscuridad.

Por eso se dijo:


Mirad, os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas (Mateo 10:16)

Así pues, ¿cómo se disipa toda oscuridad interior?:


Espíritu del Maestro (Ruaj Yhwh)

El Maestro y el Espíritu son uno; y allí donde está el Espíritu de Verbo Existencial (Yhvh) hay libertad (2 Corintios 3:17)

Nadie puede conocer al Supremo en sí mismo, sino sólo a través de sus manifestaciones o frutos de su Espíritu, que es el Árbol de la Vida, 

El primero de esos frutos es el rostro del Padre, conocido también como Mente-Logos y Keter (Corona), la Llama nº 1. 

Sin embargo, ese nivel es demasiado elevado para la humanidad caída, que apenas logra decir "papi" a su progenitor celestial. 

Por tanto, se necesita un mediador.

Y la clave fundamental es comprender que la cualidad central del Espíritu es el Amor, el cual une al Padre-Madre con el Hijo, y al Hijo con la Esposa, el alma humana (Neshemah).

Y el alma humana individual reside en el centro del árbol, en la esfera 6, como la Bella Durmiente que espera ser despertada por el beso del Príncipe, el cual es enviado por el Padre en forma de Espíritu.

Y para que eso pueda tener lugar se necesita primero armonizar la Fundación Yesod, la esfera 9, que es la energía vital-sexual que nutre y une cuerpo (10), mente (8) y emoción (7).  

La unión de cuerpo y mente mediante el sentimiento reconciliador hace la función de Mayordomo Fiel de la Casa, el que administra y ordena (Lucas 16:1)

El nivel vital es el alma inferior conocida en hebreo como Nefesh, que cuando se une al alma individual superior o Neshemá, se forma el Ruaj, el Espíritu personal o alma individual despierta que nos eleva por encima de todo obstáculo. 

Mas sólo cuando el Mayordomo pone todo en orden, equilibrando cuerpo, mente y sentimiento, puede el alma individual ser besada y despertar en su primera dimensión crística, la esfera 6, el Corazón, Tiferet (Belleza, Amor y Armonía de Opuestos).

Yo soy el Camino [de armonía], la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:16)

He ahí la importancia de despertar en Alma y hacerse uno con el Hijo Príncipe –que no es adorarlo como algo externo, sino asumir la responsabilidad de una vez por todas y dejar de lloriquear como víctimas.

El Amor al Eterno es el centro de toda la Creación y sólo busca la transcendencia de todo egoísmo, superando toda oscuridad para dar e iluminarlo todo.

Amar de verdad es dejar que su Espíritu nos llene y transforme, para así poder sentirse uno a rebosar y dar sin esperar nada a cambio. Nada hay fuera que no venga de dentro. Si no se recibe, es porque hay una obstrucción,una resistencia que hay que eliminar.

Si no os conocéis, moráis en pobreza y sois la pobreza misma (Evangelio de Tomás)

Y la manera más efectiva es conociendo el Árbol en uno mismo para descubrir cómo crece el Espíritu dentro.

Conocer el Espíritu implica no sólo reconocer la presencia divina en nuestras relaciones personales, sino también aprender a entrar en lo que se llama estado silencioso de "oración centrante", en la cual, desde una posición estable y con los ojos cerrados, se descansa en el Amor hacia el Eterno, que es en realidad su Amor sin barreras.

Lograrlo requiere una disciplina diaria que facilite la la kénosis o autovaciamiento que mencionó Pablo en Filipenses 2:5-7: tened los mismo sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quiene a pesar de tener la forma de Dios no se consideró igual a Dios sino que se vació a sí mismo (ekenosen), tomando la forma de siervo.

Evidentemente, un corazón lleno de orgullo, maldad y egoísmo está obstruido y no puede sentir lo que hay de divino dentro, pues las cosas de Dios sólo las conoce el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11).

La oración silenciosa era la forma antigua de entrar completamente en contacto con el Eterno en el corazón, pero no llega fácilmente sin limpiar la casa primero con algo de meditación.

Dicha oración descrita en detalle en ese maravilloso manual místico medieval llamado La Nube del No Saber, en el cual se inspiró seguramente San Juan de la Cruz.

Y redescubierta por el monje William Meninger, quien la empleó como fundamento de lo que  él y sus  colegas, los monjes trapenses Basil Pennington y Thomas Keating, llamaron Oración Centrante, Centering Prayer.

Sobre ello hablaré próximamente en un artículo, pues es una joya que ningún auténtico buscador debe dejar de saborear por sí mismo.

Espíritu de Sabiduría (Jokmah)

Mejor adquirir Sabiduría que adquirir oro (Proverbios 16:16)

Corresponde a la segunda esfera/sefirah del Árbol de la Vida. Y por supuesto, no consiste en ideas humanas.

Perderé la Sabiduría [humana] de los sabios y anularé la inteligencia [mundana] de los prudentes (1 Corintios 1:19, Isaías 29:14)

La Sabiduría divina son los chispazos de inspiración e intuición que nos revelan una idea original o solución  que debe ser desarrollada cual semilla. Y viene del espíritu que corresponde a cada individuo, su Yo Superior.

La energía serpiente engañó con sabiduría, por lo tanto, uno necesita ser más sabia que ella. Sed astutos como serpientes y mansos como palomas, insistía el Maestro.

Dichos chispazos de intuición sólo pueden llegar cuando hay completa humildad y escucha. 

Jokmah es de hecho koach mah, el poder de la nada, donde sólo las semillas divinas brillan.

Y dijo al hombre: He aquí que el respeto del Yhvh es la Sabiduría, y el apartarse del mal, la Inteligencia. (Job 28:28)

Si no hay silencio y claridad interior, uno no puede recibir la Sabiduría para armonizar la propia vida, y entonces cae presa de la oscuridad.

Según la Tradición, Jokmah es el límite incluso en las esferas superiores. No por casualidad se halla a la derecha del Padre, donde mora el Hijo ascendido.

Espíritu de Inteligencia/Comprensión (Binah)

Tercera esfera del Árbol de la Vida.

Tener Inteligencia vale más que tener plata (Proverbios 16:16)

Conocer lo santo, eso es Inteligencia (Proverbios 9:10)

Una cosa es recibir una intuición y otra ser capaces de desarrollar su contenido en nuestras vidas para hacernos más completos, es decir, más santos.

¿Cuántas veces no ocurre que una intuición importante cruza la mente por un instante pero debido a una distracción somos incapaces de volver a recordarla o siquiera comprenderla y aplicarla para resolver una situación problemática?

¿Realmente comprendemos la interacción entre de cuerpo, alma y espíritu con la vida que vivimos?

¿Desarrollamos toda la “idea semilla” de nuestra esencia o nos quedamos a medias como embriones?

Sin comprender lo que debemos desarrollar, ¿cómo vamos a manifestar que somos plenamente Hijos?

Espíritu de Consejo (Etzeh)

Se mueve en la cuarta esfera del Árbol de la Vida, la cual tiene que ver con la compasión y la misericordia (Jesed).

Si uno realmente está conectado al Eterno a través del propio espíritu-semilla o Yo Superior, ello se refleja en palabras, obras y manera de guiar a otros mediantes las mismas.

Todo lo que hacemos y decimos influye a nuestro alrededor, tanto para mal como para bien.

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (Mateo 12:36)

Espíritu de Fortaleza (Geburah)

El Verbo/Dinámica Existencial (Yhvh) es mi fortaleza (Salmo 118:14)

La quinta esfera del Árbol se relaciona con la Justicia y el Juicio (Din). Y al reflexionar nos damos cuenta de que la auténtica fortaleza viene de la capacidad de discernir lo falso de lo verdadero, de poder aplicar la Justicia del Eterno, no la nuestra. Al fin y al cabo, es el poder de su Espíritu lo que vence la inercia de la falsa personalidad en nosotros.

Espíritu de Conocimiento/Consciencia (Da´at)

Si alguno cree saber algo, aún no sabe cómo conviene saber; pero el que ama a Dios, ése es conocido por El (1 Corintios 8:2)

El Logos dijo: «Si conocen la Verdad, les hará libres.» La ignorancia es la esclavitud. El Conocimiento es la Libertad» (Evangelio de Felipe)

De alguna forma, el Conocimiento se da en toda criatura. Las plantas  y árboles saben que tienen que crecer hacia el sol; pájaros y peces conocen sus rutas migratorias, etc. 

¿Pero y el humano? ¿Por qué se halla tan perdido?

En la humanidad el Conocimiento es el auto-conocimiento que facilita la experiencia consciente y creativa de la realidad, sabiendo que todo forma parte de una armonía, que todo tiene una lógica, y que uno mismo es parte del resplandor del Único.

En el Árbol de la Vida, el Conocimiento o Da´at es la Llave que permite experimentar y equilibrar las seis esferas representadas en parte central, debajo de Da´at mismo. 

Dichas seis esferas, conocidas como Rostro Pequeño (Zeir Anpin) o Rostro del Hijo, son representadas por la Estrella de David, y constituyen el Alma del Adam engendrado o Hijo Primordial. 

Dicho Alma se fragmentó en el anterior universo, con la caída de Lucifer (Isaías 14), la cual aconteció justo después de Génesis 1:1, razón por la que se continúa diciendo: y la tierra se tornó desordenada y vacía.

La creación del Adán edénico tuvo como propósito reparar ese desorden, restaurando el Alma, pero esta vez con comprensión. Para ello el Adam creado debía elevar la naturaleza inferior, pero cayó. Y desde entonces sus descendientes no levantan cabeza. Y en ésas estamos, más tarados que nunca. Hizo falta la siembra de un Nuevo Adam.

La sefirah Da´at no suele aparecer dibujada en el Árbol, y tampoco en la Menorah, pues en realidad es la unión de Sabiduría e Inteligencia. Aunque dada su importancia debe indicarse y recalcarse, como en ése último Árbol que vimos en el Espíritu de Inteligencia.

Sin esa unión de opuestos, el Árbol pierde la columna del medio y sólo se experimenta la Dualidad, es decir, se olvida el Árbol de la Vida y se come del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, como la humanidad caída.

Por esa razón, se le dice a Moisés, en referencia a Betzalel, arquitecto del Tabernáculo:

Le he llenado del Espíritu de Dios, con Sabiduría, con Inteligencia y con Conocimiento en toda clase de ingenio (Éxodo 31:3)


Respeto Reverencial del Verbo (Yirat Yhvh)

Este espíritu parece el compendio de varias esferas o sefirah, pues implica amor, inteligencia, comprensión, justicia...

El principio de la Sabiduría es el Respeto Reverencial del Verbo Existencial (Yirat Yhvh) (Proverbios 1:7) y el 
Respeto Reverencial del Verbo Existencial (Yirat Yhvh) es apartarse del mal; la soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, las detesto (Proverbios 8:13)

El miedo es un obstáculo, y por tanto no se habla de temor a Dios.

En el amor no hay temor, pues el amor perfecto desecha el temor; porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor (1 Juan 4:18)

Significa entonces Respeto Reverencial. Quien conoce al Eterno en su corazón, no da un paso en falso, pues sabe que ir en contra de su Amor o resistirlo, generará sufrimiento, la famosa "ira de Dios", tan mal entendida.

Lo que uno hace, le viene de vuelta. El Respeto Reverencial del Verbo Existencial (Yirat Yhvh) es como quien evita ir contra un tsunami o tirarse por un precipicio. 

Dicho respeto recuerda a lo que Immanuel Kant llamó sentimiento de respeto a la ley moral. 

Para más información sobre el Respeto Reverencial:

http://cantoderealidad.blogspot.com.es/2014/06/asombro-divino.html

Y con esto es suficiente por este año. Esperemos que este viaje pueda continuar en 2016, con creciente Luz.

Como decía mi abuela, que el Espíritu nos ilumine.

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1.Más información en:
http://www.biblesearchers.com/hebrewchurch/synagogue/seal.shtml#Oteeoos