martes, 2 de febrero de 2016

Uno en Dos



¿Por qué no eres infeliz?
Porque el 99.9 % de todo lo que piensas y
de todo lo que haces es para ti, y no hay UNO
        (Wei Wu Wei) [1]


Quien quiera ser mi discípulo, niegue su viejo ego (vieja naturaleza), tome su cruz y sígame (Mateo 16:24)

El orgulloso sentido del "yo" y "mío", el "yo hago", "yo tengo razón y tú no", "yo soy tal o cual", "yo siento", con sus pensamientos calculados y el deseo de obtener placer, bienestar y felicidad son el mayor obstáculo, el origen del Adversario, i.e, Satán; la mayor cagada en la vida del hombre, como fue la de los Titanes y el Hijo de la Mañana, i.e Lucifer.

"¿Cómo te llamas?" le preguntó Yeshua/Iesous. "Me llamo Legión," (Marcos 5:9)

El ego o yo personal, definido a menudo por un "nombre" es una legión enseñó el Maestro Yeshua; es un complejo de funciones, dice la psicología cognitiva; o como enseñó Buda, es un conglomerado de agregados: nombre-forma, percepciones, sensaciones/emociones, pulsiones y conciencia que no existen separadas, sino que son inter-dependientes; remolinos de energía en una Gran Mente-Océano.


Mientras hay un tú haciendo o no haciendo, pensando o no pensando, meditando o no meditando, no estás más cerca de casa que el día en que naciste.
(Wei Wu Wei)

Por amor a la Verdad, paremos un momento; relajemos los músculos del cuerpo; olvidémonos de todo lo que suene a "yo pienso", "yo percibo"...; no hagamos; no sigamos el juego a los impulsos ciegos; legión no tiene poder si no se lo damos. Dejemos que la Verdad halle su camino suavemente a través de la unidad.

Desistid, y conoced que Soy el Elohym (Salmo 46:10)

Conocer lo divino no es conocer algo distinto del Uno mismo. Lo igual es conocido por lo igual dicen los sabios. La divinidad siente y respira a través de nosotros.


Mientras pienses, actúes, vivas mediante un objeto, o como un objeto: eso es esclavitud. Mientras nos sintamos como objeto o pensemos que somos tal (y el yo como un objeto): eso es esclavitud.
(Wei Wu Wei)

No hay sujetos que perciban objetos como colores, dolores, alegrías...o personas.

Somos seres, no somos objetos ni sujetos de percepción. 

En nuestro nivel de Realidad hay un continuo vivirse donde el sujeto parece separado de un objeto, pero en realidad hay un Todo recíproco. 

Krishnamurti solía decir que el observador es lo observado. Sin embargo, eso es caer en otro error, pues observador y observado son sólo abstracciones de la mente. Antes que nada hay "un sentir y ver" que transciende el proceso del pensamiento lento. 

El Todo se siente a sí mismo reflejado en su propio resplandor. El Uno es en Dos. El amante se hace amado.

Nadie puede comprender este Misterio, pues en la Unión, ¿quién queda?

La Verdad es lo que yace en una dimensión más allá del pensamiento. La Mente-completa no tiene "pensamientos", los pensamientos son "mente-partida" (Wei Wu Wei)

El pensamiento no puede atrapar el Eterno Uno, porque su Esencia precede al pensamiento:

El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
El nombre que se puede nombrar no es el verdadero Nombre. 
Tao es Todo lo que existe o puede existir.
El Mundo es sólo un mapa de lo que existe o puede existir
(Primer poema del Tao Te Ching, por Lao Tzu) 

Tao no es meramente la Naturaleza o el Cosmos, como muchos creen, así como tampoco el Tetragrammaton bíbilico puede reducirse a lo que se puede ver, nombrar o apuntar. De ahí el tercer mandamiento:

No tomarás el nombre del Ser Eterno (YHVH) en vano (Éxodo 20)

La Verdad, Luz y Vida está por todas esperando a ser reconocida y amada más allá de las palabras y los conceptos. Pero mientras haya un "yo-personal" que crea saber o quiera reducir lo Ilimitado, será inútil para él darse cuenta de que nunca existió de verdad como entidad separada.

¿Acaso esto anula la personalidad del alma?

No necesariamente. Pero lo único personal que se salvará es la comprensión que adquiera el alma emocional unida a la mente de luz por acción del espíritu-voluntad, convertidos los tres en neurona divina con acceso perpetuo al Reino.

El que quiera conservar su vida (alma), la perderá, pero el que la perdiere por Mí, la hallará (Mateo 16:25)

Yo soy la Vid y vosotros las ramas; quien mora en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada (Juan 15:5)

De hecho, nadie hace nada. 

Al principio era el Verbo-Logos, y el Logos estaba en Dios y el Logos era Dios (Juan 1:1)

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice la Existencia, el que es y que era y que viene, el Todopoderoso.
(Apocalipsis 1:8)

¿Qué es el Ser más allá de su emanación, de su Verbo existencial o Palabra? 

Eso sí es un Misterio Absoluto, y ni Dios lo entiende.

El Divino Amado es Esencia expresándose como Existencia; es Nada que pueda pensarse, pero el Todo que origina todas las cosas. Por eso le llama Absoluto, o Sin Límite –Ayn Sof en hebreo–, lo cual  incluye el límite.

Yo Soy Existencia, el que forma la Luz y crea las Tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades; Yo Soy la Existencia, el que hace todo esto (Isaías 45:7)

  Si hay sombra es porque la Luz se manifiesta. Mas en la Luz no manifestada, no hay división; la oscuridad está neutralizada, pues no precede a la Luz. 


La Sabiduría hebrea enseña que la separación de Luz y Tinieblas mencionada en Génesis 1 fue posibilitada después del humilde ocultamiento del Supremo, que se contrae para permitir que todo sea, dando lugar al Verbo o Vibración Divina que separa Luz de Tinieblas, generando la ilusión de libre albedrío.

Si nadie pudiera escoger la Luz ante la Oscuridad,  nadie podría ganarse el mérito y la dicha, que es lo que el Supremo quiere dar a los seres que de El proceden. 

Sin dolorosa ilusión de separación, tampoco no crecería el Amor.

La bondad del Eterno es devastadora. Lo da todo a escondidas, hasta la buena voluntad del Humano. Es nuestro ser, pero nosotros no somos el suyo, dice al autor de la Nube del No Saber.
Sólo en la percepción de la ilusión podemos complicar las cosas, percibirnos separados, sufriendo el doble.

¿Cuál es tu problema? Identidad equivocada.
(Wei Wu Wei)

¿Todavía piensas, miras, vives desde un centro imaginario fenoménico? Mientras sigas haciendo eso no podrás reconocer tu libertad.
(Wei Wu Wei)

El error es sólo de "percepción". Todo sufrimiento comienza con la percepción.

Cuando nos conectemos al Eterno, atisbaremos dicha; cuando atisbemos dicha, pensaremos en dicha; cuando pensemos en dicha, sentiremos dicha y actuaremos movidos por la dicha, aún en momentos de dolor. 

Decir "sufro" no nos hace sufrir a nosotros, sino que es perpetuar el sufrimiento de lo eterno que hay en nosotros. Comprender que sólo el Amado Ser sufre en cada uno de sus destellos es acercarse aún más a la Verdad. Sólo el Espíritu divino puede decir: Yo Soy, por favor, me estás torturando. ¡Abre los ojos del corazón!


De cierto os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis (Mateo 25:40)

No hay gran profeta, sabio ni iluminado que no se haya dado cuenta de la Realidad más allá de las creencias religiosas; pero pocos han enfatizado este "dolor divino".

 Y somos responsables de aumentar o disminuir Su Dolor. 

Yahoshua/Iesus les dijo: Cuando hagas de dos uno, y cuando hagas a lo interno como lo externo, y lo externo como lo interno, y lo de arriba como lo de abajo, y cuando hagas lo masculino y femenino Uno Solo, de tal modo que lo masculino no sea masculino y lo femenino no sea femenino, entonces entrarás en el Reino (Evangelio de Tomás)

La voz del Ser no habla aquí de hacerse transexual, sino de hallar el Campo donde el alma doncella y el espíritu divino se unen en el templo del cuerpo, morando como imagen del Uno, sin deseo de más, sin división, sin caída de Adán, sin corrupción, en un abrazo de Amor y Paz profunda. 

Tú eres el secreto del secreto de Dios.
Tú eres el espejo de la belleza divina.
Todo el universo está dentro de ti.
Pregúntate todo a ti mismo,
el que estás buscando es también Tú
(Rumi)

Carísimos, amémonos unos a otros, porque la caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce. El que no Ama no conoce a Dios porque Dios es Amor (I Juan 3:4)

Ser hijos del Eterno es reconocer que el espíritu/voluntad y mente que divinizan nuestro alma emocional, es parte del Gran Espíritu Eterno. Los cielos y la tierra ahora necesitan Hijos verdaderos, no "hijos caídos e idólatras" que excluyen al prójimo con sectarismos religiosos o de otra índole. De eso ya hay bastante y nunca funcionó. 

Pero no clames diciendo que todas las religiones son vanas, pues en todas ellas hay un perfume de verdad sin el cual no se encendería la fe de los creyentes (Rumi).

Hay tanta división, pobreza, enfermedad, violencia y miseria porque pocos llegan a conocer al Eterno más allá de los conceptos.

Las mismas Escrituras aseguran que al Adán caído le falta Conocimiento, Sabiduría y Comprensión, y que por eso no le llega plenamente el Amor transformador. 

¿Quién debe vivir dentro de cada uno para que la Verdad pueda manifestarse? ¿Los "yoes" de siempre con sus preocupaciones y ansiedades?

Con Cristo he sido crucificado, mas ya no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí (Gálatas 2:20)

Si Cristo está en ti, aunque el cuerpo esté muerto por el pecado, el espíritu está vivo por la justicia 
(Romanos 8:10)

Cristo en griego y Mashiah en hebreo son términos para designar la unción de Luz que procede de la Fuente Divina y que rescata partículas perdidas de sí misma. Esa Luz salvífica fue personidicada por Yahshua, que significa  Salvación, siendo el primero en encarnarla plenamente, mostrando el Camino para hacer lo mismo.

Dios mora en todo hombre, pero no todo hombre mora en Dios (proverbio Sufí)

El Eterno habló por boca de todos los que manifestaron Verdad:

Y Elohim [la Palabra] dijo a Moisés: Yo seré el que Seré. Y así dirás a los hijos de Israel: Yo Seré me ha enviado a vosotros (Éxodo 3:14, Targum de Onkelos)

La Naturaleza de Buda es no-ego (anatta); pero con el fin de guiar a los no-budistas lo llamo Yo (Atman)
(Mahaparinirvana Sutra) [2]

Es necesario comprender que Yo Soy,
Para ver que yo no soy,
Y así darme cuenta de que
No soy, luego Soy 
(Wei Wu Wei)

¿Dónde quedan nuestras mentes estrechas e idólatras, pequeñas cabecitas llenas de creencias, pasiones y supersticiones inútiles? Eso ya es pasto del fuego divino. Una nueva Mente está a la mano.

Ser Uno con el Espíritu divino no significa aislarse del mundo, torturarse, ni matarse a ayunos, ni postrarse ante estatuas o clamar al cielo a ver si viene ayuda. Es abrazar la Verdad y la Vida, y abrirse al Camino de Transformación.

–––––––––––––––––––––––
[1] Terence J.G Gray (1895 –1986 ), más conocido como Wei Wu Wei, fue uno de los más grandes filósofos taoístas de todos los tiempos, reconciliando la filosofía occidental con la oriental de un modo pocas veces visto. 

http://www.acharia.org/downloads/Fingers%20Pointing%20Towards%20The%20Moon.pdf




[2] Sobre el concepto budista de no-yo (anatta)



sábado, 16 de enero de 2016

Meditación y Oración Centrante – Parte II

La Nube del No Saber y
 El Libro de la Orientación Particular


En la introducción a esta magnífica edición de ambas obras, William Johnston dice lo siguiente [1]: 

Dios puede ser amado, pero no puede ser pensado; puede ser percibido por el amor, jamás por los conceptos. Así que...menos pensar y más amar.

Y aunque esto es cierto en un sentido, sólo tiene validez cuando el Camino de Transformación le hace a uno capaz de amar sin las barreras oscuras de la mente condicionada. 

El problema no es la falta de Amor, sino el Amor sin la ayuda de la humilde Sabiduría y la Fuerza para resistir la oscuridad. Ni siquiera la Fuente carece de esas cualidades.

El alma humana cumple un papel femenino con respecto a la silenciosa mente del Mesías. Y cuando el espíritu/voluntad une a ambas, la Luz amorosa de las esferas profundas desciende haciendo posible la transformación. Pero esto no puede tener lugar si no dejamos que la voluntad divina actúe a través de nosotros.


Si uno desconoce la manera en que la mente y el corazón se unen en el templo del cuerpo, el alma emocional queda llena de impurezas y es incapaz de reconocer la autoridad superior; es como una soltera.

Sin su "marido", el alma emocional se llena de pesar, envidia, orgullo, rencores y otros venenos, que no vienen del amor consciente, sino del amor emocional, el cual siempre se convierte en su opuesto. 

El amor por sí solo es peligroso; cuando se produce un bloqueo de la Luz por falta de Auto-Conocimiento y Voluntad, el Amor divino pasa a ser incomprendido, desde el amor emocional destructivo, ocasionando daños a nivel físico y psicológico.

Todas las enfermedades y guerras de la humanidad se deben al Amor y Luz no liberados, reprimidos en emociones negativas. 

El Reino de los Cielos del que habla la Tradición hebrea es el Cielo en la Tierra, y ahí no hay ni guerra, ni muerte ni enfermedad, pues los humanos lo habitan ya son seres con el cuerpo de luz, corazón y el espíritu restaurados.

Compréndase que el humano de hoy en día ya no es Árbol de Vida, ya no es imagen perfecta del Eterno, sino que está caído, siendo una imagen deformada, un árbol de Muerte.

Por tanto, el Amor que desciende de arriba puede ser tanto una cura para restaurar la imagen como el mayor destructor si no se le deja entrar ni se le cultiva.

Prueba de ello son todas las matanzas y sinsentidos que se realizan en nombre de Dios o bajo el amparo de la parafernalia de las religiones exteriores.

El auto-conocimiento a todos los niveles es necesario para ir más allá de los límites de la religión exterior, la cual tiene valor sólo como introducción o pista, más no como medio último para crecer y entrar en el Reino.

En ese sentido deben comprenderse las advertencias de La Nube del No Saber:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cualquiera que seas el que tiene en sus manos este libro, has de saber que te impongo una seria responsabilidad y las más severas sanciones que puedan soportar los lazos del amor. No importa que este libro sea tuyo, que lo estés guardando para otro, o que lo tengas prestado. No lo habrás de leer, ni escribir o hablar de él, ni permitir que otro lo haga, a menos que creas realmente que es una persona que, por encima y más allá de las buenas obras, se ha resuelto a seguir a Cristo [la Conciencia Maestra, el Masías interior y la Enseñanza transmitida desde Adam] (en la medida de lo humanamente posible con la gracia de Dios) hasta las más íntimas profundidades de la contemplación.

En cuanto al método de encaminarse hacia la contemplación, lo describe así:

He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón al Maestro; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones [sin buscar resultados: amor, luz, paz...]. Centra tu atención y deseo en El y deja que sea esta la única preocupación de tu mente y tu corazón. Haz todo lo que esté en tu mano para olvidar todo lo demás, procurando que tus pensamientos y deseos se vean libres de todo afecto a las criaturas del Divino o a sus asuntos tanto en general como en particular. Quizá pueda parecer una actitud irresponsable, pero, créeme, déjate guiar; no les prestes atención. Lo que estoy describiendo es la obra contemplativa del espíritu. Es la que más agrada a Dios. Pues cuando pones tu amor en El y te olvidas de todo lo demás, los santos y los ángeles se regocijan y se apresuran a asistirte en todos los sentidos, aunque los demonios rabien y conspiren sin cesar para perderte. Los hombres, tus semejantes, se enriquecen de modo maravilloso por esta actividad tuya, aunque no sepas bien cómo. Las mismas almas del purgatorio se benefician, pues sus sufrimientos se ven aliviados por los efectos de esta actividad. Y por supuesto, tu propio espíritu queda purificado y fortalecido por esta actividad contemplativa más que por todas las demás juntas.

[…] Persevera, pues, hasta que sientas gozo en ella. Es natural que al comienzo no sientas más que una especie de oscuridad sobre tu mente o, si se quiere, una nube del no-saber. Te parecerá que no conoces ni sientes nada a excepción de un puro impulso hacia Dios en las profundidades de tu ser. Hagas lo que hagas, esta oscuridad y esta nube se interpondrán entre ti y tu Dios. Te sentirás frustrado, ya que tu mente será incapaz de captarlo y tu corazón no disfrutará las delicias de su amor.

Pero aprende a permanecer en esa oscuridad. Vuelve a ella tantas veces como puedas, dejando que tu espíritu grite en aquel a quien amas. Pues si en esta vida esperas sentir y ver a Dios tal como es, ha de ser dentro de esta oscuridad y de esta nube. Pero si te esfuerzas en fijar tu amor en El olvidando todo lo demás -y en esto consiste la obra de contemplación que te insto a que emprendas-, tengo la confianza de que Dios en su bondad te dará una experiencia profunda de Sí mismo. 

Consciente de que esto no es tarea fácil, el autor medieval anónimo sugiere algo que no debe confundirse con el mero mantra para embotar la mente, sino como mera afirmación para focalizar la intención:

Piensa solamente en Dios que te creó [dio la oportunidad de existir], que te redimió [en la Naturaleza de tu verdadero Ser] y te guió a esta obra. No dejes que otras ideas sobre Dios entren en tu mente. Incluso esto es demasiado. Basta con un puro impulso hacia Dios, el deseo de El solo. Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como Dios o Amor resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti. Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta palabrita, acuérdate de que su valor estriba en su sencillez. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos.


Con todo, el objetivo es ir más allá de toda palabra, como bien señala el autor medieval en su otra joya, Libro de la Orientación Particular:

Cuando te retires a hacer oración tú solo, aparta de tu mente todo lo que has estado haciendo o piensas hacer. Rechaza todo pensamiento, sea bueno o malo. No ores con palabras a no ser que te sientas movido a ello; y si oras con palabras, no prestes atención a si son muchas o pocas. No ponderes las palabras ni su significado.

Que este sosiego y oscuridad ocupe toda tu mente y que seas tú un reflejo de ella. Pues quiero que el pensamiento que tienes de ti mismo sea tan puro y simple como el que tienes de Dios. Así podrás estar espiritualmente unido a El sin fragmentación alguna y sin disipación de tu mente. El es tu ser y en El tú eres lo que eres, no sólo porque El es la causa y el ser de todo lo que existe, sino porque El es tu causa y el centro profundo de tu ser. […] Acuérdate de esta distinción entre El y tú: El es tu ser, pero tú no eres el suyo.

Como señala William Mening una entrevista aclaratoria [2]:

Esta oración [centrante] la lleva uno a cabo en y con el cuerpo de Cristo. No puede ser realizada como un acto solitario.

Al final de otra entrevista [3], el propio William Mening sugiere que el alma humana que aspira a entrar en Oración Centrante es como un bebé que se halla junto a la madre, al pie de una escalera, y desde el mismo instante en que el bebé comienza a gatear para subir hacia su Padre, el Padre que permanece arriba baja a recogerla por compasión. Lo mismo sucede cuando hay una intención pura el la Oración Centrante, llega un momento en que la contemplación llega sin esfuerzo pues algo superior está al mando.

Para finalizar, merece la pena escuchar a Thomas Keating describir la Oración Centrante:

https://www.youtube.com/watch?v=MzL1gt9imNE

______________
[1] La Nube del No Saber y El Libro de la Orientación Particular:


[2] Entrevista aclaratoria a William Mening 
http://www.cpfortworth.org/resource/MeninCP.pdf


[3] Entrevista de William Mening puede verse en:




sábado, 9 de enero de 2016

Meditación y Oración Centrante – Parte I

                   Entrevista a Thomas Keating, Basil Pennington y William Meninger


Cumpliendo la promesa, salvando toda división religiosa y pensamiento superficial new age, conviene aclarar posibles dudas y obstáculos respecto a la forma de contemplación descrita en La Nube del No Saber, magnífica obra atribuida a un anónimo monje cartujo del siglo XIV, y que él mismo completó con otra joya, El Libro de la Orientación Particular [1].

La enseñanza de dichas obras se basa en una meditación-contemplación que es simplemente vista como un silencioso beso entre el Eterno y el Hijo que mora en cada corazón humano, o bien entre el Esposo o Espíritu y la Esposa o Alma humana.  

Algo que recuerda a las palabras de Salomón:

Deja que me bese con el beso de su boca.
Son tus amores más deliciosos que el vino; son tus ungüentos agradables al olfato. Es tu nombre un perfume que se difunde; por eso te aman las doncellas [almas humanas]
 Cantar de los Cantares 1:2-3

Muchas culturas antiguas conocieron al Eterno en alguno de sus aspectos o atributos, como Espíritu creador y como proveedor, Madre tierra, pero nunca de forma tan completa como en la Enseñanza sobre el Camino, y mucho menos de una forma tan íntima. 

En los primeros siglos de la pasada Era de Piscis, los Padres del Desierto re-descubrieron que el grado superior de oración es el amor silencioso sostenido hacia el Único Maestro, y lo convirtieron en una disciplina, de un modo casi idéntico al método de La Nube del No Saber.

Ahora bien, descubrir su Amor dentro y ser capaces de descansar en el mismo, tumbados o sentados, sin movernos, requiere una guía, comprensión y disciplina espiritual muy sutil, ya que la mente tiende a caer en muchos auto-engaños y el corazón humano se ha endurecido tanto como una roca y apenas siente como debe. 

La Nube del No Saber comienza incluso con una advertencia que deja bien claro que esta enseñanza no es para cualquiera, sino para aquellos que están comprometidos con la senda interior, según los principios transmitidos por los que siguen el Camino. 

Pero lejos de ser una enseñanza secreta, ha salido a la luz para todo aquel que quiera beneficiarse, aunque no sin asumir la responsabilidad.

Fueron los monjes trapenses Thomas Keating, William Meninger y Basil Penington quienes popularizaron dicha forma amorosa de contemplación bajo el nombre de Oración Centrante, enseñando primero a sus compañeros, y más tarde a personas interesadas en la senda interior. 

Todo comenzó en los años 70, como un intento de hacer ver que en Occidente existen métodos tan valiosos como las formas de meditación oriental que comenzaron a ponerse de moda en esas fechas, debido a la pobreza espiritual del cristianismo convencional de masas.

Aunque como veremos, la aproximación a la Oración Centrante incluye meditación en sus primeros pasos, y de ahí puede llevar a la contemplación dichosa o incluso más allá, a la unión mística, que de ningún modo son actos que realiza el aspirante, sino que se producen espontáneamente cuando no hay resistencia.

Esta combinación de meditación, contemplación y unión es una especie de tres en uno que está despertando un interés creciente.

Las posibles similitudes y diferencias entre las artes orientales y occidentales se irán aclarando a medida que avancemos.

De momento, veamos lo que el Padre Thomas Keating dice con relación a la Oración Centrante:

El silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de resistencia hacia Dios.

Dios siempre está presente, somos nosotros los que estamos ausentes.

El anhelo que sientes por Dios es en realidad el anhelo que El siente por ti, y éste invita a una increíble y tierna intimidad sin palabras.

Estas sabias y simples palabras bien pudieran ser atribuidas a un místico sufí, como Rumi o Ibn Arabi, y sorprende escucharlas en boca de un monje cristiano católico, aunque no es uno cualquiera, sino el viejo Thomas Keating.

Comprender lo que quiere decir implica descubrir que nuestras “resistencias” son de tipo físico, mental y emocional. Ellas son las que nos impiden recibir la energía fina del Amor, lo cual nos causa dolor emocional y frustración.

Eliminar esas resistencias es precisamente el objeto de las formas auténticas de meditación, aunque no todas lo hacen en el mismo grado.

Una aproximación es la meditación discursiva, que trata de experimentar el contenido de una oración, o bien de sacar a la luz lo inconsciente por medio del razonamiento, indagando cuestiones tales como:


¿Qué pensamientos y creencias subsonscientes desencadenan emociones negativas: miedos, pereza, aburrimiento, tristeza, enfado, odio, rencor, soberbia...? 

¿Qué tipos de sensación y emoción hay y cómo se relacionan entre sí? etc

Luego está la meditación visual, muy propia de que  la filosofía kabalística, donde se potencia y proyecta una intención por medio de la concentración en símbolos y letras. 

Ahora, si bien la meditación discursiva y visual son útiles para aclarar el pensamiento y la relación alma-cuerpo, muchos olvidan la importancia de la silenciosa meditación analítica, la contemplativa y la devocional.  

Por desgracia hay mucha confusión al respecto y muchos acaban despistados. 

Muy de moda está la Meditación Transcendental, la cual utiliza un mantra como modo de transcender el pensamiento. El problema es que este tipo de meditación es limitada y conduce fácilmente a percepciones condicionadas. 

La Oración Centrante, que es más bien devocional, emplea como primer paso una palabra que tenga significado profundo para uno mismo, pero sólo para focalizar la intención y la atención cada vez que haya una distracción, nunca para anular la mente. Aquí es el anhelo y el amor lo que propulsa al practicante hacia su centro, como enseña La Nube del No Saber:


He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón el Maestro; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones [esto es, por sus beneficios: efecto embriagador y curativo]

Además, la Oración Centrante no trata de deshacerse de las distracciones, sino que las necesita y las utiliza para descartarlas y reafirmar la compasión y el amor una y otra vez. Si la mente divaga cien veces, la atención vuelve ciento una al amor, con el doble de fuerza.

Un tipo similar de meditación contemplativa es Dhyana, el séptimo escalón del Yoga. En especial la modalidad del sufismo Naqshbandi, tal y como fue enseñada por Bhaisab y descrita por su discípula Irina Tweedie en la gran obra Hija del Fuego.

En Dhyana la mente también es absorbida por el Amor del Corazón silencioso, conduciendo a la unión mística.

Aquí, Dhyana y Oración Centrante coinciden, y pueden ser expresadas con versos sueltos de Rumi:


El Amor llega completo como la luna en la ventana
Busca sólo aquello sobre lo que no tienes idea
Desea sólo aquello sobre lo que no tienes esperanza
Esto no es una islita o playa pequeña, 
Esto es el Océano sin orilla
Aquí el nadar cesa, en ahogo eterno

No obstante, la modalidad sufí de meditación Dhyana tiene el inconveniente que trata de abandonar la sensación del cuerpo desde el comienzo, lo cual es muy desaconsejable sin un Maestro, sobre todo para gente inexperta, ya que cualquier demonio o "energía fría" no deseada se puede meter dentro de un cuerpo no habitado por el Amor místico.

En cambio, la Oración Centrante y las técnicas contemplativas de los Padres del Desierto, simplemente dejan que el Amor inunde corazón, mente y cuerpo, pues una de las metas  del Camino es espiritualizar la materia y crear un cuerpo inmortal divinizado.

...se siembra cuerpo animal y se levanta un cuerpo espiritual (1 Corintios 15:44)

...el que se allega al Maestro se hace un espíritu con El (1 Corintios 6:17)

Un objetivo que también comparten los caminos de oriente, aunque en ellos prima más la vía de la Sabiduría, sobre todo en etapas iniciales.

En dicha vía simplemente se observa en silencio la presencia de vida en el cuerpo y los condicionamientos, dejando que los disuelva el Ojo luminoso del Espíritu, tanto en meditaciones sentadas como durante el día, en actividades cotidianas.

La forma más conocida de meditación analítica silenciosa es la meditación shamata-vipassana, la visión relajante-penetrante que enseñó Buda.

Esta meditación tiene como objetos de concentración las Leyes del Dharma, o bien los cinco agregados del complejo egoico, comenzando con la atención a la sensación corporal y la respiración. Así la mente no divaga y es capaz de desenmascarar las ilusiones que componen el complejo egoico: 

1)Nombre-Forma (objetos etiquetados:cuerpo, flor...)
2)Sensaciones (frío-calor, agradable-desagradable...)
3)Percepciones intelectuales (proceso de etiquetar) 
4)Pulsiones y deseos inconscientes.
5) Consciencia que acompaña a cada agregado.

Sin embargo, a medida que el practicante avanza, necesita otros objetos de concentración, como la Compasión, sentándose a ver y comprender en su mente cómo el sufrimiento y la ignorancia hace desdichados a los humanos. La compasión así lleva al perdón y al amor.

Así el aspirante transciende el terreno de los cinco agregados y crece su resplandor primordial del Ser, que el Budismo Tibetano llama Luz Madre o Rigpa.

Dicha Luz no es otra que el Espíritu Santo del que habla la doctrina judeocristiana, pues, no lo olvidemos, sólo hay un Ser, y éste mora allende todo engaño.

El camino hacia la Luz es la Compasión y la Misericordia –Buda

Sin el Amor y Compasión divinas que abren el Corazón desde lo profundo, las formas de meditación quedan vacías y pueden conducir fácilmente a los típicos engaños pseudo-nirvánicos o a estados de ensimismamiento que son una pérdida de tiempo. 

Buda fue uno de los primeros en señalar eso, haciendo caso omiso del fanatismo brahmánico. Y por supuesto, Yahshua, los Padres del Desierto y el autor de la Nube del No Saber, no fueron la excepción, enfatizando advertencias. 


Ahora bien, es preciso insistir en que estas formas de meditación son necesarias para adquirir auto-conocimiento y comprensión, pero no son auto-suficientes, pues como bien señalan grandes Enseñanzas de oriente y occidente, la Gracia Divina juega un papel definitivo a la hora de llevar a un aspirante hacia lo más alto.

Sea cual sea el modo de meditación elegido, lo importante es comprender y ver en nosotros que la oscuridad tiene un patrón: 

La visión estrecha lleva al pensamiento dual-divisivo, el cual cierra el grifo del Corazón y desencadena emociones negativas (desasosiego, ansiedad, enfado, soberbia...), que a su vez nos hace reaccionar de manera ciega y destructiva, buscando alivios externos.

Desenmascarar la oscuridad y seguir el Camino de Luz es básicamente lo que hace el estudio de la Enseñanza Universal, la cual debe incluir una práctica que transcienda el pensamiento.

Por eso en la entrevista Thomas Keating enfatiza la importancia de sentarse o tumbarse cada día un rato, para soltar cada pensamiento con ayuda de la Oración Centrante.

La experiencia enseña que es muy útil incluir la atención amorosa a la respiración y sus espacios, así como al cuerpo, para estabilizar la mente. 

Sin embargo, el gozo de la contemplación sólo llega de manera espontánea cuando el Maestro halla la casa limpia.

Así comprendemos qué es nuestro ser y quién mora en el mismo, transcendiendo las ilusiones que nos aprisionan con dolor emocional.

Nuestro Alma espiritual o Ser Profundo, puede hacer cualquier cosa, pero no es lo que creemos, ya que carece de todo egoísmo:

Con Massiah-Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que es Massiah-Cristo quien vive en mí (Gálatas 2:20)

En el Libro de la Orientación Particular se aclara esto:

Acuérdate de esta distinción entre El [Señor] y tú: El es tu ser, pero tú no eres el suyo.

El es el Todo en todos (1 Corintios 15:2)

La verdad es que sólo el Supremo es y existe; sólo hay un Ser con muchos atributos y funciones: Padre, Madre (i.e Gaia-Tierra), Hijo, más el Espíritu Santo, que es el beso de Luz y Amor que les une a todos.

Por tanto es un grave error afirmar Yo Soy el Dios Supremo, además de un gran chiste. 

Esa metedura de pata es muy propia de filosofías sesgadas como la de Nisargadatta, autor del famoso I am That, Yo Soy Eso. Idea que conduce fácilmente al orgullo pseudo-místico.

Ni siquiera el Humano Pleno diría eso, ya que es la imagen y semejanza del Nombre del Supremo, mas no el Supremo mismo, que es inagotable e indefinible. 

El caso más claro fue Yahshua el Nazareno, quien sólo llegó a afirmar, Yo y mi Padre somos Uno (Juan 10:30), mas se postró ante El, negándose a equiparase al mismo (Filipenses 2:5).

El [Jesucristo] es la imagen del Dios invisible [el Supremo], el primogénito de toda creación (Colosenses 1:15)

En todo caso estamos llamados a ser miembros de Dios-Hijo, siendo ya Dios-Madre, como parte de la Tierra.

En una línea similar de pensamiento, el genio de Buda negó la identificación brahmánica del atman o alma divina con lo Supremo. Sólo por eso aquel iluminado enfatizó la idea del anatta o no-alma y de para-brahman (más allá de Brahma).

Eso no equivale a la destrucción del Yo Real, el cual es la Luz misma. 

En la enseñanza de Buda, apegarse a la idea de nirvana  o cesación última de vibraciones es también ilusorio, pues como Nagarjuna aclaró en el siglo II: 

nirvana es samsara y samsara es nirvana.

La vacuidad es la forma y la forma es el vacío 
(Sutra del Corazón)

Todo es vanidad (Ecclesiastes I)

El Uno Amado y su radiante Plenitud no está separado de la Vida. El doloroso samsara –esta rueda de formas que nacen y perecen–, es sólo un velo o percepción parcial de la Realidad. Pero cuando el alma despierta, todo brilla en su verdadera Luz.

Comprender lo que es nuestro ser y quién mora dentro, nos prepara para transcender la ciencia, la filosofía y la religión, y así poder hallar el Amor y Luz que brillan por doquier. 

El Reino de los Cielos está dentro de vosotros, y fuera de vosotros, decía Jesús, Evangelio de Tomás.

El próximo día veremos más en detalle los pasajes de las dos obras sobre la Oración Centrante.
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[1] Muy recomendable es la compilación y breve comentario de ambas obras, accesibles de modo gratuito en: