jueves, 7 de julio de 2016

Manifestando al Yo Soy

Dibujo de Alex Grey

Conectando los hilos


La verdadera inteligencia radica en conectar todo con todo, deshaciendo apegos y patrones rígidos de percepción que nos hacen ser lo que no somos en esencia, haciendo lo que en el fondo no queremos hacer. 


Llega a ser el que eres, dijo el poeta griego Píndaro.

La verdadera inteligencia es darnos cuenta de que en el fondo de nuestro Ser verdadero ya somos plenos y estamos en paz con elmundo, aunque dispuestos a cortar con la mentira y contar la Verdad, aunque eso duela a muchos.

Sólo nos hace falta crecer en esencia y desarrollar nuestra personalidad en la misión de vida.


Ahora, puesto que hemos llegado a degenerar en lo que no somos en esencia, necesitamos romper patrones dañinos de pensamiento, sentimiento y acción que gobiernan nuestra "falsa personalidad", la cual nos aleja de la vida que nos corresponde.

Deshacer esos patrones nos lleva a comprender algo expresado en las Escrituras de Oriente y Occidente.

Según Yeshua el Nazareno los principales conectores (mitzvot) –mal llamados mandamientos– son:

amarás  las fuerzas del Ser con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente (expresado en Deuteronomio 6:4, Mateo 22:37, etc) 

amarás al prójimo como a ti mismo (expresado también en Levítico 19:18, pasaje que según el rabino Hillel resume toda la Torah).


Y este mandamiento tenemos de El: que el que ama a Elohim (fuerzas divinas), ame también a su hermano (1ª de Juan 4:21).

Si esto es lo que enseñan las tres religiones abrahámicas como las orientales, ¿cómo es posible que la humanidad haya sido incapaz de seguir llamamientos universales? 


Muy simple: amar a las fuerzas divinas implica amarse primero a uno mismo de manera sana, lo cual lleva a amar a los demás, pues el que se halla a sí mismo...

Se ve a sí mismo en todos los seres y a todos lo seres en sí mismo (Bagavad Gita VI:29)

Pero ciertas distorsiones han convertido el respeto a uno mismo en sumisión a otros y egoísmo desmesurado, incluso en la forma de piedad falsa y auto-críticas basadas en falsas doctrinas sobre el pecado y culpa: "no merezco esto, soy un pecador, un perdedor..."

Pocas cosas hay tan horrorosas como odiarse a uno mismo.

Un viejo proverbio enseña: sigue diciendo "soy un pecador" y acabarás siendo uno.

Las religiones y enseñanzas espirituales han fracasado allí donde no se ha comprendido y practicado la esencia universal de la Realidad. 

Evitemos pues dejarnos persuadir por dogmas divisivos y oscuras fuerzas, cuyo único papel es forzar el despertar. Nada hay al azar. La oscuridad está para ser iluminada.

Si no logramos amar ni respetar nuestra esencia profunda, abrazando la luz y la oscuridad, es porque rara vez establecemos una conexión entre su perfecta finitud y el infinito Ser Divino del que emana.

Amar de verdad sólo es posible si conocemos nuestro ser en todos sus aspectos, pues forma parte del Todo Ser y está destinado a iluminar su propia oscuridad:

Quien se conoce a sí mismo conoce a su Maestro (proverbio islámico)

Por ti mismo tú te conoces a ti mismo, oh Espíritu Supremo (Bagavad Gita, X:15)


por compasión destruyo la tiniebla que nace del error (Bagavad Gita X:11)

¿Cuánto tiempo al día dedicamos a conocernos y a cultivar disposiciones psicológicas positivas, tales como la gratitud por la vida que se nos ha dado, o el perdón hacia los que nos hacen daño, quienes nos muestran qué sendero no tomar para no quedar igualmente atrapados en el mundo.

Aún estando la vida llena de sufrimiento, ¿no es una oportunidad para crecer e iluminar la oscuridad, haciéndonos merecedores de lo que está más allá de las palabras, justo en el centro de nuestro Corazón?

El auténtico auto-conocimiento lleva al darse cuenta de que nunca actuamos, sino que todo lo hace la Naturaleza trina de la materia, con sus estados pasivo, activo y neutro.

Son los estados (gunas) de la materia (prakriti) los que realizan todos los actos, pero el hombre cuyo ser está confundido por el sentimiento del "yo", se imagina que él mismo está actuando (Bagavad Gita III:27)

Todo el universo se halla en el error por estos tres estados constituidos por los gunas; y no me conoce a mí, que estoy más  allá de ellos, inalterable (Bagavad Gita VII:13)

Ver la no-acción en la acción nos lleva al verdadero desapego, altruismo y devoción. 


Dicha clave aparece claramente reflejada en el Bagavad Gita, que destaca tres caminos básicos que llevan al Ser: conocimiento de sí, acción desapegada y devoción por el Ser del Universo. Como le dice Krishna a Arjuna:

Yo Soy el mismo en todos los seres, y mi amor es siempre el mismo para todos; pero aquellos que me adoran con devoción, están en mí y yo en ellos (Bagavad Gita, IX:29)


Yo Soy la fuente de todos los mundos materiales y espirituales. Todo emana de Mí. Los sabios que saben esto perfectamente, se dedican a mi servicio devocional y me adoran con todo su corazón (Bagavad Gita, X:8)



Yo Soy el espíritu, oh Gudakesha, que mora en el corazón de todos los seres; yo soy de todos los seres el principio, el medio y el fin ( Ibid X:20)


Yo Soy la existencia de los que existen (Ibid X:36)


¿Acaso las palabras de Krishna no son las mismas atribuidas al Mesías en los Evangelios? ¿Se trata de la misma Mente Divina que habló a través de Yeshua y otros tantos mensajeros?


Antes que Abraham naciera, Yo Soy (Juan 8:58)


Los siete grandes Rishis del pasado y los cuatro Manus [adanes, padres de la raza humana] surgieron por obra de mi mente (Bagavad Gita X:6)

Si no logramos conocer, respetar y amar la vida divina que mora en nosotros en espera de crecer, cuánto menos la que mora en los demás, comenzando por nuestros progenitores biológicos, que nos dieron la oportunidad de existir.

Da igual cómo sean los progenitores biológicos, o lo que hayan hecho. Amarlos a ellos primero es el primer paso para amar a los demás.

Al tener en cuenta todo esto vemos por qué los otros dos conectores más importantes contenidos en la Torah son:

Honra a tu padre y a tu madre (Éxodo 20, Deut 5)

Yeshua dejó bien claro que el día de reposo (Shabat) se hizo para el hombre y no el hombre para el día de reposo (Marcos 2:27, LBA)


Cuando el cerebro reposa puede uno conectarse al propio Ser superior. Por eso el Maestro añadió que sólo el Hijo del Hombre es Maestro del día de reposo.



Independientemente de que los ciclos lunares establezcan que sea más propicio realizar el Shabat desde el atardecer del viernes al medio día del sábado, todos los días es necesario hallar momentos sagrados de descanso donde podamos estudiar, meditar y disfrutar de lo que somos verdaderamente. 

Si no ayunas del mundo, no hallarás el reino; si no mantienes el shabat como shabat, no verás al Padre (Logion 27, Evangelio de Tomás)

Respetarse y amarse no sólo es hallar paz y coherencia con nuestro ser, sino también comer de modo más inteligente. He ahí un mitzvot esencial, pero al mismo tiempo olvidado.


Recibir y servir es retornar

Presta atención a lo que importa; sigue la inclinación de tu [verdadera] Naturaleza –Buda, Dhammapada

Buscad primeramente el Reino y su justicia, y todas estas cosas [que necesitáis] os serán añadidas –Mateo 6:13

Para aquellos que sienten lo real, la verdadera religión sólo puede consistir en re-ligarse al Ser divino, es decir, regresar al auténtico centro de gravedad en uno mismo, el que nos hace vibrar con la vida y servir a otros con agrado, independientemente de las circunstancias externas.

Ese retorno es pobremente traducido como "arrepentimiento" (i.e teshuva en hebreo, tawbah en árabe), cuando su sentido es más amplio e implica voltear la percepción para sentir la Consciencia divina experimentando a través de uno mismo.

Dad la vuelta a vuestra mente [metanoeite], porque el Reino de los Cielos se ha acercado –Mateo 3:2

El Reino de Ser Divino no viene con señales visibles, ni dirán: ¡Mirad, aquí está! o ¡Allí está! Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está –Lucas 17:20-21

El Reino del Ser Divino está dentro de vosotros y fuera de vosotros (Evangelio de Tomás)

Porque el Reino de Ser Divino no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo [i.e Yo Soy individual] –Romanos 14:17

Pero de ordinario vivimos en el desierto de la vida, absorbidos en los objetos del mundo:

Confundiendo lo falso con lo verdadero y lo verdadero con lo falso, dejas de atender a tu [verdadera] Naturaleza y te llenas de vanos deseos –Buda, Dhammapada.

Permanecemos inconscientes de que en el fondo somos "seres espirituales" aprendiendo lecciones en una misión de vida, y no carne andante, como los medios nos quieren hacer creer.


Unidad liberadora

¿Por qué hemos de permanecer esclavos en Egipto teniendo nuestro Ser ya fuera del mismo?

En el relato del Éxodo (capítulos 1 y 2), tras salir de Egipto, el pueblo hebreo llega a quedar desesperado, y Moisés clama al cielo para aliviar su condición. 

Entonces es llevado "más allá del desierto", llegando "al monte de Elohim", donde el "Ángel de Yhwh o Mensajero del Ser" se le aparece en una zarza y le revela el Nombre Divino por excelencia, central en las enseñanzas Abrahámicas y Brahmánicas:

Yo soy el que Soy

¿Cuántos siguen creyendo dicha historia literalmente sin comprender?

En el lenguaje místico "ir al desierto" es enfrentarse a los propios demonios, el egoísmo del alma emocional y vital, como Yeshua sufriendo las tres tentaciones o en el huerto de Getsemaní, con miras a ejercer su servicio consciente.

¿No es demasiada coincidencia que en los mitos religiosos Buda pase 40 días meditando en el árbol Bodhi y Yahshua 40 días orando en el desierto? ¿Por qué esos símbolos y esa cifra recurrente?

La letra hebrea Mem vale 40 y significa aguas. ¿No serán las aguas de realidad en cuyo fondo hemos de bucear sin miedo para encontrarnos y cumplir nuestra misión?

Hallar la quietud silenciosa es como descansar en el fondo marino, o en lo alto de un monte, un lugar elevado de Conciencia. 

Ahí es donde se enciende la "zarza del corazón".

Cuando hay suficiente quietud, amor y apertura, Yo Soy resuena por sí mismo con un familiar sabor de paz, amor, asombro y placentera contemplación. Es muy cercano, pero al mismo tiempo separado.

Permaneced en quietud 
y conoced que Yo Soy Elohim (fuerzas divinas)
–Salmo 46:10–

Estoy más cerca de ti que tu vena yugular 
–Corán, Sura 50:16–

El Mensajero del Ser es la Conciencia pura que experimenta a través de nosotros, razón por la cual recibe el nombre de Testigo en el misticismo de las tres religiones abrahámicas y el brahmanismo de la India. 

He ahí el Espíritu Santo o Ángel individual que contempla siembre el rostro del Padre, según leemos en Mateo 18:10.

Las Escrituras hablan incluso de tres Testigos, niveles de ser que cada uno debe descubrir mediante la práctica contemplativa. 

Esto no significa que cada uno sea igual al Supremo, sino tan sólo una de sus manifestaciones, pues el Todopoderoso es tal precisamente porque puede ser tanto infinito como finito. 

Dios es nuestro ser, pero nosotros no somos el suyo (La Nube del No Saber, tratado cartujo medieval anónimo) 

Nuestro ser finito no agota el Todo. 

En cambio, el Supremo es el Todo y todas sus manifestaciones/nombres, los cuales incluyen al Creador y Mediador:

Soy el Padre de este universo, su madre, su creador, su abuelo, todo lo que se debe conocer, el purificador, la sílaba sagrada (Om), las estrofas, las melodías y las fórmulas (Bagavad Gita IX:17)

Por eso el primer mandamiento de la Torah y la Sahada islámica afirman que sólo hay un Ser:

La illaha illa Allah. No hay más dios que Allah.

Escucha Israel, las Fuerzas del Ser son un Ser unicidad (Deuteronomio 6:4)

El Uno se hace dos, tres y cuatro decía Pitágoras.

La realidad es unicidad por ser resplandor de la Unidad, como bien expresaron Platón y Plotino.

Así es como 1x1 evade la falacia del monismo de identidad, 1=1, y del monismo abstracto, n+1, que pone a un Dios en las alturas, por encima de sus criaturas. 

He ahí la razón por la cual Yeshua ha Netzari, nunca afirmó que era un Dios Supremo por encima de nadie.

Yeshua mismo dio órdenes para no ser endiosado, desviando la atención fuera de su persona:

¿Por qué me llamáis bueno? Nadie es bueno sino sólo Elohim (Marcos 10:18, Lucas 18:19)

Yeshua simplemente reconoció que el Yo Soy o Mente Divina moraba en él, de un modo que no podemos siquiera imaginar:



Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí (Juan 14:10-11)

Yo y el Padre somos uno (Juan 10:30)

Uno aquí indica unidad no identidad. Son uno del mismo modo que somos uno con nuestro progenitor biológico, cuyos genes circulan por nuestras venas.

En este caso la sangre divina es el Amor inteligente, su Espíritu. 


Aquellos que comprendieron nunca lo tuvieron fácil.

Al místico persa Al-Hallaj también le ejecutaron en el siglo X porque se atrevió a decir: 

Yo soy la verdad. 

Y eso que Yeshua fue cauteloso como mensajero de lo Alto: 

Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía...porque no busco mi voluntad sino la voluntad de quien me envió (Juan 5:30)

Ahora, la voluntad del Padre Supremo no es sacrificar a su Hijo único para que este muera por los pecados de la humanidad, como sostienen las doctrinas infantiles del mundo pagano.

En Egipto, la deidad Cristo-Serapis moría cada año para que su sangre lavase los pecados de la gente. Un culto que se extendió hasta Antioquía. Por eso a los nazarenos de Antioquía les llamaron cristianos (Hechos 11:26).


Ahora, la visión del sacrificio fue en su mayor medida una estratagema confeccionada para modificar la mentalidad de sociedades bárbaras que hacían sacrificios a los dioses, asesinando incluso a humanos, bien sacándoles las entrañas y el corazón o bien quemándoles vivos.


Poderes de lo alto decidieron pues darles un sustituto simbólico: la hostia o carne de Cristo.


Mas huelga decir que, a estas alturas de la historia, la gente inteligente carece de esa mentalidad salvaje, y no sigue ficticias doctrinas infantiles, pues sabe que no existe un Dios que sacrifique a un hijo, ni un Dios cuya muerte redima a la humanidad, lo cual tiene poco sentido. 


Las Escrituras enseñan que la verdadera voluntad del Padre es dar a conocer a los hombres el Camino de vuelta a la Fuente, reconociendo al Yo Soy: 

La gloria que me diste les has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad (Juan 17:22-23, LBA).

Una tarea también llevada a cabo por seres como Moisés, Buda, Mohammad... 


¿En el Nombre de quién?

¿Qué significa que el Hijo o Ser mora en nosotros? 

Para entender eso es necesario comprender que la cuestión del nombre del Hijo no es tanto la de cuál sea, ya que alude más bien a nuestro verdadero Ser y su modo de ser.

En Hechos 4 se dice lo siguiente:

 Yeshua ha llegado a ser piedra angular. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos 

Al leer esto muchos creen que dichos nombres son  personales, como Juanito o Pedrito, y que si uno los invoca como un brujo, Juanito o Pedrito vendrán –qué majos–. 

Pero a menudo se ignora que en la tradición hebrea, un "nombre" (shem) es una "vibración o estado de ser", y en este caso, Iesous Christos representa un Camino de Salvación (Yashe), Liberación (Moksha) dirían en Oriente:

Yo Soy el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6)


el que cree en mí [mi forma de Ser], las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores que éstas hará... Y todo lo que pidáis en mi nombre [vibración, siguiendo mis pasos], lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo (Juan 14:12-13)

Aquel que quiera ir en pos de mí, niéguese a sí mismo...

El Amor implica dejar el propio ego falso atrás y pasar a ser el Yo Soy.

Mismamente, la gematria o numerología griega de Iesous Christos es 13, igual que einai, Ser en griego; tal es también el valor gemátrico de Ejad (unidad) y Ahaba (amor) en hebreo.

En cuanto al vocablo arameo Yeshua o el hebreo Yehoshua, significan Dios salva.

Fonéticamente hablando hay incluso similitud entre Yo Soy y Yahshua, o incluso el francés Je Sui e inglés Jesus.

No hay pues que confundir al arquetipo de Consciencia con el personaje histórico.

Muy posiblemente sea ésta la razón por la que Pablo introdujo la idea del Cristo Iesous, para diferenciarlo del personaje histórico Yahshua. 

Así pudo afirmar, no soy yo quien vive, sino que es Cristo el que vive en mí.

Pero le salió el tiro por la culata y no le entendió ni la tercera parte de los creyentes.

En 2ª de Pedro 3:16 leemos que las cartas de Pablo contienen cosas difíciles de entender, y que fueron manipuladas por ignorantes para sus propios fines. 

Adorar a Jesús, Yeshua Allah o Krishna creyendo que son personas divinas separadas del propio ser es algo respetable de acuerdo a cierto nivel evolutivo, pero se aleja de los que las mismas Escrituras enseñan:

No recibo gloria de los hombres (Juan 5:41)

Gran tragedia es mirar sólo hacia afuera y perder la oportunidad de hallar la plenitud divina dentro. Así muchos acaban perdidos en templos de piedra, pasatiempos, vaciedad, codicia, lujuria y violencia.

La obligación de las instituciones y comunidades religiosas debería ser enseñar el acceso al auto-estudio y el recuerdo del Yo Soy que debe manifestarse en cada uno. Eso ahorraría a muchos unas cuantas visitas al médico. 

Esto implica reconocer que la verdad es una, y mora en todas las religiones. 

Aunque, al final, sólo un Maestro enseña:

el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre [estado de Ser], El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho (Juan 14:26)

Quien tenga oídos, que escuche y se aplique el cuento.



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jueves, 2 de junio de 2016

Imagen del Hombre Celestial

        

      Neurona Cerebral                Simulación de Tejido galáctico. 
                                                   Max Plank Institute


Algunas veces la ciencia presente parece confirmar lo que la antigua nos legó en forma de mitos, religión y filosofía. Pero aún está lejos de ser la mitad de precisa, completa y éticamente honesta.

Todo es Mente
–Primer principio hermético

 Los modelos científicos imperantes no ofrecen una imagen fiel del universo y la tierra, de la cual no existen fotos fiables desde el espacio. 


Tampoco las enormes distancias estelares que supuestamente salvan telescopios como el Hubble son necesariamente reales. ¿Realmente un telescopio puede fotografiar conglomerados de galaxias que se hallan a miles de años luz? Es altamente improbable. Por eso las dibujan.

¿Y si estrellas, planetas y galaxias no son sino reflejos amplificados sobre una superficie que actúa como la lente cóncava de un ojo? ¿No indican las grandes enseñanzas que existimos en el "ojo de Dios"?

Aún suponiendo que las fotos espaciales sean reales, no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que todo sigue los mismos patrones.

¿No será que el cosmos visible se parece a un gran tejido neuronal y a un ojo porque cumple la misma función?


Como arriba, así abajo
–Segunda ley hermética–

Hágase tu voluntad en la tierra como el los Cielos
–Mateo 6–

Tampoco es de extrañar que ahora la física venga diciendo que el universo visible es sólo un 1% de realidad, mientras que el otro 99% es materia oscura que lo compenetra y energía oscura que lo propulsa y acelera de un modo aún incomprensible.



El lenguaje bíblico ya se había adelantado al enseñar que somos un oveja perdida y descarriada, frente a las 99 que un Buen Pastor deja para ir a buscar a la perdida (Lucas 15).

¿Y qué otra función podrían cumplir los conglomerados de galaxias o neuronas galácticas si no es conectar todo con todo? 


¿Acaso son el cuerpo visible del invisible Anciano de Días que aparece en Daniel 7 otorgando un trono al llamado Hijo de Dios, i.e, Mente divina y Señor de la humanidad?

El Zohar –que es el alma de la Torah revelada a Moisés–, nos dice lo siguiente acerca de la Infinitud (Ayn Sof) o Anciano de los Días (Atik Yomim):


Antes de que El diera cualquier forma al mundo, antes de producir cualquier forma, se hallaba solo, sin forma y sin parecido a nada imaginable. ¿Quién puede entonces comprender lo que El era antes de la Creación? De ahí que esté prohibido atribuirle cualquier forma o similitud...Pero después de crear la forma del Hombre Celestial, le utilizó como un vehículo [cuerpo] para descender, y desea ser llamado por su forma, que es el sagrado Nombre YHWH [1].


El Hombre celestial o Hijo Único de Dios es conocido por diversos nombres en diferentes culturas. 


En India es Ishwara, Ser único engendrado por el ignoto Brahman.

En la tradición hebreo-cristiana es Adam Kadmon y en el misticismo islámico, Insan Al-Kamil, el Hombre Primordial, cuya Mente se encarna en medio de la humanidad terrenal jugando el papel de Profeta y Mesías.

El Profeta o Mente divina se habría reflejado a diferentes niveles en innumerables profetas, desde Moisés y Zoroastro hasta Buda, Yahshua ben Yosef y también en Muhammad.

Las tres religiones de la Palabra Sagrada (Judaísmo, Cristianismo e Islam) habrían sido manifestaciones de aspectos diversos de la Mente divina, algo rara vez comprendido.

Según la Enseñanza antigua, los "miembros inferiores" del Hombre Celestial son las estrellas, mientras que planetas como la tierra son el escabel de sus pies (Mt 5:35). Ahora, su Cabeza está por encima de la Creación:

la cabeza de Cristo es Dios [el Anciano] (1 Corintios 11:3)


Según la visión nazarena-cristiana y el Zohar cada nación de la tierra pertenece a un miembro del cuerpo cósmico (cabeza, brazos, manos...), siendo gobernada por el Rey, o bien príncipes y gobernadores celestes, que son las almas de astros y planetas (Efesios 6, etc).


...vosotros sois el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27)

Sin embargo, las conciencias humanas que conforman las doce tribus de Israel –no la política o racial–, no deben someterse a esos regentes estelares, ya que son precisamente las que proceden de la Cabeza del Hijo, y por tanto deben aprender a dominar la influencia de energías estelares, con ayuda del Señor que les guía, la Mente divina.


la cabeza de todo hombre es Cristo (1 Corintios 11)

Por eso el Mesías, Maestro y Salvador es la Cabeza del Hijo Celestial, a quien se le atribuye la Palabra: 


id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:6)

Por desgracia, dichos espíritus-conciencias se hallan diseminados en diferentes pueblos, en su mayoría atrapados en "almas emocionales confusas" apegadas a tradiciones dogmáticas y repetitivas que no ayudan a salir del círculo de reencarnaciones que los kabalistas llamaron Gilgul, regido por el movimiento de los astros.


El Gilgul está estrechamente ligado a lo que la Torah-instrucción denomina Gálgala, el lugar donde Josué coloca las doce piedras tras salir del Jordán hacia Tierra Santa, la Cabeza (Josue 4/5). 

Gálgala alude a la rueda de doce signos zodiacales que rige los patrones psicológico-evolutivos de la reencarnación.

Y los sacrificios religiosos llevados a cabo en Gálgala, como vemos en 1 Samuel 10:8, no deben leerse literalmente, sino como alegorías que aluden a la superación de pasiones animales.

Mas con el tiempo, la religión llegó a corromperse por doquier, haciéndose literal y carnal, y por ende casi inútil, como los mismo profetas indican en las Escrituras denunciando los sacrificios sangrientos (Isaías 1:11-16, Amos 5:21-44, Jeremiah 6:20, Hosea 6:6, Salmo 50:13...).

Los rituales o las creencias en templos de piedra no cambian nada. Es necesario trabajar para purificar y desarrollar las vestiduras emocionales y mentales; salir de Gálgala hacia Betel (Casa de Dios), como Eliseo pidiendo tener parte en el espíritu llamado Elías (2 Reyes 2).


Mas sólo el crecimiento de la Amante Presencia Yo Soy del Hijo dentro de uno mismo puede realmente unir espíritu, alma y cuerpo, evitando así ser reciclados en la rueda de la reencarnación y adquirir la comprensión necesaria.


La separación de espíritu (pura consciencia amante) y alma (memorias emocionales) es la segunda muerte, uno de los grandes obstáculos, ya que las memorias personales se pueden perder. De ahí las palabras de Pablo en Hebreos 4:12 y 1 Tesalonicenses 5:23. 

Toda esta doctrina es prehistórica, intemporal, y no sólo se halla en el Zohar y el Bahir, sino también en el Antiguo y Nuevo Testamento, así como en textos de Oriente.


Curiosamente, en la India, los milenarios versos del Rig Veda  cantan que el Espíritu primordial (Purusha) posee mil cabezas, mil ojos y mil pies, uno de los cuales es nuestra tierra. Mas sólo vemos un cuarto de su ser. Los otros tres cuartos permanecen escondidos en los cielos. Aún así, esta visión queda incompleta, huérfana [2].


En cambio, las enseñanzas mercabáticas judeocristianas/ nazarenas describen el despliegue de los cuatro mundos del Nombre, y sus funciones por medio de relatos sagrados, con ayuda del universal 
el Árbol de Vidas, incluido en la Menorah.

En el mismo Isaías 43:6 leemos:


Trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la tierra, a todos cuantos llevan mi nombre –emanados en el primer mundo–, que yo los cree, forme e hice para mi gloria (NColunga). 


Es decir, en el Mundo de Creación, cada espíritu obtiene una vestidura mental, en el Mundo de Formación, una emocional y en el Mundo Físico, una biológica. 

El Nuevo Testamento enseña que nuestras raíces están en lo Infinito inefable, como muestra la Parábola de la semilla que crece (Marcos 4:26):

el Reino de los Cielos es como un Hombre [Celestial] que echa la semilla –de nuestro ser– a tierra... y la semilla germina y crece sin que sepa cómo: primero la hierba, luego la espiga, en seguida el trigo... 


El lector avezado debería comprender ahora por qué hay una parábola que Yahshua consideró central, y que compara el alma a una semilla.


Y no es casualidad que el mismo Zohar emplee la semilla, la rama, la hoja y el fruto para referirse al crecimiento del alma por los cuatro mundos, que anclan sus raíces en la Mente Creadora que precede a la Creación.


La verdad está delante de los que miran con ojos de espíritu y no con mente y corazón envenenados por la religión dogmática.


Bendito el hombre cuyo rostro refleja el rostro del Hombre de arriba (Zohar).


El Humano completo es imagen del Hombre celestial, propulsado desde lo Inefable, emanado, creado, formado y hecho a cuatro capas: espiritual, mental, emocional física.

Y como sugiere Yahshua en Mateo 18:10, cada uno de nosotros tiene un ser celestial perfecto que mira al Padre.

Dicho Yo Superior es nuestro Espíritu Santo, que es único e irrepetible, pero también imagen del Adam Celeste.

Ya sólo nos hace falta conocernos de verdad y permitir que el Espíritu Santo reconcilie luz y oscuridad, llevándonos a un estado de ser más balanceado.

Por suerte, vivimos en tiempos donde la ciencia misma se acerca cada vez más a la verdad de este espectáculo de energía viviente.

Según confirma la mecánica cuántica, la materia física no existe en sí, pues sus átomos y demás partículas elementales son energía, ondas de luz vibrando a diferentes frecuencias. 

Todo es vibración

–Tercera ley hermética–


El vacío es la forma y la forma es el vacío
–Sutra del Corazón–


Cuanto más rápidas son las vibraciones, más invisible se hace la energía. Y a mayor rapidez de vibración, mayor es el vacío, mayor es la energía, o como dirían los antiguos, mayor es la luz, fuerza y vitalidad del Ser. 


Dios es Luz, y en El no hay tiniebla alguna
–1 Juan 1:5–


No es de extrañar que Einstein y otros tantos físicos encuentren lógica la visión de Dios que tenía Platón, para quien la Luz suprema es lo más real; o Spinoza, para quien Dios es la Substancia última de infinitos atributos,  dos de los cuales son el pensamiento y la corporeidad de este universo.

Sin embargo, la Realidad Última es Esencia inefable, Atzmus en hebreo, Tathata para los budistas, Turiyatita en Sánscrito. 


La Esencia, Sublimidad o Talidad es más sutil que la Luz infinita, ni crea, ni es creada, ni es reducible a conceptos como ilimitado o limitado, pues es Todo de golpe, en todas partes y en ninguna, como la humedad es al océano.


hay percepciones de lo imperturbable y hay percepciones de la nada. Todo ello son percepciones. Allí donde  éstas cesan completamente, eso es sublimidad, es decir, la esfera de ni percepción ni no percepción.
–Buda, Sermones medios–

Tan sólo nos cabe percibir sus atributos o nombres:



¿Dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿Adónde huir de tu faz? Si subiere a los cielos, allí estás tú; si bajare al seol, allí estás presente

–Salmo 139:7-8–

La Luz de Vida es el Resplandor de la Esencia. 

Y dado que la Luz es la que crea todas las cosas, abarcando todas las inteligencias habidas y por haber, es Inteligencia de inteligencias.  



Mas sólo el Hijo cósmico ha visto la Luz infinita en sí.

...nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiere revelárselo (Mateo 11:27, Lucas 10 NC).


La distancia entre el Hijo y el Padre es tal vez como la que existe entre el cerebro y un canoso cráneo, el del Anciano de Días. 


Por lo que respecta a nuestros ojos carnales, tan sólo ven simulaciones de luz en astros y planetas. 

He ahí por qué el principal mandamiento bíblico depende de comprender que la Luz espiritual y la Naturaleza estelar son inseparables, como espíritu y cuerpo.

Escucha Israel, Yhwh Elohym [fuerzas estelares naturales] y YHWH [Luz de luces] son una unidad
–Deuteronomio 6:4–

Y dijo Elohym: 
Hágase la luz [de creación]...
y separó Elohym la luz de las tinieblas
–Génesis 1:4-

Nadie puede hacer nada sin o contra la Luz.  Dependemos enteramente de su Gracia, sobre todo a la hora de llevar a cabo la Ley divina, ya sea llamada Torah o Dharma. 

Por tanto, la idea occidental moderna de un "yo" separado, individualista, con libre albedrío, es tanto un chiste como una fantasmada, y muestra cuán enfermo y aislado se siente el homínido moderno.



el que forma la luz y crea las tinieblas,
el que causa bienestar y crea calamidad,
Yo Soy el Señor [Yhwh], el que hace todo esto
–Isaías 45:7–

Santo, Santo, Santo, Señor de los Ejércitos!

Está la tierra llena de su Gloria
–Isaías 6:3–



Tener presente todo esto es necesario para comprender la esencia de los llamados mandamientos, estatutos y juicios de la Torah, cuya mala traducción e interpretación ha generado confusión y absurdos.

En otra ocasión veremos que la Ley de la Torah son  formulaciones de acciones que gobiernan la manifestación de la Luz en la tierra, y que nadie que aspire a evolucionar y ser imagen del Hombre Celestial, puede saltarse.

Eso sí, han de comprenderse al son de los tiempos, pues los viejos estatutos que involucraban rituales y sacrificios religiosos literales nunca fueron para gente inteligente, ni siquiera antes de  la destrucción del templo de Jerusalén.

Podemos decir, con Pablo, que no estamos bajo la ley literal (Romans 6:14), pero dependemos de la Ley espiritual, la cual implica una vida sana, incluyendo servicio a los demás, alimentación adecuada, auto-conocimiento, meditación y otras prácticas espirituales, también expresadas en la lectura profunda de los estatutos. 

El mismo Yahshua no hablaba de cumplir rituales en un templo de piedra, sino en el templo de su cuerpo (Juan 2:21).

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros? –1 Corintios 3:16

Por tanto, la conexión con el Creador y la Esencia inefable, comienza en nuestro templo, el sistema nervioso neuronal y su cuidado.

Pero dejemos esto para una segunda parte.


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[1]  Zohar, Parte 2 de Bo 42b